
En el último Congreso Nacional de Delegados de la CTA en diciembre de 2007, aprobamos en plenaria las conclusiones debatidas en comisiones y un documento unificador de la posición política de la Central.
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* Secretario de Integración Latinoamericana de la CTA. |
Considerando, además, los lineamientos y propuestas establecidas en el Congreso Nacional de la CTA del 2006, podemos acordar que fue ratificado, en tres objetivos de construcción, nuestra definición histórica de la unidad popular con la unidad de la clase trabajadora. Estos no son tres espacios-instrumentos separados, sino movilizadores de un mismo camino de construcción política:
1 - La convocatoria a la Constituyente Social.
2 - Impulsar la Paritaria Social como instrumento de negociación colectiva popular: Estado–Sociedad sobre la base de la distribución de la riqueza y las políticas que sean resueltas como prioritarias en la Constituyente Social.
3 - En la Comisión de Internacionales se aprobó por unanimidad que: nuestra estrategia es la construcción de la unidad de la clase trabajadora y unidad popular, reafirmando nuestra identidad popular latinoamericanista, considerando a la Constituyente Social como espacio de la construcción de esa unidad política y las Cumbres de los Pueblos, Foros Sociales, como los espacios de Encuentro de los movimientos populares para entretejer la integración de los pueblos desde los pueblos de America Latina.
El Encuentro Nacional Hacia la Constituyente Social se realizó en San Salvador de Jujuy los días 24 y 25 de octubre de 2008. Buena fue la apertura del Encuentro Constituyente, compartiendo con una marcha la reafirmación de cada identidad, con sus banderas, estandartes, sus ropas, sus cantos, sus gritos, los abrazos, desde las risas hasta el llanto emocionado.
En la alegría del reencuentro militante se expusieron todos los sentimientos y toda la humanización en el complejo entretejido de la fraternidad. Un testimonio viviente de la resistencia de los pueblos, comprometidos con la lucha y la construcción solidaria. Fueron cientos los militantes que participaron en cada comisión, ratificando los grandes consensos que nos identifican como movimiento popular.
Esta intensa convivencia, más aún teniendo en cuenta su diversidad cultural, fue un verdadero ejercicio del solidarismo como construcción de unidad política y social de los pueblos.
La CTA nacional sintetizó, en una publicación dedicada exclusivamente a la Constituyente, las prioridades concensuadas en Jujuy:
* Distribución justa de la riqueza para erradicar la desigualdad social
(salud, trabajo, vivienda y educación).
* Ni un pibe menos, ni más hambre en nuestra Patria.
* Asignación Universal para los Menores de 18 años.
* Soberanía sobre nuestros bienes naturales (tierra, petróleo, gas, agua, minería).
* Soberanía alimentaria.
* Integración Latinoamericana.
* Nueva Ley de Previsión Social.
* Desaparición definitiva de las AFJP.
* 82% móvil para jubilados y pensionados.
* Nueva Ley de Riesgos de Trabajo.
* Terminar con el sistema de las ART.
* Nueva Ley de Radiodifusión democrática.
* Reforma de la Ley de Entidades Financieras.
* Reforma Tributaria.
* Reforma Agraria.
* No al pago de la deuda externa.
* Recuperación de los ferrocarriles.
* Reconocimiento e inclusión de los pueblos originarios.
* Libertad y democracia sindical.
* Elección de jueces y magistrados.
* Derogación de la Ley Antiterrorista.
Además, es importante resaltar lo acordado como Estrategia institucional:
* Que todas las organizaciones populares se convoquen a Encuentros en cada región, en cada provincia, en cada localidad; fortaleciendo y ampliando la convocatoria a la Constituyente Social.
* Que la construcción colectiva de la Constituyente Social avance en la instrumentación de Paritarias Sociales (Presupuesto Participativos) que permitan el logro de las prioridades políticas definidas.
* Que lo sujetos sociales – colectivamente- en cada lugar definan sus políticas Constituyentes, fortaleciendo su Identidad Cultural construyendo soberanía popular.
* Que todas las políticas establecidas en las “prioridades” deben proyectarse en la unidad latinoamericana en los procesos de Integración de los pueblos desde los pueblos.
Es importante resaltar que en la Asamblea Popular al final de los trabajos en Comisión más de veinte mil participantes aprobaron las conclusiones y una Declaración de Solidaridad con el Pueblo boliviano que define el rumbo de la integración latinoamericana.
Decíamos en el documento anterior (Constituyente Social) que en Sudamérica había una diferencia entre los gobiernos considerados como “alejándose de la hegemonía de los EEUU”, entre los que expresan un “progresismo social” sin modificar el sistema capitalista (Brasil y Argentina) y los que plantean la construcción de una Alternativa a este, asumiendo el camino de un nuevo socialismo (Venezuela y Bolivia).
Más allá del análisis político ideológico y las particularidades de cada uno, lo que sostenemos es que los dos primeros no se plantean realizar Reformas a sus Constituciones nacionales (que son liberales en su concepción) y los otros dos, al que se podría sumar Ecuador, si han encarado reformas constitucionales de claro contenido transformador hacia la mayor participación política popular. Vale tomar estos procesos para ayudarnos comprender nuestra propia propuesta constituyente.
Nuestra mayor identificación con el proceso constituyente boliviano está en su definición política, cuando expresa en el articulo 7º de su nueva Constitución, que “la soberanía reside en el pueblo boliviano y se ejerce de forma directa”. Y luego, en su artículo (Art.242º), “El pueblo soberano por medio de la sociedad civil organizada, participará en la toma de decisiones de políticas públicas”.
En estas claras definiciones políticas reside la esencia de la Constituyente Social, en cuanto a la constitución de sujetos sociales organizados para ejercer su soberanía. Concepción que los bolivianos determinan de que se trata en cuanto a los sujetos soberanos cuando sostienen, “la existencia precolonial de las naciones y pueblos indígenas, originarios, campesinos y, sus dominios ancestrales de sus territorios, garantizando su libre determinación, en el marco de la unidad del Estado”.
La Constitución boliviana es la primera Constitución política Latino-indo-afro–americana, por lo que se constituyó en la mayor expresión del proyecto histórico de liberación de Nuestra America. Consideramos por esto, que representa la identidad revolucionaria de este tiempo en nuestro continente.
