
En 1886, siete dirigentes obreros fueron ahorcados en la ciudad de Chicago como escarmiento a miles de trabajadores que se movilizaron para imponer la jornada de 8 horas. La sentencia se hizo efectiva el 1º de mayo.
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* Delegado en la Junta Interna de ATE-INDEC |
A partir de entonces el 1º de mayo empezó a ser reconocido como la fecha por excelencia del movimiento obrero mundial.
Hoy, cuando la crisis capitalista que empezó a descargarse masivamente sobre los trabajadores de otros países nos amenaza también a nosotros, habiéndose producido ya miles de despidos y suspensiones, el 1º de mayo nos obliga a pensar seriamente en la necesidad de prepararnos para impedir que el poder económico haga pagar a los que trabajamos por un sueldo los efectos de su ostentoso enriquecimiento de los últimos años.
En estos años, lejos de mejorar la situación del conjunto de la población en una medida equivalente a las ganancias obtenidas por el empresariado y las reservas acumuladas por el Estado, millones de trabajadores siguieron en la pobreza y aun en la indigencia, continuó la práctica del trabajo en negro, perpetuándose inclusive en el Estado esa forma de fraude laboral constituida por los contratos basura y el empleo precario, el retraso salarial es crónico y las paritarias truchas, en las que todo está decidido antes de discutir con los trabajadores, fueron la política habitual.
Por encima de los discursos que buscan distraer de esta realidad y tomarnos por sorpresa cuando el cuello de botella de las elecciones legislativas haya pasado, cualquiera sea su resultado, nos encontraremos frente a la verdadera situación, a los verdaderos planes que se discuten en la alturas.
La CTA, en la Jornada de Lucha del 22 de abril, en la que un centenar de compañeros del INDEC estuvo presente, sostuvo sobre los planes de los grandes propietarios: “La salida de la crisis no es la que plantean los agrupamientos empresarios. No se puede aceptar la devaluación con congelamiento salarial que promueven los del sector industrial, ni la extorsión de la eliminación de las retenciones por parte de los ruralistas.
En cualquiera de las dos variantes, terminamos perdiendo los asalariados para que ellos se sigan asegurando mayores ganancias”.
Por eso es impostergable prepararse para luchar en los próximos meses contra la postergación salarial y contra los intentos de usarnos como variable de ajuste.
En nuestro lugar de trabajo, decenas de casos de discriminación, hostigamiento, distribución inequitativa y absurda de plata bajo la forma de complementos salariales -que en un marco en el que se perpetua la inestabilidad laboral son usados como chantaje-, confirman, contra todo discurso tranquilizador, la necesidad de fortalecer la organización sindical, atacada por las autoridades cuando no le sirve para disciplinar a los trabajadores. Nadie va a regalarnos nada. Los “favores” crean obligaciones más caras de pagar que los problemas individuales que resuelven y además, tienen fecha de vencimiento.
Hay que reafirmar nuestra condición de compañeros para prepararnos frente a un escenario de crisis. Nuestra arma es la organización voluntaria y libre.
La organización de los trabajadores no puede imponerse, solo puede construirse con la participación democrática de los que están unidos por compartir la condición de asalariados.
En este 1º de mayo conviene recordarlo.
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