Religiosidad popular
Gaucho Gil: cimarrón, no bandolero
Viernes 9 de enero de 2009, por Corresponsalía Corrientes *

No debe haber quien ignore en Corrientes y gran parte del país la procedencia del "Gaucho Gil". A un siglo de distancia este personaje continúa marcando al pueblo con leyendas y rituales significativos. ¿Santo popular equivalente a otros del santoral correntino?

Eso ya es materia de sociólogos o teólogos. Aunque hay quien asegura que figuras como las de Gil están mal catalogadas: cimarrones antes que bandoleros.

Como parte del "santoral profano" es decir, que no es un santo reconocido por la iglesia,Gil ha transcendido en la región cómo símbolo de un luchador oculto, independiente, que revalorizaba algo simplemente no reconocido: el valor humano.

La historia, la oral, lo clasificó como un "bandolero" junto a otros personajes rurales como Isidro Velázquez o el Gaucho Antonio Maria, de la zona del estero del Carapola, entre Ituzaingó Mercedes y Concepción.

Sin embargo, para José Micelli, antropólogo investigador del GIA, "siguiendo una concepción del tipo etno -histórica, ese concepto debe ser revisado". Para Micelli, Antonio Gil pertenece a la lista de "luchadores en pos de la defensa de los menos favorecidos”: los cimarrones.

El rojo, símbolo por excelencia de la lucha, la sangre y el poder, representa también al Gaucho, quien se enrolaba entre los "colorados" en aquella época.

En este contexto, Antonio Gil - a quien cada 8 de enero miles de devotos recuerdan en diversos santuarios dedicados a su imagen- ingresaría en la categoría de Cimarrón, y no de Bandolero, cómo se lo denomina.

Cimarrón

El antropólogo señaló que el cambio de un término por otro se debería a que "a causa de las rígidas estructuras sociales del tiempo de Gil, con leyes limitadas y poca equidad, el sentido del fenómeno pudo ser reorientado"

En fin, según Micelli, Gil pertenece a esta estructura de personajes "tipos", individuos que frente a una postura ideológica ajena a las dominantes se recluyen a la soledad y desde allí "fijan su sentido común en la valoración de las cosas para tratar de corregir lo que entiende que es erróneo" generalmente en cuestiones de distribución y referente al abandono de personas enfermas o indefensas.

Micelli cita a otro antropólogo social, Richard Price, quien estableció un planteo interesante con respecto a la población "Cimarrona" describiéndola como un conjunto de sujetos integrados al núcleo social pero que por un conjunto de fenómenos de carácter trascendental buscan impulsar el cambio de vida. "Se convierten en apartados pues consideran que las normas no funcionan".

La denominación que Miceli le otorga a éstos actores legendarios es la de "vengadores solitarios", sujetos que establecen una revancha tratando de imponer nuevas reglas sociales.

¿Desertor?

Nace conjuntamente la idea de "deserción" a las estructuras establecidas. Gil era considerado un "desertor".

Sus ideales nada tenían que ver con la lucha entre hermanos, entre hombres de la misma tierra. Cuentan quienes dicen conocer la historia que Salazar acusó de desertor a Gil frente al coronel Velázquez, quien lo mandaba a llamar para enrolarse en la lucha.

"El fenómeno del individuo que renuncia al estilo de vida común y se dedica a hacer el bien se reitera a lo largo de toda Latinoamérica como modelo de justicia popular" , afirma Micelli.

"Grupos de personas que a lo largo del tiempo en la provincia y en la región se han convertido en esto que denominamos Población Cimarroma", detalla. Aparecen en la lista de ejemplos el Gaucho Lega Velázquez, Mate Cocido y Poncho Verde, junto a muchos otros más que se mantuvieron anónimos.

El poder siempre se encuentra representado por otras figuras preconcebidas cómo los modelos de justicia y de poder político y adquisitivo: El comisario, el juez o el dueño de la estancia. "Los cimarrones persiguen a los poderosos y los acusan sólo con su presencia."

"El gaucho para la cosmovisión de la región del NEA, dista mucho del Gaucho de la zona bonaerense. Es una cuestión que persigue raíces ideológicas las que se anteponen para clasificar a un personaje", sostiene Micelli.

Santo popular

Gil, cómo otras tantas figuras emblemáticas y de devoción, no se encuentra calificado como un "santo", pero sus seguidores lo veneran con cruces.

La tradición popular convierte a estos actores míticos en personalidades de carácter religioso, los héroes que hacen milagros, protegen y aparecen tal y cómo sucede con las imágenes de virtuosos aceptadas por la Iglesia.

"Siempre se los venera con cruces"- observa Miceli - la más importante es la Cruz de Curuzú, donde dicen que murió degollado en la región del Paiubre, en Mercedes en 1864".

Año a año, miles de devotos visitan sus santuarios, con nuevos pedidos y agradecimientos al Gauchito Gil. Mercedes resulta el sitio con mayor convocatoria, por el valor que tiene este lugar al ser el último sitio en el que Antonio Gil estuvo vivo.

"Más que un área de ritual o culto, el santuario se desvirtuó y se convirtió en un lugar comercial. Esto provoca una pérdida importante en el valor ceremonial del rito, y es lo que lamentablemente sucede, con las figuras de reconocimiento popular y masivo" dice Micelli.

Otra figura, según Micelli, que surge a raíz de la devoción al Gaucho Gil, no es otra que la del "Señor de la muerte", imagen que Antonio portaba consigo a modo de protección.

Amuleto

"Su famoso curundú o bulto de un señor de la muerte cómo amuleto, se vende en todos los puestos colocados cercando las imágenes de devoción", sostiene el antropólogo.

Diferente al Santo de la buena Muerte, esta reliquia que portaba Gil en el interior de su cuerpo - algunos dicen que era de metal, otros dicen que de hueso - lo salvaguardaba de los males que se avecinaban.

Sus devotos, concurren a saludar al Gauchito en su día, y en forma de recuerdo, imitan a su patrono llevándose consigo imágenes del Señor de la Buena Muerte. Claro está que el protagonista indiscutible es Gil.

El rojo de los candelabros tiñe los pisos en cada santuario, y un centenar de accesorios color carmín evidencian el poder popular que arrastra consigo este mítico personaje.

Dicen que al pasar por algún santuario, un bocinazo como muestra de saludo y respeto no puede faltar. Cómo devolución del gesto, el Gaucho Gil protege al viajero y lo ayuda a llegar a salvo a destino .

Fuente: www.momarandu.com de Corrientes

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