Identidad que está en el sujeto histórico indígena-campesino, constituidos en sus comunidades, que desde la resistencia pasaron a la ofensiva en la disputa política de su liberación a su soberanía.
En su proceso proyecta la “constitución de estados plurinacionales, comunicados, libres, independientes, soberanos, democráticos, interculturales, fundados en la pluralidad y el pluralismo cultural y lingüístico, dentro de la integración de los países”. Esto es reconocer la amplitud de su diversidad cultural para construir la unidad política de los pueblos bolivianos.
Y lo fundamental en sus definiciones es el principio de la Soberanía Popular, estableciendo el camino de la lucha por la libertad y la igualdad del pueblo boliviano. La oligarquía dominante, histórica de Bolivia, está ahora en la resistencia política, pues aún tiene poder económico y pretende sostener su poder político planteando la secesión de sus estados burgueses locales.
Esto también nos sirve para entender una diferencia sustancial respecto al concepto del federalismo, el que de las oligarquías que es el federalismo burgués (cuya paternidad pertenece a los EEUU), y el de la soberanía de los pueblos que es el federalismo popular.
Los movimientos sociales, indígenas y campesinos, realizaron la discusión de la constituyente a lo largo de toda Bolivia, en un proceso que significó una verdadera “Constituyente Social”, de donde surgieron propuestas políticas hacia la Constituyente.
La construcción boliviana, es sin dudas, una apuesta al socialismo desde la propia organización política, social y económica de los sujetos, que en ella existe una fuerte identidad del sujeto originario, históricamente constituido en sus territorios, no obstante, asumieron la construcción democrática de la diversidad de los pueblos; “…es el camino más difícil y más largo pero es el camino propio” como decía Germán Abdala.
En definitiva es el camino de los hermanos bolivianos, desde sus pueblos originarios que tienen más de cinco siglos caminando por su liberación.
Venezuela en el 2007 lanzó un proceso constituyente para realizar una reforma constitucional que introduzca más democracia participativa con el objetivo de avanzar en una transformación política, social y económica basada en mayor poder popular.
El referéndum realizado para la aprobación de esta reforma, que incluía la continuidad presidencial, perdió por el uno por ciento. Mucho se asoció esta derrota al rechazo a la reelección indefinida presidencial, más aún, en la Argentina sectores llegaron a hacer un parangón con la onda anti-reeleccionista, supuestamente instalada a partir del fracaso en ese sentido del entonces gobernador de Misiones (Rovira).
Equivocado análisis político que se demuestra con el proceso venezolano.
Entendemos, tal como lo asumieron los propios sectores populares venezolanos, que las causas de esta primera derrota popular venezolana, habría que buscarla en su propio proceso de transformación interna social, ¿estaba el pueblo venezolano, los sujetos sociales, en condiciones (de desarrollo político cultural) para hacerse cargo de los cambios profundos propuestos en su reforma constitucional?
La reforma constitucional venezolana del 2007, planteaba (según publicación de su convocatoria oficial), “la construcción del socialismo bolivariano”, partiendo de la reivindicación de su “proceso de transformación política y socioeconómica, en el cual los venezolanos se han redescubierto como actores de la construcción de su colectividad”.
En ella, fundamentaban la reforma en la necesaria “participación directa y permanente de los ciudadanos en los asuntos de su comunidad y nacionales para configurar un nuevo ordenamiento social en el que el poder popular sea su eje vertebral”.
Importante es analizar el fundamento de la convocatoria a la reforma donde expresa, por ejemplo, que ella es: “…a fin de adaptarla y dotarla de elementos que consoliden el avance hacia la ruptura del modelo capitalista burgués”.
Aunque haga extenso el presente documento, nos resulta de valor político reproducir algunos de los objetivos que se propusieron constituir:
Desmontar la superestructura que le da soporte a la reproducción capitalista.
Dejar atrás la democracia representativa para consolidar la democracia participativa y protagónica; donde se contemple la insurgencia del poder popular como hecho histórico necesario en la construcción de la sociedad socialista del siglo XXI.
Crear un enfoque socialista nuevo “a la venezolana”, inventar, ingeniar y construir de acuerdo a las enseñanzas de nuestros pueblos originarios, la afrovenezolaneidad y el aporte cultural de nuestros próceres.
Sentar las bases para la construcción de un nuevo modo de producción, fundamentado en nuevas formas de relaciones de producción, nuevas formas de propiedad, democratización del capital que permita el control del poder popular en la producción y distribución de bienes y servicios.
Nueva geometría del poder (así definieron a una nueva institucionalidad de poder popular desde una redefinición territorial). Se proponía la constitución de la Comuna socialista, con los Consejos comunales como mayor expresión de la Democracia directa (estos se basan en el sistema asambleario comunal).
Dentro de esta reforma estaba la continuidad presidencial.
Esta fue la reforma constitucional venezolana rechazada y que meses después, poco más de un año, un referéndum aprobó una enmienda constitucional que establece solamente la continuidad indefinida presidencial (este referéndum fue ganado por el 9%).
La importancia de estas referencias es que dan cuenta, a nuestro entender, del concepto de “transformar transformándonos”. Es decir, la transformación del sistema capitalista (sus relaciones productivas, sus estructuras, sus instituciones, etc.) será posible desde la transformación de los mismos sujetos sociales, avanzando en nueva subjetividad social, nuevas relaciones sociales, nuevas estructuras de la producción, nueva institucionalidad popular, etc.
En el documento anterior “Constituyente Social” dábamos cuenta de la diferencia de concepción de Soberanía de las constituciones en América Latina utilizando para esta comprensión, una comparación entre la definición de la Constitución de la República de Cuba que expresa: “En la República de Cuba la soberanía reside en el pueblo, del cual dimana todo el poder del Estado.”, con la Constitución de la República Argentina, “El pueblo no gobierna ni delibera sino a través de sus representantes”.
Es que la Constitución Argentina, como la mayoría de los países de Nuestra América (copiaron la constitución burguesa de los EEUU en las constituciones nacionales pos-proceso independentista), es claramente liberal. De aquí la importancia de los procesos constituyentes de transformación popular que modifican esta concepción de soberanía en Latinoamérica.
