Trabajo y Cultura
Miércoles 8 de abril de 2009, por Juan Carlos Giuliani *

En una acepción generalizada, bien puede definirse a la Cultura como la voluntad ancestral del hombre por transformar la naturaleza para ponerla a su servicio. De allí se desprende la noción de que el trabajo es cultura, dado que no hay ninguna posibilidad de dominar a la naturaleza sin el esfuerzo humano.



*

Secretario de Comunicación y Difusión de la CTA.

Siguiendo esa línea de razonamiento el trabajador, en cuanto sujeto social, es productor de cultura y, mal que les pese a los “gurúes” de la city, creador de la riqueza de las naciones.

Por supuesto que esta concepción indigesta a los círculos elitistas de la “ilustración” que, como expresión orgánica de las clases dominantes, se han adueñado del conocimiento intelectual, científico y tecnológico para ponerlo al servicio de la explotación de nuestro pueblo y el despojo de la Nación.

Para los que justifican la división histórica entre trabajo intelectual y trabajo manual –“Pienso, luego existo”- existe una superioridad manifiesta de los “pensadores” por sobre la masa de mujeres y hombres que anteriormente fungían como esclavos o siervos de la gleba, y actualmente lo hacen como mano de obra barata.

Cómodamente apoltronados dentro de una campana de cristal aislada del mundanal ruido, o tras los muros elitistas de la universidad, pontifican a diestra y siniestra sobre el pasado, el presente y el futuro de la humanidad, negándole a la “chusma” posibilidad alguna de producir y emitir, con su propio lenguaje, el bagaje doctrinario que se desprende de su práctica cotidiana.

Es necesario, entonces, interpelarse acerca de la necesidad de la clase trabajadora de reapropiarse del conocimiento para elaborar, sintetizar y ejecutar su pensamiento propio.

¿Acaso los trabajadores de agua pesada o de una central nuclear no tienen nada para decir sobre el desarrollo de un plan estratégico de energía nuclear en el país?, ¿y los de la cultura y la comunicación no pueden opinar sobre la postergada sanción de una nueva Ley de Telecomunicaciones?. ¿La Reforma Financiera no es asunto de los bancarios?, ¿no son los maestros, profesores y auxiliares los más indicados para intervenir en una Ley de Educación que contemple desde el nivel inicial hasta el superior?. ¿Los médicos y enfermeros, inspirados en el ejemplo de Ramón Carrillo, no tienen conciencia que ante la crisis sanitaria agobiante es imperioso refundar un Sistema Nacional Integrado de Salud?

Lo mismo vale para los trabajadores estatales que conocen muy bien los resortes para devolver el Estado a la Nación, ponerlo al servicio del pueblo y sacarlo de la órbita de influencia de las corporaciones hegemónicas. Ni que hablar de la capacidad de los obreros y empleados de la industria, el comercio y los servicios en su más variada gama de oficios, para participar en la discusión de un nuevo paradigma de modelo productivo que sirva a los intereses de los argentinos y preserve el medio ambiente.

¿Alguien cree, en su sano juicio, que los pueblos originarios y el campesinado no tienen aptitud para llevar adelante la Reforma Agraria, o que los trabajadores de las organizaciones territoriales no saben nada de vivienda popular?.

¿El ejemplo del trabajo autogestionado y las empresas recuperadas pos crisis 2001 no alcanza para demostrar la creatividad de los trabajadores para ser artífices de su propio destino? Porque, al menos hasta aquí, se tiene conocimiento del funcionamiento de empresas con patrón y trabajadores; y de unidades productivas sin patrón, administradas directamente por los obreros, pero no se conoce de la existencia de ninguna empresa que produzca sólo con el patrón.

A mediados del siglo pasado se pusieron en práctica planes de reivindicación del trabajador en el plano de su capacitación profesional con la creación en 1948, y su efectiva fundación en 1952, de la Universidad Obrera Nacional (UON).

Lo que posteriormente se va a transformar en la Universidad Tecnológica Nacional consistió en un proyecto que destacaba la idea de que la industria nacional debía ser dirigida por técnicos argentinos y desarrollada por obreros argentinos, lo cual posibilitaría a los trabajadores escalar posiciones antes negadas. El objetivo no era sólo jerarquizar y capacitar profesionalmente a los trabajadores como una reivindicación social, sino evitar la formación de meros intelectuales.

Quizás haya llegado el momento de reintentar una experiencia semejante que sirva de punto de inflexión entre la etapa de defensiva estratégica y la de ofensiva popular: La creación de una Universidad de los Trabajadores donde los jóvenes mamen la historia del movimiento obrero contada por sus propios protagonistas y sean partícipes de la forja de un nuevo pensamiento en clave de emancipación.

recibir ACTA en tu correo electrónico

Piedras 1065 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina

(5411) 4307-6932 - prensa@cta.org.ar - www.cta.org.ar


sitio desarrollado en SPIP y alojado en www.redcta.org.ar