Neuquén
Van Bredan: El mundo del trabajo
Lunes 8 de junio de 2009, por Corresponsalía Neuquén *

Orlando Van Bredan se define como un docente, un trabajador que desde muy chico sintió la pasión por la escritura y tuvo, de acuerdo a sus palabras, el privilegio de poder escribir durante toda su vida y eso le ha permitido dar a conocer su obra literaria.

Nació en Villa San Marcial (Entre Ríos) en l952. Es profesor en letras. Tiene a su cargo las cátedras de Teoría Literaria y Literatura Iberoamericana en la Universidad Nacional de Formosa. Ha abordado el cuento, la poesía, la novela breve, el ensayo y el teatro. Gracias a su novela “Teoría del desamparo”, se hizo acreedor del Premio Emecé 2007. El jurado formado por los novelistas Vlady Kociancich, Andrés Rivera y Abelardo Castillo eligió a la obra ganadora por unanimidad.

Convocado por la organización de esta convocatoria de relatos sobre el mundo del trabajo que ha formulado la Central de Trabajadores de la Argentina de Neuquén respondió generosamente tratando de ayudar a la gente que desee participar con una obra literaria o con una anécdota que tenga que ver con el mundo del trabajo.

A continuación un extracto de la charla que mantuvo en el espacio radial de esta convocatoria.

"A partir de los miedos que surgen frente a la posibilidad de escribir, lo primero que cabe considerar es que los miedos que tiene quien escribe son los mismos que tiene que vencer quien por ejemplo enfrenta un micrófono o una cámara por primera vez, cuando de pronto pasa a una situación que no es la suya. Sucede que generalmente la gente que está ligada al mundo del trabajo (del trabajo manual, no del intelectual, que es otro tipo de trabajador), aquel que ha desarrollado su vida laboral sin el entorno de los libros y la escritura, ante el desafío de tomar la palabra y volcar su experiencia por escrito siente que tal vez no pueda hacerlo.

En ese sentido yo quiero decir que en principio hay que partir de la idea de que el idioma, el idioma que hemos adquirido desde niños, las palabras que nos han dado (y que no nos pertenecen ni a nosotros ni a nadie en especial), el lenguaje, son una construcción de todos, que la hacen todos los hombres y las mujeres, desde los intelectuales hasta quien no tuvo la posibilidad o el deseo de adquirir una formación escolarizada. Todos hacen su aporte al lenguaje, de modo que todos tenemos derecho a emplearlo y debemos acercarnos a su uso con naturalidad.

Quiero rescatar una idea de Julio Cortázar que siempre me pareció muy interesante. Cortázar decía que el argentino es muy astuto a la hora de hablar, a la hora de argumentar, a la hora de defenderse, pero cuando lo hace en forma oral. Sin embargo en el momento de escribir se olvida de eso y se acartona, se almidona, se pone solemne; y eso hace que muchas veces el discurso que produce no tenga los resultados que esperaba. Digamos que hay dos argentinos, uno el que habla y otro el que escribe. Esto lo decía Cortázar en general, y en este caso viene muy bien, porque cualquier argentino, cualquier trabajador, cualquier persona, es generalmente reconocido por su humor, por su astucia.

Todos los días escucho en la calle frases, impresiones, que me hacen pensar que la mejor literatura es la que nunca ha sido escrita y que circula en la calle… De modo que para mi uno de los primeros elementos a tener en cuenta es tratar de escribir como si estuviéramos hablando. Esto en un primer momento puede parecer difícil, pero cuando uno lee a los grandes escritores, como Cortázar, como Saramago, o como otros, como David Viñas, Abelardo Castillo, que son grandes escritores, o también a los más jóvenes, siente que si nos llegan, si nos conmueven, es porque su narrativa se ha acercado lo más posible al pueblo. Incluso un escritor como Roberto Arlt, me gusta precisamente porque por ejemplo en El Juguete Rabioso, los personajes surgen a partir de esa habilidad que tenía él para escribir como si estuviera conversando".

Historias cotidianas

"Otro aspecto que me parece importante para tener en cuenta es que no se trata de contar grandes historias, sino la pequeña historia: todos lo que son trabajadores o que lo fueron alguna vez recuerdan alguna anécdota relacionada con el mundo del trabajo. Una anécdota que nos ha dolido, que puede tener que ver con un conflicto, pero también aquello que nos ha llenado de alegría, de satisfacción. Esa pequeña historia puede servir si se la cuenta con la mayor naturalidad posible. Y contar preferentemente desde la primera persona, tratar incluso de ver desde ese lugar aunque nosotros no hayamos sido el protagonista, y ver que pasa.

Ponernos en la piel de ese hombre o esa mujer y contar la historia como si a nosotros nos estuviera sucediendo. Y contarla con las palabras de todos los días, porque no existen palabras mejores que otras, más prestigiosas, solo existen las palabras adecuadas, que son las que salen cuando tenemos que “decirlo así”. Cuéntelo, estimados amigos, estimadas amigas, como si esto lo tuviera que contar en una ronda de mate a sus compañeros cotidianos. Y un consejo: si no se anima a escribir, grábese, dramatícelo, encienda el grabador y a ver que sale.