La identidad revolucionaria cubana es indiscutible, anticapitalista y antiimperialista, y su construcción alternativa socialista esta basado en la soberanía del pueblo. En el año 2002, ante la amenaza del Presidente Bush de invadir Cuba para “liberalizarla”, el pueblo cubano pidió a través de millones de firmas se convoque a una Asamblea constituyente, la que se realizó en junio de ese año, para “ratificar el socialismo en su Constitución nacional” sosteniendo la soberanía del pueblo cubano.
La importancia de este proceso revolucionario, es su definición de ratificación socialista anticapitalista y antiimperialista en cincuenta años de construcción popular permanente y cotidiana. No es, entonces, una simple circunstancia política coyuntural, su proyección, desde esta identidad cultural del pueblo cubano, al actual proceso de transformación latinoamericano con la construcción del proyecto ALBA avanzando en la integración de los Pueblos donde son protagonistas Bolivia y Venezuela.
A Bolivia la fuerza de su identidad histórica, indígena y campesina (luchando por su liberación), le dio para avanzar en una nueva institucionalidad política, definiendo un horizonte de transformación alternativo al capitalismo imperial. Vemos, además, que no todo está resuelto con un escrito constitucional, el pueblo boliviano peleó para hacerla, para sostenerla luego y para aprobarla por Referéndum finalmente. Ahora, deberá seguir construyendo poder popular para ejercerla cotidianamente, para construir su alternativa soberanamente.
A Venezuela su fuerza identitaria histórica (mestiza) bolivariana no le alcanzó para profundizar una institucionalidad política de transformación socialista tal como lo plantearon, donde se convocaba a construir de “acuerdo a las enseñanzas de nuestros pueblos originarios, la afrovenezolaneidad y el aporte cultural de nuestros próceres”.
Consideramos entonces, que estos sujetos sociales definidos con estas identidades carecían de poder constituyente para ese avance.
La derrota venezolana no significa una pérdida del camino, sólo significa asumir el proceso de los pueblos, con sus formas y sus tiempos. Proceso de transformación que se ratifica con la victoria de la continuidad de Chávez, pues esto implica la continuidad de las políticas públicas orientadas a la construcción del poder popular que les permita avanzar en su transformación.
Por eso, nos viene bien aquí la reflexión de Germán sobre que “este es el camino más lento, más difícil, pero es el camino propio”. Sólo basta mirar sus dificultades en cuanto a la institucionalidad de la clase trabajadora, la nueva central creada en esta etapa de transformación bolivariana, la UNT se dividió después de la derrota conformándose otra central socialista de trabajadores. Esto demuestra como el sujeto en transformación encuentra importantes obstáculos para construir sus identidades de clase trabajadora para avanzar en la transformación real del sistema.
Nosotros en la Argentina, en términos de la identidad de los sujetos sociales en transformación, es decir que luchan por su liberación, estamos entre Bolivia y Venezuela.
No tenemos tanta identidad movimientista en los pueblos indígenas y campesinas aunque existen y con una gran potencialidad política en sus territorios, pero con escasa fuerza nacional. Si, en cambio, tenemos una fuerte identidad de clase trabajadora obrera, pero con dificultades de institucionalizar la unidad política más allá de la clase obrera-empleada, para avanzar en la transformación.
Podemos recordar que, en el 2002 el pensador Samir Amin nos manifestó en el Foro Social Mundial en Porto Alegre que, nuestra Central de Trabajadores (CTA) representaba la mayor expresión de nueva construcción política para la transformación del sistema capitalista desde su propia transformación clasista.
Por esto queremos reafirmarnos en esa identidad del sujeto histórico de lucha de liberación, que es de clase trabajadora y también campesina (debemos rescatar las luchas campesinas de las Ligas Agrarias). Y en este tiempo, sumarnos a la liberación latinoamericana es construir la unidad política de trabajadores urbanos, con las comunidades indígenas y campesinas.
En Bolivia el movimiento popular llegó al poder político institucional del Estado con la fuerza de la identidad indígena y campesina, constituyendo una institucionalidad movimientista (MAS), siendo fuertes en los territorios donde se expresa la disputa política de estos sujetos.
En cambio, en las grandes ciudades los sujetos sociales institucionalizados en el sistema se resisten al cambio (no más ver las dificultades de la COB de sumarse al proceso de transformación).
En Venezuela la identidad popular no está en el movimiento indígena o campesina que son casi inexistentes, tampoco en los trabajadores sindicalizados tradicionalmente, tal como nos referimos anteriormente; Chávez apeló a la identidad del sujeto histórico de la lucha independentista (criolla mestiza) de Bolívar para construir una identidad liberadora popular, entendiendo que el camino de transformación es la constitución de la unidad popular latinoamericana.
La llegada al poder del Estado también fue movimientista, contra o sobre el desprestigio de toda la institucionalidad política (los partidos), inclusive contra la institucionalidad sindical (la CTV). Sin dudas, que el desarrollo político de los movimientos sociales fue consecuencia de la más profunda crisis de la institucionalidad (representación) política del sistema, surgida luego del “caracazo”.
En nuestro país, el dominio de las oligarquías sobre la base de la cultura burguesa se da en las ciudades, principalmente en las grandes ciudades, ya que los grandes propietario de los medios de producción, incluidos los terratenientes, viven en las grandes ciudades, en los centros estructurales del poder económico-financiero. Es aquí donde resulta más compleja construir la fuerza liberadora de la clase para la liberación popular.
Además, en la Argentina, tenemos una dificultad adicional histórica, que es su estructura política de Estado Nación unitaria centralista. Esta situación no es menor pues esta estructura contradice la democracia territorial, contraria a nuestra concepción federal, que sólo lo entendemos en la existencia del federalismo popular, es decir en la soberanía de los pueblos en sus territorios.
Por esto la lucha popular de liberación en la Argentina debe ser federal y es la lucha de los sujetos sociales por su libertad en sus territorios. Sin liberación federal no hay liberación nacional.
Consideramos, entonces, que nuestra propuesta de Constituyente Social, tal como fue pensada y discutida en la Central, implica el “Construir la fuerza propia popular para constituir una nueva sociedad y otro Estado”. Y partimos del reconocimiento de que esa fuerza será posible con la unidad, de la clase trabajadora y además, del federalismo popular.
Nosotros no estamos lejos ni cerca del camino emprendido por los hermanos bolivianos y venezolanos, el tema es asumir el camino realizado en la unidad popular que nos identificó en la lucha contra la pobreza.
