
Emergentes del 2001 y tras nueve años de resistencia, las Madres de Barrio Ituzaingó Anexo de Córdoba reivindican a la movilización como método infalible para ser escuchadas. “Los pobres encontramos soluciones movilizados en la calle”, afirman. Abrazaron la militancia, por la salud y en contra de los agrotóxicos.
Sofía Gatica, María Godoy, Vita Allon y Corina Barboza, integrantes de un colectivo mayor que se constituyó en un ejemplo emblemático de lucha en defensa de la salud, dialogaron a propósito de la celebración del Día Internacional de la Mujer. Entre mates y criollos, más allá de cuestiones de género analizaron el cambio en sus trayectorias de vida producido tras asumir la militancia.
La historia de estas mujeres es conocida en Argentina y muchos países del mundo por la amplia difusión que los medios masivos y alternativos le han dado a las múltiples acciones de protesta llevadas adelante durante nueve años.
Actualmente, la atención está centrada en el reconocimiento que hizo el Gobierno nacional sobre la existencia de contaminación en el barrio y la formación de una comisión para que analice qué hacer. Asimismo, la justicia provincial se expidió ante una presentación realizada por la Secretaría de Salud municipal y ordenó la elevación a juicio de una causa por fumigaciones.
Esta nueva realidad abre las puertas a numerosos pueblos que padecen iguales o peores consecuencias derivadas de la aplicación de un modelo productivo basado en el monocultivo de soja transgénica. “Se está por hacer un juicio con poca gente imputada y creemos que también deben estar los Gobiernos. Desde las secretarías de salud, medio ambiente hasta llegar a los responsables políticos. La cadena se corta por lo más fino”, interpretan.
¿Cómo eran sus vidas antes de abrazar el camino de la lucha?
María Godoy (M.G.) Vivo acá desde los 90. Siempre tuve inquietudes por los problemas sociales. Soy la única que no tiene hijos, pero tenía los chicos de mi marido que son cinco y vivían con nosotros. Cuando me entero que en el barrio estaba ocurriendo esto, me acerco por una cuestión de solidaridad; pero, me di cuenta que el problema nos afecta a todos.
Corina Barboza (C.B.) Mi vida eran mi casa, mis seis niños y mi marido. Cuando comencé, el más chico tenía 4 años. Fue muy difícil porque tenía que salir a la calle y dejarlos solos. Era Mamá a pleno y ama de casa. Después tomé conciencia y dije: tengo que salir por ellos.
Sofía Gatica (S.G.) Antes de ser militante, hacía artesanías y las vendía casa por casa. Empecé porque no aceptaba la muerte de mi hija que falleció por problemas de malformación antes de nacer. Al mayor se le paralizaba el cuerpo. Los médicos no le encontraban nada y recién ahora sé que se relaciona con los agrotóxicos. ¿Porque pasan cosas raras en el barrio? Me preguntaba. No buscar el porqué de las cosas es para algunos no involucrarse. Porque es feo que te digan que tu hijo tiene agrotóxicos en sangre y no hay antídotos. Entonces, mejor no saber. Creo que esto de reclamar y defender los derechos uno lo trae.
Vita Allon (V.A.) Es como dice Sofía, el compromiso viene con uno. Creo que se nace con eso. Empecé porque un vecino estaba enfermo de leucemia y me integré al grupo. Después pasaron muchas cosas en mi vida. Cambios, dificultades. Mi marido que nos acompañaba en esto se suicidó. Hay muchos problemas psicológicos también.
En estos años de militancia pasaron pruebas que no cualquiera resiste. Todas de una u otra manera sufrieron el asedio, la intimidación y la persecución. Pero aseguran que no tienen miedo por ellas sino por sus hijos. A Vita le tirotearon la casa, por fortuna nadie salió lastimado. María fue asaltada cerca de su domicilio y a Corina intentan desplazarla del centro de Salud.
“Me tocó la peor parte, por ser la cara visible del grupo”, cuenta Sofía y las demás asienten. En un almacén del barrio la echaron por “desvalorizar las propiedades”. Un hombre se metió en su casa y la amenazó con un arma de fuego. El mensaje era claro: “dejate de joder con la soja”. También la acusaron de impedir los traslados de habitantes de una villa hasta un barrio cercano al suyo. Las amenazas telefónicas no cesaban. En otra oportunidad se presentó un comisario y le preguntó:
¿Usted es Sofía Gatica? Venga, le dijo mientras la conducía a la vereda. Más de 15 patrulleros se encontraban afuera.
Usted anda diciendo que la policía está ayudando a los fumigadores. Tiene que desmentirlo en los medios, porque no es así.
No lo haré porque yo lo veo, replicó Sofía.
“Me sentí acorralada y la llamé a Vita. Nos cargaron a las dos en el patrullero y nos llevaron al campo, sin orden de ningún juez. Había policías de los altos mandos”.
Ratificaron sus dichos y no cedieron a la presión. Las fumigaciones se realizaban a toda hora con la presencia de una camioneta del Comando de Acción Preventia (CAP) que curiosamente no lo impedía sino que los custodiaba.