Yo creo que hay que matar ese fantasma de que no es posible hacerlo, yo creo que hay que animarse, porque esta convocatoria, que es para mi maravillosa, va a permitir conocer el trabajo desde adentro, desde su misma médula. Otro consejo, y lo digo como docente, como profesor de lengua: no se enreden con oraciones largas, las oraciones largas no son siempre las mejores. Yo recuerdo un profesor que nos decía: “ en una oración tiene que haber una sola idea, de modo que una oración tiene que tener a lo sumo diez palabras”. A lo mejor se les va un poco más allá, o más acá, pero si ustedes pueden contar así…, poniendo un punto cada tanto, como dejándose llevar por lo que se dice, van a lograr resultados.

Porque otro de los planteos que suele hacerse la gente es ¿dónde pongo el punto? ¿Dónde pongo la coma? ¿Dónde el punto y coma?, y así por el estilo. Yo creo que en el fondo todas estas cosas no dejan de ser cuestiones formales que, después que Ud. ha escrito, y Ud. siente que esa historia le agrada, lo expresa, lo contiene, le gusta (porque el primero que tiene que sentirse agradablemente bien con la historia es Ud.), después de haber hallado la voz y la manera, las cuestiones formales se resuelven con mucha mayor naturalidad. Y después pruebe leérsela en voz alta a alguien, de la familia, un amigo, y si no y está solo prepare el mate y léala a ver como le suena.

Porque hay algo muy importante: el lenguaje, aunque usted no lo crea, tiene su propia música. Y esto no lo digo yo, lo han dicho muchos escritores. Borges decía que sentía que un texto le gustaba cuando tenía ganas de leerlo en voz alta. Yo creo que esa sería una prueba interesante ¿no?"

Mares y charquitos

"Voy a decir algo que hace muchos años me dijo un profesor de lengua de acá de Formosa, que justamente tenía una especie de taller literario, los chicos solían acercarle sus trabajos, y una de las cosas que este profesor les decía era “me parece que hay demasiadas palabras y pocas ideas, vos tenés, -decía, muy gráfico- un mar de palabras y un charquito de ideas; el día que logres tener un mar de ideas en un charquito de palabras, serás escritor”.

No sé si es tan así, pero la gente tiene a veces una idea equivocada de la escritura. Porque realmente ha habido mucha impostura en esto de escribir. Yo creo que eso tiene que ver con que ciertas elites han construido un fantasma en torno de la literatura, de que la literatura barroca, llena de recursos retóricos, es la mejor. Yo creo que pudo haber sido en otra época, bajo otros conceptos y bajo otras estéticas, pero que hoy día asistimos felizmente a lo que suelo llamar “el derrumbe de las solemnidades”, asistimos al lenguaje desnudo.

Creemos más en las cosas que se nos dicen de manera directa, de manera llana, franca, hasta con algunas malas palabras, un insulto que sale verdaderamente del alma y que no hay necesidad de contenerlo. Creo que cuando se escribe de esa manera apasionada, donde ya no hay controladores éticos, morales, cuando se logra sacar lo que uno lleva adentro, se puede lograr algún tipo de resultado. Pienso seguramente que esas serán las historias que Guillermo Saccomano y los amigos que están detrás de esto van a querer. Aquellas que no solo narren sino que también nos conmuevan, que muestren el mundo del trabajo desde el mejor lugar que se lo puede mostrar, que es la palabra de los trabajadores y las trabajadoras. Yo creo que hay gente que tiene muy buen oficio, que escribe muy bien, pero que en el fondo no tiene nada que contar.

Creo que a veces sucede un poco eso, que el hecho de adquirir un oficio, una técnica, y tener habilidad para escribir, no significa que te van a leer y van a creer en lo que vos hacés. Por el contrario, me ha tocado vivir de cerca experiencias de gente que ha sufrido, y mucho, determinado tipo de experiencias y con un poco de orientación esa experiencia ha surgido en la escritura de una manera nítida. Y sin mucho sacrificio, porque cuando algo es, es y punto. No tenés que andar buscando allí con qué técnicas, o sobre que recursos retóricos está sustentado, sino el hecho en sí mismo, por eso yo creo que la gente tiene que largarse a escribir como si hablara.

Cuando hablamos no apelamos a ese lenguaje acartonado sino que hablamos como lo estamos haciendo ahora, con palabras simples y reiteraciones porque eso también forma parte de la oralidad, y hacen que quien escuche esté más atento. Por eso me inclino a pensar que esta convocatoria va a ser todo un éxito y ojalá que se animen a escribir los amigos de Neuquén porque creo que va a ser un libro muy lindo que va a revelar en su lectura aspectos que no conocíamos. Y creo que van a tener un gran éxito, ojala que sea así porque los trabajadores se lo merecen. Merecen tener un libro del que se sientan orgullosos".

Fuente: www.ctaneuquen.org.ar

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