Todo el análisis anterior está orientado en la construcción de la colectividad, pues desde ella nos aseguramos estar en el camino propio.
Tanto es así, que también hemos sido protagonistas en la lucha contra el ALCA, la ofensiva imperialista capitalista de los EUA, expresado en la Cumbre de los Pueblos de América de Mar del Plata en el 2005.
Desde esta victoria popular nos fortalecimos en la construcción de la unidad de los movimientos sociales hacia la integración de los Pueblos desde los pueblos. Esta construcción se expresa en nuestra participación activa en la ASC y el ALBA, en cada Cumbre de los Pueblos y en los Foros sociales.
Por esto insistimos que no se trata de comenzar de nuevo, de un nuevo camino desconocido, sino de superar la crisis de identidad que truncó o desaceleró el proceso de unidad popular que supimos construir.
¿Cuál es la identidad de los sujetos en lucha por libertad e igualdad en la Argentina?
El movimiento indígena es débil, no tanto como en Venezuela o Brasil, pero invisibilizado por el sistema y desarticulado en cuanto a unidad territorial; el movimiento campesino, también, en el conflicto entre el gobierno nacional y las corporaciones rurales quedaron invisibilizados a pesar que intentaron la unidad de los dos mayores agrupamientos campesinos. Otra prueba de ello es que en la propia central, las organizaciones campesinas e indígenas que la integran no sólo fueron sino que están invisibilizados en su participación política.
En cuanto a la clase trabajadora urbana es donde nos encontramos con la dificultad identitaria de la lucha de liberación. La identidad mayoritaria del sujeto histórico es del “movimiento obrero” que avanzó en espacios de mayor libertad e igualdad social en el proyecto nacional y popular.
Considerando a este Proyecto como desarrollista nacional, con Estado de bienestar, industria nacional, del pleno empleo, del mercado interno y de la distribución del ingreso (donde el salario alcanzó el 54% del PBI, producto de la negociación colectiva de los trabajadores). Esto generó una fuerte identidad y organización sindical, y también la identidad de una burguesía nacional, aunque es reconocido que el proyecto nacional tuvo una clara orientación hacia un mayor protagonismo popular.
El proyecto nacional desarrollista se asume antiimperialista y desde un Estado nacional fuerte establece la concepción de la Soberanía nacional. Ahora, siendo el desarrollismo un sistema capitalista, por más nacional que sea, nos genera una dificultad para superar la idea de “soberanía nacional” del “Estado-nación” construyendo “soberanía del pueblo”. La dificultad esta en entender que no hay soberanía popular sin liberación de la clase trabajadora.
Es que el desarrollismo nacional supone la construcción del desarrollo autónomo del capital de los países periféricos al de los países centrales; desarrollo del capitalismo del Sur independiente del Norte. Brasil, por ejemplo le gustaría ser el noveno país desarrollado del mundo (convirtiendo el G8 en G9) más que construir otro modelo alternativo al capitalista.
El tema es, entonces, que la independencia nacional en cuanto a Estado nacional no implica independencia de la clase, y por lo tanto no hay verdadera emancipación de los sujetos sociales. Y cuando estamos ante un Estado centralizado no-federal es mucho más claramente el contraste con la soberanía popular.
La transnacionalización económica del neoliberalismo que implicó, prácticamente, la desaparición de la burguesía nacional, sumado al desmantelamiento del Estado social de derecho y la tremenda fragmentación de la clase trabajadora, que fue adecuado a la restructuración del capitalismo global realizada en la Argentina, pone en difícil realización un desarrollismo nacional
Por otro lado, si el proyecto histórico de emancipación popular implica un proyecto superador al desarrollismo nacional, es importante resolver el proceso de transformación asumiendo la estructura neoliberal capitalista ¿Cuál es la identidad transformadora de los sujetos sociales para transitar el camino liberador de soberanía popular?
La respuesta está en nuestro mandato fundacional de la CTA, ser central de la clase trabajadora más allá de los trabajadores empleados. Considerar solo a los empleados como trabajadores es común en la cultura del sistema, es considerar trabajo sólo al que se emplea para el sistema productivo capitalista. La idea de “desocupación” es considerar que los que no tienen empleo no trabajan, inclusive el trabajo no-rentista del Estado o social, es subalternado por el sistema o mejor decir en la cultura burguesa.
Ahora, asumir esta cultura es asumir la cultura capitalista. Y pedir o defender –solo– el empleo, por más decente que sea, es sostener el sistema capitalista, o a lo sumo, es asumir una disputa por recuperar niveles de participación del ingreso, tal como el logrado en el proyecto desarrollista nacional.
Un ingrediente a incorporar, tal vez para la confusión constructiva alternativa, es que en este tiempo pos de los noventa, la idea nacional se proyecta a la de “Nación Latinoamericana”, que aún con la dificultad de plasmar la creación de un Estado latinoamericano, estos expresan las expectativas de construcción desarrollista en el MERCOSUR y/o UNASUR.
Es necesario también entender que no toda la clase empleada debe asumirse como totalmente funcional al capitalismo, aunque sea desarrollista, por lo que debemos establecer singularidades importantes a la hora de identificarnos como caminantes en el camino de la transformación social. Esto no tiene el sentido de cualificar el trabajo sino significar para qué modelo se emplea la fuerza de trabajo y establecer las pautas para su debate estratégico.
No es lo mismo trabajar o ser fuerza empleada en el Estado para un Estado Social de derecho, un Estado Liberal, un Estado socialista, etc.; no es lo mismo si la fuerza empleada en los servicios públicos son de empresas estatales, privadas, transnacionales o cooperativas; no es lo mismo la fuerza empleada en la producción para el consumo interno popular que en las transnacionales del saqueo nacional.
Por esto, consideramos el sindicato como organización política de los trabajadores, no sólo para reivindicar los derechos de los asalariados sino como sujetos sociales en la definición de su fuerza de trabajo, en el para que y el como, en entender que ella es esencial para definir y construir cualquier modo de vida comunitaria. Aquí es donde entendemos la necesidad de definir el espacio de organización política de la clase trabajadora, donde se disputa el sistema construyendo alternativa: el Territorio.
