
Freire nos acompañó toda la mañana haciéndonos resonar su idea: “la cultura no es atributo exclusivo de la burguesía. Los llamados ’ignorantes’ son hombres y mujeres cultos a los que se les ha negado el derecho de expresarse y por ello son sometidos a vivir en una ’cultura del silencio’ ".
Estos hombres y mujeres, estos vecinos, nosotros, empezamos a romper esta cultura del silencio, a darnos cuenta que somos parte de la historia, que tenemos mucho por contar, mucho enseñar, muchos saberes que hemos acumulado por siglos, que han sido transmitidos de generación en generación, oralmente, como es la memoria de nuestros pueblos.
Así María, con un poco más de treinta años, un hijo de catorce, que trabaja desde los seis y que no terminó séptimo grado, está ayudando a los más chicos a tomar su palabra, a ser hacedores de la historia, los ayuda a leer, a escribir y a hacer las tareas. Ella es una compañera de la Villa Sur Oeste que de a poco se fue acercando, se fue integrando, y de a poco fue descubriendo que para tener más fuerzas tenemos que organizarnos. También así, de a poco fue recuperando la solidaridad que a tanto machaque nos quieren quitar. En ese momento, Freire nos vuelve a iluminar con su sabiduría, recordándonos que “el estudio no se mide por el número de páginas leídas en una noche, ni por la cantidad de libros leídos en un semestre. Estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas”.
Por otro lado, lo vemos llegar a César, un joven de sólo veintiún años que vuelve de laburar en el campo vecino, como lo hace desde los once años. Él vive solo, ha tenido una historia muy dura, pero no esta caído, sabe que debemos estar en píe, ellos nos quieren tristes y derrotados. Él también recupera su voz día a día, su forma de luchar con alegría son las poesías, el llega cansado y se sienta a escribir, a relatar, a poner en palabra aquello que sueña.
También está Brian, que con nueve años vende rosquitas todos lo días, pero que además es un excelente alumno, y ahora se lo escucha repetir las estrofas de la poesía que deberá leer en el acto del 25 de mayo, tomando la palabra y demostrando que los chicos de la villa también son parte de la historia y quieren actuar en ella.
Silvia, esta haciendo el guiso, con ese aroma inconfundible que nos envuelve en confianza, y entonces comienza a enunciar sus problemas, su forma de ver las cosas, sus percepciones, intercambiamos ideas, charlamos, nos enrriquecemos, nos reímos. Hablamos de la salud, de los servicios públicos, y ella nos cuenta la vez que con un preinfarto camino hasta el hospital, “casi me muero” nos dice. Por ello, Romi tomó una lapicera y comenzó a revisar a cada vecinito, a ver sus dientes, a relevar las enfermedades de cada uno, de los chicos y los grandes y problematizada por la realidad comenzó a indagar por soluciones, por antiguas luchas que nos den luz sobre estos viejos problemas.
Después de unas horas, el guiso está listo. De a poco se van acercando las familias, y así otro miércoles más, entre compañeros y compañeras, hemos cocinado para toda la Villa Sur Oeste, un barrio de la periferia de Rafaela, provincia de Santa Fe.
Equipo de Comunicación de la Juventud de la CTA Castellanos, Santa Fe
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