
El secretario de Relaciones Internacionales de la Central de Trabajadores de la Argentina, Adolfo Aguirre, analizó las perspectivas de los asalariados y del campo popular frente a la debacle económica.
La crisis económica que comenzó con el derrumbe de las hipotecas en Estados Unidos dejó su etapa financiera para iniciar un proceso sostenido de destrucción masiva de puestos de trabajo. El ejemplo de España es contundente: al finalizar 2008, la cantidad de desocupados ascendía a 3,2 millones y, según un estudio publicado por la prensa británica, otro millón y medio de empleados quedarían en la calle durante 2009.
Ni hablar del mismismo epicentro del terremoto, donde, a pesar del triunfo de Barack Obama, el sector privado dejó cesante a 651 mil personas en febrero último.
Y debido a la fuerte caída de la demanda mundial -con la consecuente baja en el precio de los comodities-, las medidas proteccionistas y los ajustes que las multinacionales encararon en la periferia, con la industria automotriz y metalúrgica a la cabeza. El fantasma del desempleo llegó, quizá más rápido de lo que se esperaba, a los países de Sudamérica, que aparecían como blindados por tener sistemas productivos con poco nivel de endeudamiento.
En ese marco, el equipo de Pasaporte Común entrevistó al secretario de Relaciones Internacionales de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), Adolfo "Fito" Aguirre, para analizar desde una perspectiva gremial, el presente y las alternativas a futuro de los trabajadores de la región.
No obstante, el dirigente -que llegó media hora tarde a la entrevista pero con aviso [perdonado]- prefirió comenzar el diálogo con una retrospectiva para señalar que cualquier plan de acción no puede obviar que la fuerza popular comienza diezmada tras un período de feroces dictaduras y una estrategia de “desigualdad y el desempleo” que tuvo como objetivo “asegurar una transferencia criminal de renta del Trabajo hacia el Capital” y significó “la avanzada del ganador de la Guerra Fría”.
Además, señaló la necesidad de tener en cuenta que “nuestra América tiene una tradición movimientista y de revueltas políticas que atravesaron las distintas etapas” o que “tuvimos períodos netamente nacionalistas como los de Juan Domingo Perón (en Argentina) y Getúlio Vargas (en Brasil)” donde “el protagonista era el Estado de bienestar con mecanismos de distribución posibilitados por las alianzas con la clase obrera”.
Con esas aclaraciones, Aguirre se refirió al derrumbe que lideró Wall Street como “la caída de una ficción que cubría que la humanidad estaba siendo aplastada, donde, según el Banco Mundial, un Estado mínimo debía encargarse de la salud, educación y seguridad y el resto pasaba al libre comercio; pero la competencia era matar al otro”.
(A esta altura el entrevistado habla con fuerza como queriendo que no se interrumpa la respuesta, se agarra de la silla, se acomoda y mira levantando las cejas). Dice que ese período de “derrota” donde “se transfirió todo lo que se podía”, la “resistencia popular” para detener las políticas imperialistas también cosechó éxitos como “el freno” a la propuesta de integración asimétrica que impulsaba Estados Unidos bajo el seudónimo de Área de Libre Comercio para las Américas (ALCA). Y esa experiencia confrontativa que comenzó en los años 70, consideró Aguirre, tiene ahora como conclusión una serie de presidentes sudamericanos que “saben decir no”.
En esa sintonía, "Fito" destacó el rol de Brasil y su jefe de Estado, Luiz Inácio Lula da Silva: “Es una referencia regional de garantía para que no aplasten otras experiencias hermanas como la de Evo Morales en Bolivia. ¿Qué hubiese pasado si no estaba Lula cuando Evo nacionalizó los hidrocarburos en Bolivia? (hace una breve pausa y contesta solo) ¡Y, lo invanden!. El otro caso es cuando (el mandatario paraguayo) Fernando Lugo comenzó sus reclamos por (la represa hidroeléctrica de) Itaipú, en momentos la derecha brasileña pujaba para pasar a todos por arriba”.
También ponderó que Lula se mantenga como un “gran constructor de la teoría de las democracias expansivas, de ser fuerte entre muchos”, cuando la nación que capitanea “se ha convertido en actor global y los creadores de la ficción lo que quieren subir a su mesa para que sea parte de las pérdidas”.
Aguirre y otros integrantes de la CTA participaron de la última edición del Foro Social Mundial, que se realizó en la ciudad brasileña de Belem en enero pasado, donde “la sensación era que se terminó la etapa de los diagnósticos y llegó un momento en el cual tenemos presidentes y tenemos organizaciones para imaginar que, durante los próximos años, sucedan cosas deseadas”.
Al respecto, estimó “la construcción de alternativas como el inicio de la ofensiva” en un marco donde “la presencia de los presidentes en el Foro (estuvieron Lula, Morales, Lugo, el venezolano Hugo Chávez y el ecuatoriano Rafael Correa) le dan legitimidad a las organizaciones populares para que no sólo sean resistidoras, sino que sean productores y promotoras de proyectos”.
“El sur, más allá de los recursos naturales, es un reservorio muy importante desde lo político, social y humano para pensar otro mundo”, manifestó y, en ese sentido, destacó la necesidad de nutrirse y trabajar en conjunto con las centrales obreras de Sudáfrica, Corea del Norte y Brasil, que tienen “la conciencia de decirle ‘no’ a la desigualdad”.
Azuzados por la incertidumbre reinante, desde un tiempo a esta parte, funcionarios, sindicalistas, más que nada desde la Confederación de Trabajadores Argentinos (CGT) y empresarios argentinos comenzaron a evaluar la posibilidad de conformar un consejo económico y social para equilibrar los intereses de cada sector y proteger el crecimiento generado desde 2003, cuando asumió Néstor Kirchner hasta la actualidad.
Sobre esa propuesta, Aguirre comentó: “(Desde la CTA) no nos vamos a oponer a ningún ámbito de conversación pero hay que saber que, en el pasado, esos instrumentos nos han llevado al fracaso y el trabajador pierde 2 a 1 porque se asocian el Gobierno con la patronal”. Ahora, por ejemplo, en Argentina se llevan gran parte de la guita (dinero) del ANSES (la Administración Nacional de la Seguridad Social) para electrodomésticos, autos, otros y le dan ochenta pesos a los jubilados, o sea que perdemos”.
“Por ejemplo, para lograr una asignación universal para todos los menores de 18 años -una de las propuestas históricas de la CTA- otro interés tiene que ceder cosas y no va querer; entonces hay que pelearlo y ahí aparecen los límites del diálogo y empiezan a jugar las relaciones de fuerza”, añadió.
Por último, Aguirre compartió con Pasaporte Común el reclamo de la CTA por una “nueva geografía del comercio mundial, como dice Lula”, que rompa con un esquema a imagen y semejanza del primer mundo donde “Venezuela le dé al petróleo; Bolivia, al gas; y Argentina, Uruguay y Paraguay a las materias primas agrícolas”.
“Creemos en la complementariedad porque de la globalización no nos vamos a salir; entonces, tenemos que lograr que algunos barcos de Petrobrás (Petróleos de Brasil) se hagan en Argentina o Chile y así en todos los ámbitos. Y eso requiere de mucho esfuerzo diplomático y voluntad política”, concluyó.
Declaraciones de Adolfo Aguirre en Pasaporte Común, el programa de radio de la Asociación Periodística del Mercosur (APM) que se emite los domingos a las 18.00 por Radio Universidad Nacional de La Plata, AM 1390, y puede escucharse por Internet en www.lr11.com.ar
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