No es casual que los sindicatos mayoritarios en la CTA (sus fundadores) sean estatales (ATE, CTERA, FJA, etc.) que no sólo se opusieron a las políticas neoliberales (a la transnacionalización de la economía, a las privatizaciones y al desmantelamiento del Estado Social de Derecho) sino que su activismo político es fundamentalmente social, expresados en la defensa de los derechos humanos. Activismo político que no sólo busca recuperar un Estado social de derecho sino que objetiviza su construcción por un Estado popular.
La cuestión clasista de transformación en los estatales, es asumirse trabajadores del Estado y no empleados de los gobiernos.
El tema a resolver está que la objetivación estratégica del proyecto propio requiere de una identidad subjetiva de la clase puesta en la disputa de transformación en su territorio, en cada territorio. O dicho de otro modo, la identidad de los sujetos sociales (en transformación) definen los objetivos estratégicos de la transformación y su estrategia para lograrlo en cada territorio, donde el federalismo popular unifica el proyecto nacional.
El debate en la Central, desde su nacimiento, estuvo puesto en la construcción alternativa al imperialismo capitalista, y su unidad política creció y se fortaleció en la resistencia al neoliberalismo (desarrollo del capitalismo global).
Es más, este reagrupamiento de movimientos sociales contra el neoliberalismo fue un proceso mundial (antiglobalización capitalista) y con un fuerte protagonismo latinoamericano. La unidad de los nuevos movimientos confluyó en la constitución del Foro Social Mundial en Porto Alegre y simultáneamente en el continente con las Cumbres de los Pueblos.
Volviendo al tema fundamental a resolver ¿Cómo ser construcción alternativa?, allí radica las dificultades y las contradicciones de nuestra subjetividad política. Donde la identidad de la clase trabajadora es esencial, pues la disputa real Capital-Trabajo nos lleva a que la lucha anticapitalista se resuelve con la fuerza de trabajo puesta en la liberación de la clase y de los pueblos.
El menemismo logró, con la complicidad de muchos dirigentes sindicales que se desclasaron convirtiéndose en “empresarios”, alinear gran parte de la fuerza empleada al servicio de la transnacionalización neoliberal en la Argentina. Es importante recordar esto pues aún perduran no sólo estos dirigentes sino sus sindicatos en la funcionalidad económica (negocios) y política (representación) neoliberal.
También, se mantuvieron algunos sindicatos (MTA) que, si bien cuestionaron y hasta enfrentaron las políticas menemistas, no planteaban ni plantean una construcción alternativa sino simplemente recuperar el proyecto desarrollista “nacional y popular” (sin entrar a la discusión de las distintas visiones o matices de esta conceptualización).
Creemos importante este análisis pues hoy estos dos grupos están unificados en la CGT, donde el sindicalismo neoliberal se mimetizó orgánicamente bajo el paraguas de esta identidad política representado por los ex MTA.
El realineamiento de la derecha menemista - no por la conducción de Menem sino por representar el mayor desarrollo del neoliberalismo en la Argentina– está claramente representado por los actores políticos y empresariales, partícipes protagónicos de los 90 (Macri, Sola, Puerta, De Narváez, Romero, Reutemann, Duhalde, Barrionuevo, y podemos hacer una larga lista).
Lo que nos interesa aquí es resaltar el intento de recuperar la CGT como instrumento político para la vuelta en la conducción nacional de esta derecha neoliberal, por el mismo operador (Luis Barrionuevo) que condujo la fractura política del movimiento sindical creando la CGT menemista, que participó en la entrega nacional siendo parte de los negocios de las privatizaciones.
La importancia de este desarrollo esta en la necesidad de reconocer el escenario político social en que estamos, donde debemos transformar transformándonos, construyendo nuestra Constituyente Social. Saber que el “transformándonos” se refiere a la clase trabajadora no solo a la CTA, entendiendo a ésta como motor de la construcción identitaria de la transformación, no como su vanguardia iluminada.
Tal vez nos sirva recordar que ante la convocatoria a elecciones anticipadas hecha por Duhalde en el 2003, decíamos entonces que había tres posibilidades de salida política:
1 – Un gobierno más autoritario que reconduzca el neoliberalismo imperante con más represión.
2 – Un gobierno que plantee recuperar la intervención del Estado con políticas sociales, una mayor presencia del Estado, sobre el discurso de “atender la crisis social” atacando las políticas menemistas. (Hacia un desarrollismo nacional).
3 – Un gobierno que plantee la construcción alternativa, de transformación política social y cultural. (Sostuvimos que esta tercera posibilidad carecía de representación política como consecuencia de la falta de unidad popular. Reforzábamos, entonces, la imperiosa necesidad de construir esta unidad con un Movimiento político social cultural de liberación).
La presente crisis del sistema capitalista mundial impacta sin dudas en este escenario nacional, lo que nos obliga analizar con mayor detalle nuestras dificultades y contradicciones en el conjunto político social.
Una primera dificultad expuesta, ya lo dijimos, es en cuanto a la identidad de la clase y ella, lo expresamos claramente, tiene que ver con el proyecto político social y económico, por lo tanto cultural a construir.
Es para considerar que estos posibles desarrollos políticos no tienen una clara identidad de los sujetos políticos sociales que marquen una divisoria de movimientos disputando cada una de estos proyectos.
Digamos que los sujetos neoliberales están mezclados con los desarrollistas nacionales y estos con los que plantean alternativas socialistas. He aquí el resultado profundo de la crisis de representación política por crisis de identidad en la construcción de los representados.
Esta realidad conflictiva de disputa política se da en nuestra región latinoamericana. En los procesos sudamericanos están presentes las tres líneas políticas, mencionadas anteriormente como posibles salidas en las elecciones de 2003 que ya fueron desarrolladas en el documento “Constituyente Social".
Los neoliberales (Pro-relaciones carnales con el imperio) liderados por Colombia y ahora Perú; los “progresistas” que se alejan del neoliberalismo estadounidense, proponiendo una vuelta al desarrollismo con más Estado social. Brasil es quien lidera este neo-desarrollismo sudamericano, seguido por Argentina. Y los terceros, los que tienden a la construcción alternativa al neoliberalismo capitalista e imperialista, definiéndose además por un Socialismo del siglo XXI, están el bolivariano de Venezuela y el latino-indo-afro-americano de Bolivia, podemos incorporar a este grupo aunque con menor consistencia en la identidad política en construcción, a Ecuador. También Ecuador realizó una reforma constitucional incorporando una institucionalización de mayor democracia participativa. Ya hemos desarrollado los ejes centrales de los casos venezolanos y bolivianos.
