
Aletargados por el genocidio y la destrucción de su cultura, los pueblos originarios de todo América Latina no dejan de tratar de reconocerse a sí mismos a través de encuentros, nuevas formas organizativas, espacios de poder en los gobiernos populares que van surgiendo en el continente.
Como todo pueblo colonizado que recupera su historia, ellos descubren que la memoria suele ser: un arma cargada de futuro.
En los últimos días se desarrollaron dos eventos de importancia relacionados con la organización y defensa de los derechos de los pueblos originarios. Son la creación del Observatorio de Derechos Humanos de los Pueblos Indígenas y, un encuentro que reunió en la provincia de Buenos Aires a organizaciones políticas territoriales de comunidad que habitan el territorio nacional.
ACTA dialogó con dirigentes de ambos espacios.
El Observatorio de Derechos Humanos de Pueblos Indígenas fue creado en la provincia de Neuquén, a raíz de una iniciativa de la Confederación Mapuche Neuquina y sectores de derechos humanos de la región.
Forman parte del Consejo Asesor de la entidad Victor de Gennaro de la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA), el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, el cineasta y dirigente político Fernando Pino Solanas y Rodolfo Mattarollo, consultor de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, entre otros.
Su presidente, el abogado Juan Manuel Salgado, ex juez penal de la provincia y ex decano de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad del Comahue explicó a ACTA que el Observatorio “es una organización no gubernamental que va a recopilar información y conocimientos para sostener la aplicación de los derechos de los pueblos indígenas. En esa actividad incluimos informes y denuncias internacionales y la posibilidad de trabajar con organismos oficiales. La Argentina tiene una enorme deuda con los pueblos indígenas. Incumple normas de la Constitución, leyes, no se respetan derechos reconocidos en la misma carta de las Naciones Unidas.
Un punto central son los desalojos. Continúan en todo el país.
A nivel nacional hay una ley muy tibia que suspende los desalojos, nadie la cumple. Se habla de los desalojos por el tema de la soja pero también se producen por muchos otros factores como la actividad minera, destrucción escandalosa de bosques como en Salta, venta de grandes extensiones de tierras a extranjeros o la simple prepotencia y la impunidad de algunos terratenientes.
Cuando se constatan las condiciones en la que sobreviven los pueblos originarios, en zonas como en el Impenetrable chaqueño, cabe preguntarse si el genocidio terminó.
No mata solamente el hambre o la falta de atención médica. La destrucción de la cultura, la imposición de otra que le es ajena al pueblo sometido, también es un crimen. Estamos hablando de la actitud que tienen los estados nacional y provincial frente a los pueblos originarios.
A muchos kilómetros de Neuquén, en Almirante Brown, se llevó a cabo el Encuentro Nacional de Organizaciones PolíticoTerritorial de los Pueblos Originarios.
Según explicó a ACTA Carlos Flores, de la Unión de los Pueblos Diaguitas: “Es una autoconvocatoria de las organizaciones político territoriales de los pueblos indígenas de la Argentina. Venimos a tratar temas como autodeterminación, salud, educación. Nos trae la idea de que el próximo Bicentenario encuentre un país donde se respete la multiplicidad cultural que lo forma”.
Flores confirma el problema de los desalojos que “se repiten en todo el país. Se ha logrado la aprobación de una ley que los suspende pero los jueces no la conocen”.
¿No conocen la Ley o no les interesa conocerla?
Obviamente tenemos esa duda. Lo que pasa es que los pueblos originarios y nuestra problemática en general es silenciada por los grandes medios. No tenemos poder.
Son precisamente aquellos lugares donde se ha podido resistir con más éxito la colonización donde más difícil se le hizo entrar al neoliberalismo. ¿A que puede atribuirse?
Salgado: Hay mucho que aprender de la organización social de los pueblos originarios. Es mas horizontal, asamblearia y menos autoritaria. Su relación con los recursos de la naturaleza es diferente. Todo esto ha chocado con la ofensiva neoliberal de los años 90. De cualquier manera, la segregación también es fuerte. En Villa La Angostura, que se convirtió en el paraíso de la inversión turística está quedando demostrado que algunas formas de “desarrollo” lejos de mejorar la calidad de vida la empeoran. Días atrás el Concejo Deliberante de esa población historicamente mapuche, emulando al de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia, la declaró “municipio blanco”.
Flores: Después de la colonización y el exterminio, se intentó frenar toda forma de organización indígena. El surgimiento de movimientos populares en América Latina viene acompañado del reconocimiento de la diversidad cultural. Y entonces esos pueblos, a veces mayoritarios, empiezan a ser oídos, respetados. Es lo que intentamos.
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