
En este país sabemos del horror. Nos quedó grabado en los campos de concentración el alarido del compañero torturado, más desgarrador que el propio grito. Vimos de frente la muerte y la espalda de los seres queridos cuando los llevaban a la muerte, y con desesperación amontonábamos sus siluetas en el corazón para que no pudieran arrebatárnoslos del todo.
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* Periodista. Equipo de Comunicación de la CTA |
Nos tocó un tiempo que no fue pródigo precisamente en victorias para los que creemos en la construcción de un mundo más justo. ¿Qué puede asombrarnos de la hipocresía de los “administradores de ideas”, aquellos incapaces de vivir lo que proclaman y cuyo oficio es la mentira?.
Mientras cientos de personas mueren masacradas por el bombardeo israelí en la Franja de Gaza, algunos gobiernos se hacen los distraídos y otros se conforman con redactar algún comunicado. Hablan de “guerra”.
Más de mil palestinos muertos, trescientos de los cuales son niños. Y 13 israelíes fallecidos, 4 de estos muertos por sus propios camaradas, ¡Qué guerra tan extraña, parecería que casi todos mueren de un solo bando y son en su mayoría mujeres, niños, civiles!.
Ahora bien, ¿qué puede asombrarnos?. Sin embargo, una foto aparecida en los medios de prensa de todo el mundo nos perturbó. Quedó como una pregunta en mitad de la garganta. Es la imagen del padre palestino corriendo con su bebé asesinado en brazos. ¿Hacía donde correr?, uno juraría que es eso lo que preguntan sus ojos cegados por el horror.
Los titulares de los diarios hablan de “combates”. La Cruz Roja y la ONU debieron suspender su trabajo en Gaza luego de que les bombardearan una escuela, varias ambulancias, una oficina y murieran algunos de sus miembros. “Daños colaterales”, repiten los comunicados. La primera “victoria” israelí consistió en la ejecución de un dirigente de Hamas. Bombardearon su casa. Toda su familia murió. Sus ocho hijitos perecieron.
El Ejército israelí utiliza fósforo blanco. Hasta la “moderada” ONG Rights Wach denunció que hay “pacientes con signos anormales, músculos muy frágiles y miembros que se deshacen con solo tocarlos”. Hay niños imposibilitados de caminar, hace mucho que no comen, producto del bloqueo. Los médicos alegan falta de garantías para la circulación de las ambulancias, muchos de cuyos conductores han sido muertos, por lo que se torna complejo auxiliar a quienes no puede desplazarse hasta los hospitales. Cooperantes internacionales denunciaron que fueron dañados por la marina israelí barcos que llevaban comida y medicamentos. ¿Daños colaterales o limpieza étnica?
Con sus dictadores corruptos y profundas injusticias sociales los países árabes nunca fueron el paraíso. No obstante, hasta la creación del Estado de Israel, árabes y hebreos vivían sin conflicto. Meses después, la población palestina pasó de 1 millón a 138.000 habitantes. La diáspora fue producto del terrorismo más brutal.
Albert Einstein, judío y no precisamente extremista musulmán, escribía en el New York Times: “El 9 de abril (de 1948), bandas de terroristas (israelíes) atacaron esa pacífica aldea, que no era un objetivo militar, asesinaron a la mayoría de sus habitantes –240 hombres, mujeres y niños- y dejaron a algunos con vida para hacerlos desfilar por las calles de Jerusalén. Invitaron a todos los corresponsales extranjeros a ver las montañas de cadáveres y los destrozos causados en Deir Yassin”.
Y la matanza continuó a través de toda la historia: Más de 17 mil muertos en la invasión a Líbano, casi dos millares en Sabra y Chatilla. El periodista Robert Fisk, insospechado de simpatías con Hamas, recuerda otros hechos que cubrió como “la masacre de Qanaen en que murieron 106 civiles libaneses refugiados, más de la mitad de ellos niños, en una base de la ONU; la matanza de los refugiados de Marwahin, a quienes Israel ordenó salir de sus casas en 2006 para luego ser asesinados por helicópteros israelíes; los mil muertos en el bombardeo del mismo año”.
La historía se repite con un claro objetivo: la solución final para “el problema palestino”. Son ya 300 los niños muertos en Gaza. El Ejército israelí alega que los terroristas se escudan en niños. El jefe de Hamas asesinado al comienzo de la invasión, fue muerto en su casa al igual que sus ocho hijos, asesinados con él. Estaban en su hogar y en la que es su Patria desde siempre, por más que le moleste recordarlo al gobierno israelí.
¡Cuanta soledad hay en los ojos del padre que corre con su hijo muerto en los brazos!. La frontera egipcia fue la trampa bien cerrada. Parte de una cuidadosa planificación se transformó en el muro con el que chocaron quienes querían escapar.
Europa cuyos observadores nunca cuestionaron la transparencia de la elección que llevó a Hamas al gobierno, desconoció desde siempre a las autoridades electas. Sin la complicidad y el visto bueno de Estados Unidos y Gran Bretaña la masacre no hubiera sido posible.
El electo presidente Obama mira para otro lado y era previsible, es sólo un empleado de las corporaciones que manejan su país. Si se porta bien, no tardará en tener ojos celestes. Solitarias, Venezuela y Bolivia, en lo que es un ejemplo de dignidad, expulsaron a los embajadores israelíes.
Israel pensó que no permitiendo que los periodistas entraran en la zona de la masacre sería suficiente para ocultarla. Se equivocó. En las calles del planeta se multiplicaron las movilizaciones. La imagen de los cuerpos de los niños asesinados como nunca están ante los ojos del mundo.
José Martí decía que sólo cuando sintiéramos en el propio rostro cada cachetada propinada por el opresor en el rostro del hermano, no importa su nombre o color, seríamos mejores seres humanos. Miro la foto de ese padre corriendo con su niño asesinado entre los brazos: tiene una sola dirección en donde correr y es hacia el corazón del Hombre, allí donde los oprimidos compartimos la misma pelea, no importa la latitud.
La masacre palestina obtuvo el visto bueno en las mismas oficinas donde dio vía libre al terrorismo de Estado en América Latina. “Háganlo pero rápido", les dijo el ex secretario de Estado, Henry Kissinger, a los enviados del general Augusto Pinochet.
En Centroamérica, donde sólo en Guatemala asesinaron cien mil personas, fue denunciada reiteradamente la presencia de asesores israelíes trabajando junto a la CIA. Cuando se masacra a un pueblo no hay derecho a permanecer impasible o calmar la conciencia con comunicados protocolares para dar tiempo a que el Ejército israelí termine su faena.
La barbarie nazi no debe ser olvidada, pero tampoco debe haber ni olvido ni perdón para el sufrimiento y la masacre del pueblo palestino.
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