Trabajadores autogestionados
Javier López:“De acá no me voy más”
Martes 7 de julio de 2009, por María Mendez *

Javier López tiene 40 años y milita desde la adolescencia. Desde el 2006 dedica su esfuerzo a la consolidación de la cooperativa de trabajo Unión Solidaria de Trabajadores (UST) y a la CTA.

Verborrágico, audaz y laburador, dice que “venía baqueteado y mal o bien formado, pero no supe lo que era una verdadera construcción política hasta estar donde estoy ahora”.

A este hombre, papá de un adolescente y una nena de 3 años recién cumplidos, le obsesiona poder reunir ideas y trabajo en una misma causa. Sin ponerse colorado reflexiona sobre su vida cotidiana: “Tenía una teoría y una práctica, pero un tanto inconducente. La UST es para mí lo que más se acerca a la idea de ser un ‘intelectual orgánico’. Por primera vez en mi vida, lo que hago parece cumplir la triple condición de servir para algo, darme satisfacciones y aprender a niveles increíbles. Por eso la UST y la CTA fue empezar todo de nuevo”.

Ese nuevo camino comenzó cuando sus compañeros de la cooperativa lo asociaron al proyecto. Es que Javier es técnico agrónomo, y comenzaba la etapa de forestación y control sanitario del predio de 400 hectáreas que el CEAMSE tiene en Villa Domínico. “Yo en ese momento trabajaba con una cooperativa barrial que hacía de todo un poco y la UST nos pidió que hagamos un curso de capacitación. Yo me metí ahí y dije: de acá no me voy nunca más, porque coincidía en que podía laburar por primera vez en lo que me gusta y dentro de un proyecto político con mucha coherencia, con mucha fuerza”, recuerda.

Hasta que se mudó a Wilde, con su familia y su mujer Valeria, su vida siempre anduvo por el oeste del conurbano profundo. Nació y vivió en Ciudadela. Allí estudió y comenzó sus primeros pasos en la militancia, dentro de la escuela y en el barrio. “Yo estaba en primer año cuando fue la invasión de Malvinas. Y aunque venía de una familia sin trayectoria política toda esa etapa me impactó mucho. Creo que me involucré por eso”, dice.

Después participó en la Juventud Comunista. Y se unió a la experiencia de la radio “La Tribu”. “No había leído mucho a Walsh y tenía esa visión un poco romántica del periodismo objetivo. Y en la radio aprendí mucho del oficio. Por eso, aún hoy, sigo trabajando en el área de comunicación e involucrado sobre todo con el tema de la radio, que me da muchas satisfacciones”, aclara.

La radio y la agronomía son sus dos pasiones. “Siempre me gustaron las plantas, todo lo que tenía que ver con la vida vegetal. Y bueno, empecé a trabajar de diseñador de espacios verdes, o sea, un jardinero un poco más sofisticado. Trabajé hasta que la crisis del 2001 hizo que me quedara sin clientes”, dice mientras su mirada parece perderse en aquellos años. Puede parecer extraño, pero estas dos tareas se conjugan a la perfección en Javier. “Para mí esta etapa de mi vida es la mejor porque puedo combinar el laburo físico con el intelectual. Muchas veces lo vivía como una disyuntiva. Y de hecho anduve muy loco cuando no pude trabajar de manera más física”.

Su recorrido laboral es muy vasto. Después de trabajar de manera independiente como jardinero, Javier se sumó a la militancia en el barrio, era la época de las asambleas post 2001. “Andaba medio solo, sin una organización. Y me enganché con el tema de las asambleas y con mi trabajo social en el club del barrio. Allí surgió la idea de hacer una cooperativa. Diseñamos un proyecto que tenía que ver con la fumigación y el control de plagas en escuelas, plazas y comercios. Yo tenía algo de formación en el tema y tenía que adaptarla a la ciudad, porque la verdad es que no era un experto cucarachologo”.

Con eso anduvo unos cuantos años. Ampliaron su trabajo a la ciudad de Buenos Aires y comenzaron a diversificarse: “Siempre fui un caradura. Con esa cooperativa hicimos de todo, desde poner vidrios hasta instalaciones de gas y albañilería en escuelas y otros espacios”. Más tarde, cuando se reactivó un poco la economía, los que tenían algún caudal de conocimiento se fueron. Y Javier empezó a participar de la Federación de Emprendimientos de Economía Solidaria. “Ahí nos enteramos de que se estaba haciendo algo de autogestionados acá en la CTA. Y pensé: ésta es la nuestra. Porque el problema de todas las otras federaciones era que uno iba como representante de una unidad económica, sea cooperativa o emprendimiento, y por eso la organización se tornaba un poco corporativa en algunos aspectos”, explica.

En la CTA encontró otra manera de pensar y reflexionar sobre el asunto del cooperativismo y la autogestión. “Yo siempre creí que lo más importante era el hecho de resaltar la permanencia dentro de la clase, o sea, seguir siendo considerados laburantes. Por eso encontrar este ámbito fue maravilloso. Porque desde ANTA estamos planteando que hay una nueva figura, que es la del trabajador asociado. Y aunque no hay todavía un andamiaje legal que la sostenga, nosotros estamos practicando y escribiendo mucho sobre esto”, reconoce Javier y aclara convencido: “ANTA, como organización de trabajadores autogestionados en el marco del movimiento obrero es posible porque existe la Central. Así como la CTA había dicho que los desocupados son trabajadores, también fue la primera organización sindical que nos reconoció como pares. Y un ejemplo concreto de esto fue que en plena lucha, ATE nombró delegados normalizadores a los compañeros que el CEAMSE había echado. Los mismos compañeros que después fundaron la UST. Esta cobertura, no legal pero sí profundamente política y eficaz, fue fundamental para nosotros”.

Cuando habla de su organización se le hincha el pecho. Y por eso siempre lleva una remera de la cooperativa, que en el frente dice: “Obstinadamente trabajadores”. Javier se apasiona hablando y pensando la política. Y también cuando le toca estar detrás de un micrófono en la Radio que la Universidad Tecnológica tiene en Avellaneda. “Nuestro programa es de dos horas y sale dos veces por semana. Y desde ahí estamos haciendo formación con los chicos del barrio. Trabajamos con dos grupos de pibes jóvenes, que son los hijos de los compañeros y los que vienen al Polideportivo del barrio o al bachillerato que armamos con la cooperativa”, dice orgulloso.

Dice que putea todos los días por no poder hacer más cosas. “Tengo la sensación de que podría dar mucho más, pero la verdad es que el tiempo no me alcanza”, dice sobre el final de la charla. Y aclara: “Todo lo que me pasó en los últimos cuatro años no hubiera sido posible estando solo, sin mi familia y sin Valeria. Y no se trata de una cursilería o de reconocer ‘el aguante’, porque eso sería machista. Ella hace su propio camino, pero igual que yo, elige hacerlo con alguien”.

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