Un episodio grave y que no denunció sucedió tras un robo en su domicilio. “Me allanaron la casa –cuenta entre sollozos- , dieron vuelta todo. No sé qué buscaban”. “Mi marido seguía sus pasos y me tranquilizaba diciendo que no tenían malas intensiones”. Más tranquila, sostiene que rescata “haber conseguido compañeras que nos seguimos y aunque nadie es profeta en su tierra, apenas salimos de Córdoba, en otras provincias y afuera del país nos respetan, porque no solo defendemos la salud sino el medio ambiente”.
Vita evalúa lo que le tocó vivir. “Me sirvió para conocer el afuera. Estar al cuidado de los hijos, de la comida, del lavado y el planchado hace que nos traten como si fuéramos ignorantes y no lo somos. Conocimos el mundo del no te metás. El de los políticos a los que les pagamos un sueldo y nos quieren hacer creer que somos sus sirvientes cuando deben estar al servicio nuestro. Aprendí que nos sobran los dedos de la mano para contar qué políticos no mienten. Lo hacen todo el tiempo. Ahora, para que te escuchen tenés que salir a gritarlo.
Para Corina fue bueno salir del rol de madre y buscar otros caminos. “He pasado épocas duras en los setenta y tal vez por eso me encerré en mi casa, como mucha gente. Cuando vi esto, salí y me fortalecí. Porque ahora además trabajo y estudio. A ella le tocó sufrir la persecución laboral. En 2002, comenzó a trabajar en un dispensario, en el barrio, como benefactora de un plan Jefes y Jefas de hogar. En 2004, cuando el gobernador De la Sota se aprestaba a inaugurar un centro de salud, el Grupo aprovechó para escarcharlo. Desde entonces no cesa la persecución laboral.
María lamenta que a veces las actividades le impiden ver a su madre que tiene más de 80 años. Por otra parte, aclara que “todo sale de nuestros bolsillos”. De su sueldo de niñera, saca lo necesario para viajar o hacer una movida colectiva. En cuanto a la actitud de indiferencia de la sociedad, afirma que “a las Madres de Plaza de Mayo les decían "algo habrán hecho" hoy a nosotros nos dicen: “de cáncer se muere todo el mundo, o Dios lo dispuso así". Desde otro lugar analiza “cuando uno sospecha de los funcionarios y de un Estado que no está al servicio de la gente, es así. Todos nos tratan bien, pero no hacen nada. Por eso estamos detrás de ellos. Movilizadas”.
Mucho antes de formar parte del colectivo Paren de Fumigar, ya visitaban pueblos del interior provincial junto a un grupo de jóvenes.
Ustedes participan de un colectivo mayor junto al Grupo de Reflexión Rural y otras organizaciones que se han unido detrás de una consigna: Paren de Fumigar. ¿Cómo logran realizar esta articulación, que dificultades se presentan y cómo se superan?
M.G. Es una experiencia muy buena porque nos hace conocer personas con los mismos problemas. Con la gente como es uno, de base, todo bien. El problema a veces se da con los técnicos, con lo que nosotros llamamos la "academia". Porque si bien nos ayudan, cómo actuamos o qué tenemos que hacer, lo elaboramos y decidimos entre nosotras porque no aceptamos tutores.
C.B. Pasa que, como a veces saben mucho, se olvidan del saber común que sabe. Nosotros buscamos la defensa de la vida. No es solo un barrio que lo dice, es la provincia y toda la nación, a través de Paren de Fumigar.
S.G. Con la gente de base nos llevamos bien porque sabe luchar, sabe por donde caminar, lleva y sufre el problema. A diferencia de los “sabelotodos” que hacen sus investigaciones y trabajos y no los comparten con nosotros. Ellos manejan la información y ese es el problema. Ellos tienen sus intereses: becas, premios, ONGs, proyectos, etc. Nosotros el único interés que tenemos es poder vivir bien, sano. Si hacen una investigación, la comunidad debe conocer los resultados. Tenemos un secundario, no estamos dentro de las universidades pero queremos que esas conclusiones por las que reciben premios y distinciones vuelvan a las comunidades.
¿Tienen referentes –conocidos o anónimos- a quiénes admiran?
V.A. Mis referentes son las Madres de Plaza de Mayo. A ellas les mataron los hijos por luchar por una sociedad mejor. Sin querer compararnos, porque ellas salieron cuando no se podía salir, con un enemigo distinto. Antes eran las armas, ahora son los agroquímicos. Viví en una época en la que escuchaba decir “algo habrán hecho” para referirse a los desaparecidos. De nosotras dicen: tienen alterado el cerebro por el detergente.
S.G. No tengo referentes mujeres. Admiro al Che Guevara por su lucha. También me duele lo que pasó con los chicos de Malvinas. Como pueblo no supimos salir a pelear para impedir que los maten. Nosotros no vamos a permitir eso. Que maten a chicos menores de edad. Me acuerdo que cuando dijeron: vamos a cortar la ruta, me horroricé. Pero fue en la calle donde aprendí a reclamar mis derechos.
