
El domingo 15 de este mes nos sorprendió la noticia, difundida en uno de los diarios nacionales de mayor tirada, de que el Fondo Monetario Internacional estaría prestando algún tipo (no definido con precisión) de “colaboración” con el Instituto Nacional de Estadística y Censos. Habiendo pasado ya muchos días desde la difusión de esta información, ningún funcionario la ha desmentido, por lo que debemos entender que las autoridades la dan por cierta.
Los trabajadores del organismo no sólo no teníamos conocimiento de esta presencia del FMI en el INDEC, sino que nuestra sorpresa es mayor considerando que, quienes enfrentamos la intervención del organismo y la destrucción de las estadísticas públicas fuimos acusados, de modo completamente infundado, de favorecer con nuestra lucha a los sectores financieros. Ahora queda claro que quienes cultivan esas relaciones, o pretenden quedar bien con ellas no somos nosotros.
Asimismo, nos sorprende que la dirección del INDEC luego de un muy publicitado viaje a EEUU, que suponía el asesoramiento técnico del organismo de estadísticas de dicho país, y de haber presentado en un hotel de Pilar en mayo de 2008 la “nueva metodología”; necesite un nuevo asesoramiento ¿Quizás no han podido asimilar los conocimientos que dicho viaje les proporcionó?
La solución sería más sencilla: restituir a sus funciones a más de un centenar de trabajadores - todos de larga experiencia en el INDEC - que fueron desplazados, despedidos, dejados sin tarea u obligados a renunciar por el simple hecho de negarse a manipular los datos.
Frente a este diagnóstico, a todas luces compartido por la sociedad en su conjunto, resulta escandalosa la reciente designación de la delegación compuesta por tres de los más altos responsables de la destrucción de las estadísticas públicas en el país para representarnos en estos días ante un auditorio compuesto por representantes de los organismos de estadísticas de todo el mundo en la ONU. Se destaca en dicha delegación la tristemente célebre Beatriz Paglieri, responsable de la violación del secreto estadístico en el IPC, la destrucción de su equipo técnico y del despido de varios compañeros que denunciaron judicialmente la manipulación de los datos, defendiendo así la institución.
En ese marco el embajador argentino ante EEUU, Héctor Timerman, vierte la peculiar visión según la cual el INDEC seguiría siendo un organismo técnico científico incuestionable y cualquier objeción a su actuación sería una maniobra de la oposición. Esto se contradice con la realidad. En los últimos dos años fue la intervención quien sistemáticamente destruyó -en un proceso que se sigue profundizando- el prestigio y la credibilidad de un organismo construido con el esfuerzo de generaciones de trabajadores, poniendo al frente a personal absolutamente incapacitado y sin experiencia en las tareas que el INDEC realiza teniendo en consideración solamente para esta “selección” la sumisión a las directivas del poder político.
Fuimos y somos los trabajadores los que denunciamos y resistimos este ataque al patrimonio público, por encima de cualquier postura “oficialista u opositora”, contando con el apoyo y la solidaridad de los sectores populares, que rechazan una mentira que oculta sus necesidades y posterga sus intereses.
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