La lección salvadoreña
Lunes 16 de marzo de 2009, por Adolfo Aguirre *

La palabra clave es “transformación política”, así podemos denominar al trascendental vuelco ocurrido ayer en El Salvador, que se suma a la tendencia de la región en la que el pueblo ha depositado en el poder a gobiernos con características refundacionales, soberanistas y antineoliberales.



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Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA

El Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), luego de 20 años de gobiernos de la ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), alcanzó ayer la presidencia de El Salvador. Mauricio Funes superó el 51% de los votos es una nueva demostración que los cambios que han acontecido en la última década luego del auge neoliberal y privatizador no son pasajeros, ya que los pueblos son los que se han sublevado, han elegido el camino democrático y han refundado al Estado: así lo vemos en Bolivia, Paraguay, Brasil, Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Honduras y sigue la lista.

Y no es menor el hecho de que una organización guerrillera -que combatió tenazmente durante toda la década del 80 a gobiernos militares apoyados directamente por Estados Unidos que hizo de esta nación centroamericana uno de los escenarios de matanzas de la Guerra Fría- hoy se erija como la primera fuerza política en ese país.

El Farabundo Martí construyó si identidad en el combate contra la dictadura, en una lucha sin tregua para construir otro modelo de país y su vocación por transformar la terrible realidad de pobreza y sumisión en ese país, y esa propia convicción lo llevó a la firma en México en 1992 de los acuerdos de Chapultepec para el desarme. Luego se convirtió en una fuerza política de envergadura que le disputó al derechista ARENA todas las elecciones presidenciales, ganó intendencias, gobernaciones de provincias y bancas legislativas, hasta diputados en el ParlaCen (el Parlamento Centroamericano). Desde aquel 1992 empezó a construir una fuerza capaz de transformar al país pero por otras vías, siguió organizándose y creciendo. Y 17 años después, llegó.

No es una victoria fortuita, aislada. Es fruto de una lucha, de una coherencia en la búsqueda de trasnformar políticamente la realidad.

Justamente en la época en que surge el FMLN en el continente se comenzaba a aplicar el Consenso de Washington, con presencia del capital extranjero, la privatización de industrias, la entrega y el saqueo de los recursos naturales, la planificación y ejecución de la desigualdad social y la palabra, casi tres décadas después observamos la preponderancia de gobiernos independientes y con vocación latinoamericanista, que buscan recuperar el rol del Estado, que se asocian en objetivos comunes, que rechazan la injerencia norteamericana y que apuestan a una unidad política y transformadora, y que en estos días se vio, incluso en el rechazo tajante de gobiernos de corte conservador, como Colombia y México, a las críticas recientes de la administración Washigton en el tema seguridad, en el primer caso, y de drogas, en el segundo.

En definitiva, el escenario que nos presenta el continente hoy es de transformaciones profundas. Incluso en esta coyuntura mundial de crisis capitalista, la llegada al poder de la izquierda (en todas sus versiones y tamaños), debería también posibilitar la búsqueda de alternativas populares a la estafa mundial.

Se trata de una época sin precedentes donde ya no hay faros solitarios que deben lidiar contra la guerra sin cuartel y sin decencia del Imperio. Hoy América Latina se ha sublevado, ha elegido gobiernos transformadores y ha exigido la refundación de sus países para construir un nuevo futuro. Debemos estar satisfechos por ellos.

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