Esta realidad de mezcla en los movimientos sociales se da en todos los países, vemos que en nuestra región existen movimientos, es decir sujetos sociales que se mueven, en los tres lineamientos. En el caso de Brasil por ejemplo, el movimiento campesino organizado en el MST es claramente transformador, constituyó la unidad campesina continental con Vía Campesina y fue la creadora e impulsora de la “Soberanía Alimentaria” de los pueblos. Y apoya la integración propuesta por el ALBA.
Una cuestión a considerar es que el neoliberalismo no innovó el modelo productivo en los países subdesarrollados, lo que hizo fue profundizar la dependencia al modelo de acumulación globalizado, transnacionalizando la economía con un modelo productivo orientado al consumo de los países centrales, primario exportador, desmantelando los Estados – Nación, los estados de bienestar del desarrollismo nacional.
En el caso de Argentina, además, esta transformación estructural se realizó bajo el dominio de lo peor del neoliberalismo, que es la especulación financiera, pero con el agregado que esto fue facilitado por la estructura centralista del Estado Argentino, que se fortaleció siendo menos federal aún.
En este contexto la idea de “soberanía nacional de los estados”, sin modificación del modelo productivo, demuestra más claramente que dicha soberanía no tiene relación con la emancipación social y con la liberación de la clase trabajadora.
La crisis del 2001 en la Argentina fue una crisis del sistema tal como ahora, la crisis financiera mundial. Duhalde que se presenta como el gran piloto de la crisis, asumió un discurso desarrollista planteando que la crisis era producto del modelo financiero especulativo que había debilitado la estructura productiva.
Claro que su solución fue la devaluación y la pesificación, salvataje de los bancos, y los que terminaron pagando las consecuencia de la “fiesta casinera”, de la cual él fue partícipe, fueron los trabajadores y el pueblo, cayendo más de la mitad de la población en la pobreza. Debe entenderse que su posición no fue contra el modelo productivo neoliberal, sólo plantea que el modelo financiero menemista jugó en contra del desarrollo productivo.
No está mal recordarlo, ya que en realidad Duhalde lo que hizo fue desempolvar y actualizar su discurso electoral del 89 (era quien explicaba en que consistía la propuesta de la “revolución productiva” de la fórmula Menem-Duhalde), y ahora esta recorriendo el país (reuniéndose con sus compañeros de los 90, Busti, Puerta, etc.) Con este planteo debemos entender su posición (al igual que Sola, Menem, Reutemann, Macri y tantos otros) en cuanto a la defensa de las corporaciones rurales, es decir, del modelo productivo agroexportador sojero.
La definición más simple de la derecha (neoliberal capitalista) es que su política es la generadora de las desigualdades sociales, generadora del sometimiento de los más desiguales. Contrario al de la izquierda (socialista) constructores de políticas de igualdad social y liberación de los pueblos.
Queremos significar con esto que en el escenario político social y económico de nuestro país, los poderes económicos constituidos en los años noventa no han sido modificados, los actores políticos que expresan la disputa de la institucionalidad política son mayoritariamente los mismos protagonistas del desastre neoliberal.
Más allá de considerar que el sistema de acumulación capitalista es corrupto e inmoral por sus consecuencias genocidas, y que, ambas definiciones no se basan en análisis políticos ideológicos sino del testimonio sufriente de su praxis política, la cuestión es entender esta caracterización política del Estado–Sociedad en la Argentina, para vernos en esa realidad desde donde debemos transformarla transformándonos.
La historia nos demuestra que aún todo cambio revolucionario se realiza en un proceso de transformación cultural, existe un proceso de tránsito, un ejemplo es el transito del feudalismo al capitalismo. En este sentido, habría que asumir como realizar el transito del neoliberalismo capitalista al socialismo, con la existencia de una transición desarrollista sudamericana.
La importancia es la definición estratégica que se garantiza desde la unidad de clase popular. La soberanía popular es autogestión de los trabajadores, autogestión popular. Insistir con esto no es menor, pues un proyecto de liberación exige la construcción de sujetos que luchan por su libertad cotidianamente.
En este mismo sentido, el asumirnos como movimiento de liberación latinoamericanista, implica ser anticapitalistas y antiimperialistas, y como tal nuestro objetivo debe ser, desmontar las bases estructurales del capitalismo (tal como lo plantean los venezolanos) para construir un proyecto alternativo liberador, un proyecto propio soberano popular.
La dificultad de la unidad popular está en la dificultad de asumir la unidad de clase trabajadora considerando la simultaneidad de la lucha anticapitalista y antiimperialista. Por esto es fundamental la simultaneidad de la construcción de la unidad popular y que ella debe darse en los territorios.
En los pueblos originarios no existe esta dificultad ya que históricamente su lucha de liberación es contra la dominación imperialista y contra la explotación del trabajo esclavo, y tienen culturalmente asumido el concepto de Territorio en su construcción comunitaria.
La otra dificultad que surge, también de esta crisis de identidad, es en cuanto a la contradicción planteada en la crisis de representación política, es decir, si no hay construcción de identidad política popular no hay representación popular. Dicho de otra manera, la crisis de representación política es la crisis de construcción política de los representados.
Si la disputa electoral deviene de la falta de unidad política de los sujetos sociales que luchan por su liberación, desde la construcción concreta de transformación social, la crisis de representación política para el proyecto de transformación se profundiza. La construcción de unidad popular es construcción de igualdad social, es con esta identidad constructiva que debe avanzarse hacia la institucionalidad del Estado.
Recordamos este análisis desarrollado en el documento anterior, puesto que en Jujuy reafirmamos este camino planteando que las dificultades de construcción se superan caminando la Constituyente Social en cada territorio y en todo el territorio regional y nacional.
Lo primero que debemos dar cuenta es de la crisis mundial, que significa el derrumbe, de toda la estructura discursiva del neoliberalismo, basamento ideológico del capitalismo de este tiempo (desarrollado durante casi cuatro décadas), es que estamos ante una crisis del capitalismo global, una crisis del sistema que desnudo las debilidades del imperio.
Todos coincidimos que esto significa una oportunidad para America Latina, para la construcción alternativa, para romper con la dependencia estructural del sistema, de su sistema financiero y construir otro modelo productivo.