M.G. Yo admiro a las (130) mujeres que murieron incendiadas por reclamar por sus derechos. En nuestro caso, estamos rodeados de fábricas, el barrio se hizo a pulmón. La gente de las fábricas fue muy perseguida en los setenta y en los noventa los atacó el desempleo. Los dos partidos mayoritarios actúan para conseguir votos. Los trabajadores están muy golpeados; entonces, los sindicatos están vacíos de obreros. La gente se moviliza por cuestiones puntuales.
En cuanto a los postulados de la igualdad de género y especialmente cuando se habló del aborto legal se suscitó una polémica fuerte. Hay puntos de vista radicalmente opuestos, aunque coinciden que en casos de violación debe practicarse.
¿Comparten la lucha de las feministas y de otros grupos de mujeres por la igualdad? ¿Qué posición tienen respecto al aborto y la violencia doméstica?
M.G. Creo que el feminismo ha tomado la lucha. En el Encuentro Nacional de Mujeres, se logró la patria potestad compartida después de 11 años. Pienso que aún cuando nos emancipemos todos, vamos a tener que seguir la lucha. Creo que la legalización del aborto debe existir. En mi caso, decidí no tener hijos y en el caso de quienes quieran abortar, es su cuerpo y tienen derecho a decidir.
C.B. Pienso que el camino es largo porque seguimos con una educación machista. Tenemos que lavarles hasta el calzoncillo y la mujer es responsable de esto. En cuanto al aborto pienso que no hay que llegar al embarazo no deseado. Hay que decirle al hombre: vos también tenés que cuidarte. Hay un montón de formas de prevenir. En caso de violación pienso que debe hacerse, pero en general lo acepto hasta cierto punto porque hay una vida. Soy Mamá de 6 hijos y no tuve más porque me cuidé.
S.G. Estamos en desigualdad con el hombre. Ellos nos ven así, menos. Me críe en una familia donde el hombre salía a trabajar y las mujeres se quedaban a limpiar y a preparar la comida para atenderlos. Uno viene con un patrón y lo sigue. Con respecto al aborto no estoy de acuerdo, salvo en caso de violación o malformaciones. Porque métodos anticonceptivos y gratuitos hay.
V.A. Las primeras discriminadoras somos las mujeres. Nosotras seguimos educándolos así. Tengo tres varones y hay que pelear incluso contra una misma. Antes de matar una vida hay que educar. Falta educación (sexual) en la casa, en la escuela, y en todos lados. La persona violada tiene derecho a decidir sobre su cuerpo.
M.G. Es una cuestión cultural y la principal protagonista de esto es la Iglesia. Miles de mujeres mueren a causa de abortos mal realizados.
En relación al femicidio les preocupa que sólo sea tenido en cuenta cuando se produce una muerte. “Uno lo ve. Es terrible ver como llegan a los centros de salud. El problema es que no tienen a donde ir porque creen que no pueden sobrevivir solas. Y ahí está el error”, argumenta Sofía.
De aquél país del 2001, pasando por la aplanadora de los noventa: ¿qué país sueñan para sus hijos?
Vita. Quiero trabajo, salud, libertad y que nuestros hijos no sufran. Que haya políticas para todos. Que no haya corrupción y que no nos sintamos desprotegidos. Vivir un poco mejor, que no mueran chicos desnutridos, ni analfabetos. No contamos con dinero, pero a pesar d las dificultades seguimos adelante. Si nosotras, que somos pocas, hemos logrado todo esto, cuántas cosas lograríamos todos juntos. La lucha del pobre, está en la calle.
S.G. Ansío que haya libertad de expresión, que no haya contaminación, ni chicos desnutridos y que podamos denunciar y nos den soluciones. Sobre todo, que los gobiernos se pongan a solucionar los problemas en serio.
C.B. Quiero un país sin contaminación, y que mis hijos puedan seguir luchando por los derechos para todos y no solo para algunos. Salud, trabajo, vivir en paz y sanos.
M.G. Más que un país, sueño con una sociedad distinta donde el consumismo y los intereses de pocos no primen sobre los de las mayorías. Salud, educación, alimentación, vivienda, y donde todos podamos acceder a la información. Estamos en camino, no se si lo voy a ver, pero estoy aportando mi granito de arena.
La lucha continúa a pesar de las contradicciones. La semana pasada ocurrió un hecho por demás preocupante. Una docente de la escuela municipal, organizó una actividad de difusión de la problemática con padres y alumnos. Es conocido que varias docentes se realizaron análisis y en su sangre encontraron sustancias tóxicas. Fueron desautorizadas y las amenazaron con sumarios administrativos. Incluso, denuncian que el presidente del centro vecinal que sigue en el cargo por argucias administrativas y responde a intereses del pejotismo, le dijo que estaba en sus manos “impedirle el ingreso al barrio”. “La han apretado a la maestra”, evalúan.
Fuente: Prensared, la Agencia de Noticias del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTA)
Equipo de Comunicación de la CTA Córdoba.
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