
Ayer se conmemoró el Día Internacional de las Trabajadoras Sexuales. Para Elena Reynaga, secretaria general de la Asociación de Mujeres Meretrices de la República Argentina (AMMAR-CTA), “vale la pena recordar que esto no es un festejo".
Se eligió el 2 de junio porque en la misma fecha del año 1975, en Francia, ciento cincuenta mujeres mujeres trabajadoras sexuales ocuparon una iglesia para protestar por el hostigamiento policial y los crímenes, que se sucedían uno tras otro. "El pueblo protegió y apoyó la huelga hasta que una feroz represión desalojó la iglesia”.
Por primera vez las mujeres trabajadoras sexuales rompieron el muro del silencio gritando su dignidad y sus derechos. Quedó en la memoria popular, como signo del valor, la dignidad y la fuerza de las trabajadoras sexuales.
"Nuestra lucha de cada día y de todos estos años, no es otra cosa que lograr que se nos deje de ver como un objeto de explotación para pasar a ser sujeto de derecho. Esa es la pelea”, advierte Reynaga quien dialogó con ACTA.
A continuación, parte de la charla mantenida con la integrante de la Mesa Nacional de la CTA:
¿En qué medida se van visualizando los avances de esa lucha?
Le debemos mucho a la Central de Trabajadores de la Argentina y a Víctor de Gennaro. Fueron los primeros en reconocernos, darnos un lugar junto a los trabajadores y su lucha. Falta mucho por hacer. No obstante, hace algunos años era impensable que ingresáramos a una Comisaría a interesarnos por la suerte de una compañera y se nos tratara con respeto. Hemos terminado con edictos. Logramos cambiar legislación. Se hizo mucho. Por sobre todas las cosas demostramos y nos demostramos lo que vale la lucha y la organización.
Habla de la represión. Sandra Cabrera asesinada en Rosario por denunciar la corrupción policial ha sido siempre una bandera de AMMAR.
Está ligado con eso que le decía de reconocernos como objeto de derecho. Fijese que las únicas participantes en el proceso por el asesinato de Sandra era trabajadoras sexuales. El juez dictaminó que nuestros testimonios no eran válidos. Para él “las prostitutas no son de fiar”.
¿También hay una cuestión de género?
Es claro. Hay también hombres que se prostituyen pero como lo hacen con jueces, políticos, intelectuales no son mal vistos por la sociedad o se los pasa por alto, es como si no existieran.
Cuando encontramos alguien a quien amar la sociedad enseguida dice que es un proxeneta. El sexo y la clase son importantes, en la explotación sexual. La mayoría de las compañeras viene de la pobreza, del hambre.
¿Cuáles son las reivindicaciones fundamentales de la etapa?
Derecho a la salud, la educación, vivienda digna, es decir a estar protegidas de la violencia. Derogación de los códigos contravencionales.
Vivimos en un sistema que se especializa en ocultar a sus víctimas. Los desocupados tienen la cárcel, el desamparo de sus hijos se oculta tras el tráfico de drogas, o escuelas del delito como los institutos, las meretrices: la zona roja.
Para que ste sistema funcione se necesita de protección policial, política, judicial.
Todo el mundo sabe que la prostitución no se transforma en empresa si no cuenta con la complicidad del poder, que se financia de ella, pero a la vez, en su falsa moral, la reprime. Suele pasar que el mismo policía que arresta a una prostituta explota a otra mujer en el mismo barrio.
Algunas cosas no cambiaron desde aquel 2 de junio de 1975 cuando todas aquellas prostitutas hicieron escuchar su protesta en Francia. La lucha de esta versión moderna de "María Magdalena" es la misma aunque mejoró la organización y cada vez más trabajadores entienden cuando Reynaga habla de “hermanos de clase”.
“No somos diferentes, no queremos que nos traten como diferentes” subraya Reynaga, con toda una historia de lucha y convicciones que uno siente pesan en cada una de sus palabras. Su gremio representa a quienes ejercen “la profesión más vieja del mundo”, tan vieja como la explotación del hombre por el hombre.
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