La consecuencia nos define
Miércoles 15 de julio de 2009, por Julio Ortellado *

La década del ’90 es sinónimo de destrucción del capital social acumulado por generaciones de argentinos en las empresas del Estado que fue rematado a precio vil por los personeros del neoliberalismo.



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Secretario de Organización de la CTA de la Provincia de Buenos Aires

En momentos en que en la Argentina se avanzó con la entrega de nuestro patrimonio soberano, en materia de recursos energéticos, minerales, derechos sociales, servicios públicos, empresas estatales de producción industrial y defensa, es fácil deducir que en este paquete, según la visión neoliberal de la década del 90, las cuestiones que hacen a las comunicaciones y correo no podían quedar exentas de tan vil desguace.

Es en esa década donde se avanza con la privatización del servicio postal oficial de nuestro país, y es donde se perfila el negocio que se abre para los sectores privados del poder económico y sus socios en la coyuntura, como lo fueron los gremios del sector. Estos aceptaron declinar derechos laborales como la baja salarial o el aumento de la jornada laboral, con el objetivo de no perder parte de la torta que negociaron compartir con las empresas.

Es así que esta actitud terminó de convalidar un proceso político, que en materia de representación sindical y organización de los trabajadores empezó después de la "Revolución Fusiladora" del `55 y se profundizó con las distintas dictaduras cívico-militares que sometieron a nuestro pueblo.

La disgregación de la clase obrera siempre fue un objetivo por estos sectores dominantes, que se evidenció en la ultima etapa neoliberal, pero que tuvo su origen cuando a mediados de la década del 50, se promovieron la creación de nuevas organizaciones sindicales con el único objetivo de atomizar a la clase obrera y restarles poder a las organizaciones de trabajadores que, como ATE, mantenían una alta unidad política al momento de defender derechos de clase.

Esto no era libertad y democracia Sindical, era la creación de aparatos burocráticos que pusieran en el debate y conducción a los Dirigentes Gremiales que después con el transcurso de los años irían entregando a sus propios compañeros.

A esta altura de la historia los trabajadores del Correo Argentino tenían a ATE como su organización gremial, la cual pudo resistir, una vez creada la organización sectorial del correo en el año 56.

Desde entonces y con un alto compromiso, unos de los últimos dirigentes del Correo en Capital Federal acompañó a nuestro compañero Víctor De Gennaro en la gesta de recuperación del gremio, después de la dictadura en el ´84 y fue miembro de conducción de ATE capital.

Esto evidencia, por lo menos, dos cosas: que nuestro compromiso de clase trasciende las voluntades políticas de los sectores de poder dominante, y que aun se reconoce en la historia de aquellos que forjaron nuestra identidad como estatal y trabajador, que nuestra herramienta sindical está aún más vigente que nunca como expresión y faro de una práctica Liberadora para nuestro pueblo.

Hoy, oprimidos por las consecuencias de la realidad privatista, pero concientes en una coyuntura social que no permitió seguir con las sucesivas privatizaciones del Correo, los trabajadores vuelven a la fuente, que no es ni más ni menos que volver a utilizar las herramientas que les permitió, en otros tiempos, construir su futuro de felicidad y dignidad.

El primer paso está dado, se han afiliado centenares a ATE para así dar su consentimiento y ponerle el cuerpo a la lucha. ¿Que sigue? otra decisión, van a elegir sus representantes en elecciones directas y secretas el 29 de julio.

¿Que falta? profundizar la organización para que los 15000 trabajadores del Correo en todo el país puedan sentirse parte de un proyecto que los dignifique.

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