
Por María Mendez. “Yo aborté”. La frase se reproducía en decenas de carteles que decididas mujeres llevaban en la marcha del Día Internacional de la Violencia contra la Mujer. Desde la Plaza de Mayo hasta el Congreso Nacional, donde se entregaron las firmas recolectadas en la Campaña Nacional por el aborto Legal, Seguro y Gratuito, miles de mujeres y hombres de todo el país marcharon en Buenos Aires para decir una vez más: “Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir”.
Pintada de verde y violeta, la marcha avanzó por las calles porteñas a pesar del sol abrazador y frente a la mirada de muchos, que se acercaban a la vereda a preguntar de qué se trataba o mujeres que querían firmar las planillas. El verde es el color de la campaña por el aborto legal, que cientos de organizaciones sociales y de mujeres, entre las que se encuentra la CTA, impulsaron en todo el país desde el 28 de mayo de este año. Y el violeta, el color de las mujeres, que orgullosas llevaban en pancartas y pañuelos.
Desde mayo, se han recolectado más de 10 mil firmas cada mes, y este viernes fue entregada la primera tanda de planillas, alrededor de 2000, a distintos diputados nacionales que impulsarán en el Congreso Nacional un debate serio y responsable sobre la salud reproductiva, el derecho a decidir y la despenalización y legalización del aborto. Estas medidas implicarían, según explicaron las representantes de las organizaciones convocantes, la correspondiente “atención gratuita en los hospitales y obras sociales y el cumplimiento de la resolución ministerial sobre la atención humanizada del pos-aborto”.
La columna de la CTA marchó al compás de los bombos y de las distintas canciones que entonaban las trabajadoras estatales, sexuales, de los barrios y docentes, entre otras. “Qué destino, qué destino: muere una mujer por día, por aborto clandestino”, cantaban allí mientras más adelante se oía: “Se va a acabar, se va a acabar, esa costumbre de golpear”. Estela Díaz, secretaria de Género e Igualdad de Oportunidades de la Central y coordinadora de la organización de la marcha, aseguró que “hoy comienza la segunda instancia: estamos pidiendo a los legisladores que formen una comisión tripartita: Poder Ejecutivo, Legislativo y organizaciones sociales para discutir en conjunto los cambios en la legislación y la legalización definitiva del aborto. Además de que se cumpla la ley de educación sexual”.
Además de Díaz, estuvieron presentes otros representantes de la CTA, como Edgardo Depetri, Claudio Lozano, Claudia Baigorria, Fabio Basteiro, Laura García Tuñon, Jorgelina Sosa, Eva Mora y Natalia Robledo. “Es hora de terminar con las hipocresías y es importantísimo el trabajo que se ha hecho en los últimos meses y que ha ganado la capacidad de instalar el debate público”, expresó Lozano durante la caminata.

La periodista Liliana Daunes y la actriz Cristina Banegas fueron las encargadas del acto frente al Congreso, en el que se leyeron distintas adhesiones y un documento final consensuado por todas las organizaciones convocantes. “El 70 por ciento de las muertes en días de gestación son producidas por abortos clandestinos. Más del 15 por ciento de ellas son en adolescentes menores de 20 años”, explicaron a los manifestantes desde el palco mientras las columnas se acomodaban sobre la Avenida Rivadavia.
“La ilegalidad del aborto da lugar a prácticas diferenciadas según la condición socioeconómica de la mujer y a la falta de información. Mientras que las de los sectores mejor ubicados social y económicamente acuden en forma privada a profesionales idóneos, las pertenecientes a las franjas más pobres sólo tienen acceso a procedimientos caseros o de baja calidad, y por lo tanto, riesgosos para su salud y su vida. No queremos ni una sola muerte más por abortos clandestinos”, expresa el documento en uno de sus primeros párrafos.
Además, indica que en razón de la defensa de los Derechos Humanos, “el derecho al aborto seguro supone el reconocimiento de los derechos sexuales y los derechos reproductivos como parte sustancial interdependiente e indivisible de aquellos. Por lo tanto, exigen el mismo grado de garantías del Estado para que se efectivicen en simultaneidad con los demás derechos humanos: civiles, políticos, culturales, económicos y sociales”.
También el documento habla del Estado y la Iglesia. “Necesitamos un Estado laico que no imponga reglas desde una teología moral, y que ejecute políticas públicas para habitantes de distintas creencias religiosas, o para quienes no las tienen. Necesitamos políticas públicas para todas y todos en el respeto por la democracia, la pluralidad y la legítima diversidad que supone un Estado que descansa en la soberanía popular y no en un poder emanado de creencias religiosas, que legisla en nombre de Dios y de lo supuestamente sagrado”.
Finalmente, reconoce “en cada una de las miles de firmas de varones y mujeres que llenaron nuestras planillas, el valor político que tiene cada una de ellas. Son la expresión personalizada de una opinión pública que deja de ser anónima para identificarse con su firma y documento a pesar de las amenazas de la jerarquía católica a quienes voten a candidat@s que apoyan el derecho al aborto en alguna circunstancia. Estas firmas son el testimonio de la necesidad de lograr cambios y de hacer visible el tema de las consecuencias de la ilegalidad del aborto que la presencia continua de la Campaña ha logrado”.
“La mujer decide, la sociedad respeta, el Estado garantiza”, expresaba con fuerza Cristina Banegas y una joven, desde abajo del escenario, repetía en voz baja esas palabras.
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