
El conflicto que estalló la semana pasada en la autopartista Paraná Metal, con la suspensión de obreros, la amenaza de no pagar los sueldos, el llamado a convocatoria, el pedido de un proceso preventivo de crisis y la masiva reacción de obreros y vecinos reactualiza una vieja historia que ya ofreció varios capítulos.
Porque si bien podría ser válido como argumento empresario el momento que atraviesa al sector automotriz tras la crisis financiera mundial, la situación la ex Metcon no es nueva y esta debacle bien podría ser la una crónica de una muerte anunciada.
En octubre de 2002, Ford Motor Argentina —por entonces propietaria de Metcon— traspasó su paquete accionario al grupo Mansud SA, que la convirtió en Paraná Metal. Unos meses antes, la planta había sido vendida a Teksid Group, una subsidiaria de Fiat, que suspendió imprevistamente la compra. Esta medida provocó la incertidumbre de los 700 operarios, que sufrieron suspensiones a partir de la baja productividad.
"Ya en el año 98 nos habían comunicado la intención de Ford de desprenderse de esta autopartista. Como había exceso de personal, en esa oportunidad llegamos a un acuerdo para que se retiraran quienes estaban próximos a jubilarse. Así subsistimos hasta hace cuatro meses, cuando nos comunicaron oficialmente que la planta se vendía", explicó entonces Orlando Berón, de la UOM.
También en esa época, y en relación al futuro de la empresa, directivos de la UOM revelaron que los nuevos dueños aseguraron que Ford seguirá comprando la producción de la planta durante 36 meses. "Nos garantizan tres años de trabajo seguro. Después de ese lapso tendrán que ser competitivos para continuar sobreviviendo", señaló Berón, al tiempo que consideró que, a partir del nuevo escenario económico, Paraná Metal "puede salir a competir con cualquiera".
Tras la devaluación de la moneda nacional, en los cinco años siguientes, araná Metal incrementó su producción en un 100 por ciento pero, según denunciaron los empleados en reiteradas oportunidades, "este incremento llevó a la planta a niveles máximos de saturación, que nunca fue acompañado por una política de inversión para mejorar los deficientes procesos productivos".
En abril de 2007, Paraná Metal presentó un procedimiento preventivo de crisis mediante el cual planteaba el sobrante de unos 140 empleados. Tras una extensa negociación, la situación fue zanjada con jubilaciones y retiros voluntarios. En mayo pasado, la comisión interna de la empresa volvió a denunciar "falta de inversión, y mala utilización de los recursos financieros y productivos", entre otros problemas.
El 6 de julio pasado, un operario rosarino de 55 años que se desempeñaba en una contratista de Paraná Metal murió mientras reparaba una tolva neumática que imprevistamente accionó su mecanismo. Para la UOM, la causa principal del accidente fue "la utilización de una tecnología antigua".
"En la medida que hemos podido realizamos inversiones productivas y otras en materia de medio ambiente, pero reconocemos que deberíamos haber hecho más si hubiésemos podido", reconoció ayer Miguel Cavigliaso, integrante del directorio de Paraná Metal.
Durante los últimos meses del año pasado y parte de 2008, la empresa fue asistida por el Ministerio de Trabajo de la Nación mediante el programa de Recuperación Productiva, y pagó una parte de los salarios de los trabajadores, esto es, 600 pesos mensuales.
Hoy, con la fábrica paralizada, 1.200 trabajadores suspendidos y otros 800 operarios de pequeños talleres metalúrgicos que también están afectados por la situación, el diagnóstico del sector empresario es tan contundente como descarnado: "Sin reestructuración salarial este negocio es inviable", aseguran desde la ex Metcon.
Para los empleados, en cambio, "esto se soluciona con inversión y reparaciones en la planta, y con una administración seria y confiable, no con estos delincuentes que lo único que han hecho es llenarse los bolsillos y vaciar la empresa".
Hasta antes de su debacle, Paraná Metal fabricaba unas 4 mil toneladas mensuales de piezas de fundición para terminales automotrices, y el 95 por ciento de su producción está destinada al mercado externo.
Allí se producen blocks de motores, tambores y discos de frenos, carcazas de diferencial, tapas de cojinetes, volantes y cubrerruedas.
Sus principales clientes son Ford Argentina, Ford y Volkswagen de Brasil e International Engines South América. Según los empresarios, en noviembre los pedidos de estos clientes mermaron en un 54 por ciento.
Fuente: Osvaldo Flores, Diario La Capital de Rosario
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