Pero esto no se hace por decreto, en todo caso que haya decretos orientados en este sentido tendrá que ver con el proceso de transformación dentro del mismo movimiento de liberación.
Consideramos que la actual crisis mundial del capitalismo no debería desviarnos de nuestros objetivos estratégicos, al contrario deberíamos aprovechar para profundizar y fortalecer la unidad política popular.
En primera instancia, ante el Estado nacional, bueno sería convocar a los movimientos sociales participantes de la Constituyente Social, una plenaria nacional con las representaciones sociales provinciales, para definir diez medidas entre las prioritarias, que den integralidad política orientado hacia la transformación socioeconómica, tomadas de las concensuadas en Jujuy. Y armar un Programa y un Plan de Participación Popular en su desarrollo para presentar como propuestas políticas ante la crisis.
Inclusive podría convocarse luego –también- a las distintas representaciones políticas partidarias (aún las del Gobierno) que acuerden con estas propuestas y desde esa unidad popular plantear un gran acuerdo político social que se refrende vía Parlamento, que no debe ser sólo el Programa sino que debe incluir el Plan de Participación Popular en la construcción de dichas políticas; y/o también podría plantearse directamente una Paritaria Social con el Estado federal (decimos federal y no nacional, pues el acuerdo debe ser federal).
Y si este acuerdo es rechazado, tanto en su vía parlamentaria como por el Gobierno Federal, debe resolverse una estrategia para desarrollar el Plan, que necesariamente debe construirse con la movilización social y la lucha popular, para avanzar en la transformación de una nueva sociedad.
Planificación que nos ponga definitivamente en el camino del desarrollo estratégico alternativo latinoamericano. Sería importante convocar a participar de la constituyente a los movimientos sociales que conforman el MoSIP -capitulo argentino de la ASC– y del Consejo de Movimientos Sociales del ALBA.
Para orientarnos hacia el camino propio de emancipación debemos superar, lo que no quiere decir desestimar, la consigna sindical (CSA), exclusivamente defensiva dentro del sistema, de “que la crisis no la paguen los trabajadores” en el que se plantean la necesidad de medidas políticas para defender el “empleo decente”.
Pasar a la ofensiva, es avanzar en la transformación política desde la unidad popular. La crisis del sistema, iniciada en los últimos años de la década de los noventa y que explotó en diciembre del 2001 en la Argentina, generó el fenómeno de las “fabricas recuperadas” por los trabajadores. Por supuesto, que ahora el empresariado neoliberal no tiene intensión de abandonar sus grandes fábricas. Primero por que acumularon grandes ganancias en los últimos años y lo que pretenden es mantener su rentabilidad vía flexibilización laboral y “salvataje” del Estado, manteniendo el modelo productivo de acumulación de riqueza.
Lo que proponemos es profundizar la discusión política, para definir en lo concreto un proyecto de transformación, sobre que modelo productivo asumimos autogestionar. Lo grave del planteo “salvataje” es que se trata de salvar el sistema de acumulación capitalista. Se trata de la intervención del Estado en términos de “salvataje” al sistema de acumulación y esto tiene como resultado la histórica determinación de “subsidiar” la oferta (la rentabilidad capitalista) directa o indirectamente. Modificar esta orientación requiere de la existencia de los sujetos sociales en transformación que lo exijan.
Con esto no estamos diciendo que no debemos enfrentar la pérdida de empleos, sino de cómo hacerlo y en el marco de qué estrategia. Si lo hacemos exclusivamente en la estrategia sindical tradicional o lo hacemos asumiendo los objetivos estratégicos de transformación acordados por los sujetos sociales (que incluyen los sindicales) en el compromiso Constituyente en Jujuy.
Es que la decisión histórica de transformación, liberadora, está en la propia convocatoria a la Constituyente Social. He aquí la dificultad de nuestra propia crisis de unidad política, si nos quedamos sólo en la unidad sindical tradicional y no avanzamos en la unidad de la clase trabajadora, quedaremos atrapados en una clara identidad del trabajo conservador del sistema.
Entonces, creemos que según lo acordado en Jujuy, el “Movimiento Político, Social y Cultural de Liberación” en proceso constituyente podría, ante la crisis del sistema, plantear un nuevo Acuerdo Federal sobre las bases de cambios estructurales que orienten la salida de la crisis hacia el camino propio, hacia la construcción de otro modelo, que nos permita avanzar en un sistema de mayor libertad e igualdad social. No importa cuanto se avanza en la transformación, sino si se logra acordar las bases del desmontaje estructural del sistema (el de las transnacionales, iniciando la nacionalización de los recursos naturales por ejemplo) y de la construcción de soberanía popular (Alimentaria, ingreso universal, etc.).
Lo que estamos diciendo es que no sólo debemos proponer políticas de transformación, sino que necesitamos que estas provoquen nuestra propia transformación para construir poder popular, la movilización transformadora popular para transitar hacia la nueva sociedad de los pueblos latinoamericanos.
En cuanto a los puntos prioritarios para enfrentar la crisis, consideramos imprescindible la recuperación de lo público para el pueblo. Por ejemplo, la nacionalización de empresas estratégicas (recursos naturales, energía, agua, minería, etc.). El tema energético, el agua y los servicios públicos como el transporte son básicos para la transformación productiva de la sociedad, o podríamos decir, esenciales para la reproducción social. Deberíamos como movimiento constituyente aprovechar la lucha contra el actual Tarifazo, para movilizarnos con esta estrategia.
En cuanto al desarrollo de la obra pública (que fue planteado por la Central), fundamentalmente la vivienda social, desde el Movimiento Constituyente debería ir acompañado de la propuesta concreta de la construcción con “cooperativas de trabajo” como la experiencias populares de la Tupac Amaru, el MTL, el MOI, y tantas que existen, como las que pueden crearse en todo el país.
También, sería el momento de movilizar el movimiento campesino e indígena junto a las organizaciones populares urbanas para unificar la distribución del ingreso (universal, como la “renta dignidad”, la “renta básica”, o un “seguro de trabajo”, también el salario, etc.) con la Soberanía Alimentaria. Entonces, terminar con el hambre no será solo una cuestión distributiva del ingreso sino un cambio estructural del modelo productivo y de consumo. Para desmontar la estructura de comercialización y consumo del capitalismo es fundamental territorializar la disputa cultural del sistema.
