
Se abre la mañana al viento y al frío. Entre las chapas de los ranchos, el invierno golpea fuerte y sin dudarlo. Se nota su violencia en las caras de las vecinas del Villa Sur Oeste, en sus mejillas resecas. Curtidas. Ajadas.
La bandera amarilla de la CTA Castellanos flamea en el aire, debajo de la celeste y blanca. La de nuestra Argentina, tan querida por unos y pisoteada por otros. Los de siempre. Las dos banderas atadas al palo de paraíso que, desde hace un año y un par de meses, hemos convertido en mástil.
Desde abajo, vamos construyendo los cimientos de este país que soñamos un día florezca. Así, hombro a hombro, vamos tejiendo la esperanza. Vamos tejiendo futuro. Lazamos la flecha en el aire y buscamos mantener su vuelo. Aunque las dificultades, a veces, busquen postergar nuestra lucha.
En la memoria resuena aquel que una vez nos enseñó que “los pueblos entristecidos no vencen”, que debemos pelear con alegría. Entonces levantamos la guardia, miramos a quienes tenemos a nuestro alrededor, valoramos a los que están, y emprendemos la lucha cotidiana. Esa que por ser miércoles lleva como nombre Viandero “Sueño de Niño”.
El fuego de la cocina entibia un poco los cuerpos, a la vez que hierve las cebollas, las papas y las zanahorias. Luego la carne, y más tarde los fideos.
Las manos de las mujeres, las del barrio y las de la Central, van dando forma al guiso. Ese que una vez más alimentará a todos los vecinos.
Con el correr de las horas, van llegando al barrio más compañeros de la CTA. Cada uno tiene sus obligaciones personales, es cierto. Pero, a la vez, cada uno asume el compromiso de estar. “Siento que hago falta”, dijo el cantor de guitarra negra. Lejos de todo autoelogio individualista.
Las manos de los hombres comienzan a dar vida a la mesa de la “La Paloma en la Flor”. Las pinceladas blancas, unas tras otras, van preparando el terreno para que los pibes del barrio vistan de colores a nuestra copa-comedor-sueño.
El agua burbujea dentro de la olla, las mujeres en ronda, mate de por medio, dialogan. Ponen el mundo en palabras.
Con la firme convicción de que a esta realidad la cambiamos trabajando en comunión, en la común unión de los esfuerzos cotidianos y transformadores, una vez más, vamos entregando la vianda a cada uno de los vecinos del Villa Sur Oeste. Vamos poniendo en las mesas “un guisito de esperanza para calmarle la panza al que siempre trabajó”. Demostrando que lo que no haga uno, ya lo harán dos.
Equipo de Comunicación de la Juventud de la CTA Castellanos, Santa Fe
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