Si no cerramos los grifos, nos vaciarán
Lunes 2 de marzo de 2009, por Arturo M. Lozza *

Muchas veces manejamos cifras y más cifras, y no dimensionamos la envergadura de esos montos, nos parecen tan grandes por sí mismos que no hacemos mayores comparaciones. Es lo que me advertía alguien que me envió días atrás un correo electrónico donde me invitaba a hacer cálculos.



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Periodista. Equipo de Comunicación de la Federación Judicial Argentina (FJA-CTA); Equipo de Comunicación de la CTA Nacional

Por ejemplo -me decía-, el plan de rescate a los bancos, a las industrias en derrumbe, para obras públicas y otras ayudas destinadas al salvataje de la sociedad capitalista en los Estados Unidos, que el Congreso acaba de aprobarle al presidente Barak Obama, asciende a 787.000 millones de dólares, están además los 500.000 millones que en la etapa de Bush ya se les ha entregado a la banca, más los miles de millones que entregarán los gobiernos de Europa a los bancos en crisis en ese continente.

Los lectores, ¿tienen noción de lo que significan estas cifras?

El que me dirigió el correo hizo el siguiente cálculo: el planeta tiene 6.700 millones de habitantes, si se dividen sólo los 787.000 millones de dólares entre los 6.700 millones de personas que habitan el planeta, el resultado equivale a entregarle 117 dólares a cada habitante del mundo.

¿Ahora, lector, visualiza usted la envergadura de las cifras?

Con los 787.000 millones de dólares se erradicaría de inmediato toda la pobreza del planeta Tierra.

Por supuesto, si esto sucediera manteniendo el sistema capitalista, rápidamente volvería a repartirse la riqueza de manera desigual y se desataría una ola inflacionaria sin precedentes.

Pero valga este cálculo simplemente para poner de relieve el grado de concentración del dinero, hasta qué extremos llega la injusta distribución de la riqueza y en qué medida excepcional el Estado capitalista norteamericano, con todos sus poderes políticos, jurídicos e institucionales, acude a salvaguardar el sistema que representa: el de la poderosa burguesía que ha sometido al planeta y a sus habitantes a una explotación tan sin límites que ha desembocado en esta crisis que ahora pretende ser descargada sobre los pueblos.

Obviamente, el globalismo made in USA no tardará en hacernos sentir a cada uno de los habitantes el rigor de sus leyes, es decir, tratará de quitarnos a cada uno, con despidos masivos, con flexibiliación, con intereses de deuda externa, con “incentivos” a los inversores extranjeros, con menos salarios, con integraciones al estilo ALCA, con medidas que tomen gobiernos cómplices, con imposiciones del FMI y Banco Mundial, etc.,, los117 dólares para resarcirse, de la manera que sea, los 787.000 millones que fueron invertidos para salvar al sistema.

En una sociedad capitalista, esto será así, sin vueltas. El “negro” panorama del capitalismo, será trasladado a los que menos tienen. Y la negrura la padecerán entonces los pueblos para que el capital concentrado vuelva a brillar.

Por lo tanto, o aprovechamos la enorme crisis de este sistema de injusticia para liberarnos de sus imposiciones, o nos esperan momentos terribles.

Brasil ya está sintiendo los efectos con la pérdida de más de medio millón de puestos de trabajo en pocos meses. Y Argentina, de acuerdo a los datos del Observatorio Jurídico de la CTA, en noviembre y diciembre ha perdido 47.000 puestos de trabajo.

Además, se está comprobando una caída importante del comercio exterior de nuestro país, sin que hasta ahora se haya fortalecido el “mercado interno” para mantener los niveles de producción con mayores salarios, con mejores niveles de vida de la población, etc.. En rigor, todavía no se ha revertido la injusta distribución de las riquezas.

Hay mucho para decir a este respecto, pero al dar las cifras que el imperio destina a salvar su sistema, quiero poner de relieve que frente a la ofensiva que ya ha desatado para descargar sobre los pueblos su crisis, se deberían disponer medidas elementales que eviten la fuga de capitales, fuga que en los últimos dos años ha sido de 31.977 millones de dólares, y que será mucho mayor si no se toman medidas eficaces.

En realidad, no hay un firme control cambiario y sigue pregonándose el objetivo de atraer a inversores extranjeros en lugar de ocupar espacios económicos para construir un país soberano.

Para cortar el chorro de la fuga, hay sobre todo que tomar una decisión trascendente: el Estado deberá tener control del comercio exterior y, sobre todo, del comercio de granos, donde cinco o seis grandes empresas –Cargill, Bunge, Nidera, Dreyfus, Molinos y el Grupo Urquía- la mayoría norteamericanas, se quedan con ganancias superlativas que deberían ser manejadas por el Estado para impulsar un desarrollo social más equitativo y un desarrollo productivo independiente.

En este mismo sentido, tendrían de una vez por todas que eliminarse los privilegios que gozan petroleras y mineras foráneas que impunemente envían fuera del país buena parte de sus ganancias.

En fin, lo que quiero señalar es que si no cerramos los grifos del drenaje, nos vaciarán aún más y sin misericordia.

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