
Desde hace cincuenta y un años los argentinos festejamos, el tercer domingo de junio, el día del padre. En Argentina se festejó por primera vez el veinticuatro de agosto de 1958, en honor a José de San Martín, “Padre de la Patria”.
Como cada domingo la CTA Castellanos trabaja en el territorio. Ubicado al Sur de la Ciudad, el barrio Villa Sur Oeste despliega su cordón de rancheríos al margen de las vías del viejo Ferrocarril Belgrano.
Allí, al sur del viento que sopla fuertemente aflojando las chapas del techo de la Copa, nos encontramos los cumpas de la central. Casi como una simple casualidad, el Sur es el punto de encuentro otra vez.
El frío es insoportable, sin embargo la tarea continúa hasta cumplirse. Ni bien llegamos armamos un reparo que nos resguarde del viento helado que sopla y sopla siempre desde el sur, silbando melodías al toparse con los filos de los ranchos.
Mientras los chicos, resguardados en el interior del salón comedor hacen sus tareas, los cumpas cocinan el almuerzo.
Inés envió a Caro, su hija, a colaborar con la tarea de apoyo escolar, pero además hizo llegar material para que los chicos confeccionen tarjetas, que regalarán a sus padres en su día.
"¿Por qué es el día del padre?" (Se pregunta en voz alta). “Porque nuestro papá nos da la vida, junto con nuestra mamá, ellos nos crían y nos enseñan a ser grandes cuando crecemos”, responde Nacho, que más tarde al ver como sus vecinitos dejan sobras en sus platos dice “mira, hay chicos que no tienen para comer, que son pobres y que viven en la calle y estos dejan la comida en el plato, no sé para que se sirven”.
Resulta curioso escuchar como la pobreza se puede espantar de más pobreza. Como es que un niño de uno de los barrios más pauperizados de la ciudad puede reflexionar a raíz de una observación simple, las condiciones de vida de un gran porcentaje de la población, e incluso resulta curioso como se mantiene al margen sabiendo, aún, que muchas veces soporta las mismas necesidades de los chicos que están en la calle o que son de la calle.
Después de comer, llega Mati y con él su compañera. Ambos, comienzan a trabajar de inmediato, se pone en marcha entonces la actividad de recreación.
En acuerdo común los pibes del barrio deciden decorar tachos de basura para colocar en el interior de la Copa, para no arrojar los residuos en el piso.
Dando fin a las actividades, interrumpe la leche que llega justo en el momento indicado para calentar esos cuerpitos poco abrigados.
Al sur del viento, una veintena de familias excluidas de la ciudad cohabitan diariamente por subsistir como se puede. Todos sabemos que existen, los funcionarios hacen oído sordo a once años de padecimiento y sacrificio en aquel lejano territorio.
Alejados de la “civilización” conforman la “barbarie” de una sociedad que hoy los intenta negar y que se entristece menos si no ensucian su paisaje céntrico.
Equipo de Comunicación de la Juventud de la CTA Castellanos, Santa Fe
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