De aquí, la importancia de asociar la cultura alimentaria o de consumo con el objetivo de “vivir bien”, con el concepto de calidad de vida planteado como proyecto de Salud de los pueblos. Y por último para el sostenimiento de esta transformación es requisito indispensable una política de Educación Popular. Estos dos pilares son la fortaleza social de la revolución cubana y ahora proyectada en el ALBA.
Todas estas líneas de acción deben dimensionarse en la integración de los pueblos, por ello su desarrollo regional y nacional debe ser parte de la construcción de la unidad latinoamericana en el ALBA, en la ASC, en todo proyecto de los Pueblos Libres y Soberanos del Sur.
Es la oportunidad de avanzar, pero insistimos, tal como lo decía el Che, “la transformación de la producción debe ser simultánea a la transformación del Hombre, debemos ser productores de Hombres nuevos”. Entendemos que el transformarnos en hombres nuevos es en hombres en lucha permanente por la libertad, en sujetos sociales que sólo pueden realizarse en Pueblos Libres, asumiendo que la Libertad es una lucha constante por la vida.
La importancia de asumir esto y ahora es urgente, no por la crisis del sistema sino por nuestra propia sobrevivencia, puesto que el sistema capitalista, su modelo de explotación productiva, esta poniendo en riesgo la existencia misma de la humanidad.
Con este análisis y la reafirmación de que la construcción de la transformación la hemos definido hacer con la Constituyente Social, es que nuestra responsabilidad, la de los movimientos populares, es construirnos en poder constituyente en cada territorio, local, provincial, regional y nacional.
Una primera cuestión que consideramos esencial es en cuanto a la definición del concepto de Territorio, partiendo de que dicha definición debe darse por la propia unidad popular.
La Soberanía popular se construye decidiendo como vivir en donde se vive, es decir en cada comunidad con su naturaleza. Cada lugar contiene las identidades, de sus bienes naturales, su ambiente, de sus potencialidades productivas, de la historia y cultura de sus pueblos.
En Jujuy se vivió intensamente estas identidades demostrando que en la Argentina la existencia de los sujetos históricos está fuertemente identificada con sus territorios.
Culturas territoriales que están más allá de las fronteras políticas constituidas (municipios, provincias, etc.), es más, los territorios de la cultura incaica o andina trasciende la frontera política de los países, de la misma manera que la de cultura guaranítica o amazónicas.
Por esto, para que un proyecto alternativo popular desarrolle un sistema productivo puesto en la reproducción social, consideramos esencial reconstruir las identidades culturales desde los pueblos, asumiendo la actual diversidad, pero construyendo la colectividad en cada lugar, integrando cada territorio cultural. La integración Latinoamericana será posible con la integración de sus territorios culturales es aquí donde podemos entender y desarrollar la complementariedad productiva entre los pueblos.
Una primera necesidad de integración territorial es la unidad campo-ciudad. Esta es fundamental para resolver la construcción de otro modelo productivo orientado a la satisfacción de las necesidades de la sociedad, que sea sustentable en la preservación de la vida, de la biodiversidad. Conscientes de que la integración de los pueblos debemos construirla con democracia participativa, con la complementariedad productiva, la solidaridad social y el federalismo popular; es que desde el respeto de la soberanía particular de los pueblos, creemos posible y necesario avanzar en la integración regional para lograr la integración nacional. El neoliberalismo destruyó las economías regionales, ahora, para el proyecto soberano popular es fundamental superar el economisismo regional con el desarrollo de las culturas territoriales.
Por todo lo expuesto, es que resulta imperioso realizar los encuentros constituyentes regionales para reforzar esta línea de pensamiento y avanzar sobre las bases de la unidad popular territorial.
A fines del mes de junio debe realizarse la Cumbre de los Pueblos del Sur (paralela a la Cumbre del MERCOSUR) en Asunción Paraguay, es importante ir como movimiento constituyente regional (de integración nacional) a la Cumbre, para avanzar en la integración de los pueblos sudamericanos, para ello es necesario que articulemos la construcción de la Cumbre con los movimientos sociales del ALBA y de la ASC.
En este sentido, creemos necesario definir la caracterización política, social, histórica y cultural de los territorios regionales para la realización de su proceso constituyente.
Sostener un proceso de transformación socioeconómica requiere de políticas públicas, es decir de políticas de Estado que garanticen el transito.
Por esto, hemos asumido que este proceso de transformación requiere de acuerdos, de negociación colectiva entre Estado y Sociedad y de avance en la lucha liberadora popular.
Esto implica desarrollar una estrategia de acumulado de fuerza social para avanzar hacia el Estado. Actualmente la democracia burguesa establece en el Estado el poder constituido, al cual la sociedad se encuentra sometida. La construcción de poder popular tiene por objetivo revertir esta concepción dominante, haciendo del Estado un instrumento del poder popular.
En este tránsito los espacios de negociación los consideramos como la constitución de paritarias sociales y la mayor institucionalización paritaria es el Presupuesto Participativo. Esta concepción es absolutamente contraria al criterio de “Pacto social” de las democracias burguesas que proponen acuerdo de paz social que le permitan estructurar el “salvataje” del sistema capitalista.
En definitiva, concebimos los Encuentros Constituyentes Sociales no sólo como debate de ideas o de pensamiento nuevo, sino como avance concreto de nuevas formas de organización social, de organización productiva, de ejercicio de soberanía popular, y de recuperación territorial de nuestra cultura.
Es imprescindible superar la actitud declarativa y peticionante, para avanzar concretamente en la construcción de poder popular.
Proponemos aprovechar los congresos de la CTA para convocar a las representaciones de los sujetos diversos: trabajadores urbanos (sindicales, barriales y consumidores), campesinos e indígenas, jóvenes, mujeres y ancianos, para debatir el análisis político planteado en el documento y resolver sobre:
Los lineamientos -ejes- de la construcción estratégica.
Propuestas de acción nacional.
Propuestas de acciones y construcciones locales, articuladas provincial y regionalmente.
Trabajar en talleres de elaboración de proyectos concretos de construcción de la unidad política sobre cada lineamiento.
Proponer acuerdos con los movimientos sociales para la convocatoria a los encuentros constituyentes provinciales y regionales durante los meses de abril y mayo para avanzar en la construcción popular sobre la base de la unidad de los movimientos indígena, campesino y de trabajadores urbanos.
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