
Miles de obreros brasileños salieron a la calle en defensa del empleo, mientras se multiplican las señales de que la crisis ha llegado con fuerza al mercado de trabajo de la mayor economía latinoamericana.
"El puntapié inicial" de la serie de movilizaciones "en defensa de los empleos y de los salarios" fue dado por la poderosa Central Unitaria de Trabajadores (CUT), que dijo haber reunido en una marcha a 15.000 obreros del área metropolitana de la ciudad de Sao Paulo.
Las manifestaciones incluyeron asambleas en las puertas de las plantas de las ensambladoras Ford, Mercedes-Benz, Scania y Volkswagen, además de en fábricas de piezas y repuestos.
El sector automotriz es hasta ahora el principal golpeado por la crisis de crédito que ha dado un frenazo a la industria y la economía de Brasil.
"No podemos bajar la cabeza frente la amenaza de despidos. Vamos a las calles para defender nuestros empleos y salarios", dijo el secretario general de la CUT de Sao Paulo, Adi dos Santos, durante la protesta, que también reunió a hombres y mujeres de los sectores metalúrgico, químico y construcción civil.
La CUT rechaza la propuesta de los empresarios, negociada con otras centrales sindicales menos influyentes, de reducir los salarios y las horas de trabajo para evitar más despidos en masa.
En Sao Paulo, otros 900 trabajadores metalúrgicos iniciaron una huelga en protesta contra los despidos en las empresas Delga Engemet, dijo el presidente del sindicato del sector, Miguel Torres.
La federación paulista y 52 sindicatos del interior del estado de Sao Paulo, corazón industrial de Brasil, comenzaron a discutir nuevas protestas y huelgas, explicó Torres.
En el estado de Paraná (sur), varias centrales sindicales que agrupan a 2,5 millones de trabajadores de la industria y los servicios también anunciaron una ola de protestas a favor de la reducción de la tasa básica de interés.
Para los sindicatos, esa reducción es fundamental para elevar el crédito y el consumo, y mantener dinamizada la economía brasileña.
Mientras tanto, Sadia, una de las principales fabricantes de alimentos procesados de Brasil, confirmó que ha comenzado a despedir a 350 trabajadores, como una forma de enfrentar las fuertes pérdidas dejadas por la crisis y de recortar sus gastos en unos 20 millones de dólares por año.
La fabricante de autobuses Marco Polo dio vacaciones colectivas forzadas a 1.800 de sus 7.600 trabajadores en su unidad de Caxias do Sul, en el estado de Río Grande do Sul, dijeron portavoces de la empresa.
Los mayores impactos se sintieron en los sectores de vehículos, metalurgia básica, maquinaria y equipos, industria alimentaria y de bebidas.
Esos cuatro sectores sufrieron una brusca caída del 62% en la facturación con respecto a las cifras de octubre.
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