La voz chaqueña del Poriajhú
Un campo con campesinos
Lunes 17 de agosto de 2009

Casi veinte años de confrontación con los agronegocios, contra el desarraigo y las patronales concentradas, para preservar el monte y el medio ambiente.

Ellos viven de la tierra a pesar del avance de los denominados agronegocios. La organización campesina Poriajhú nació en enero de 1989, con objetivos claros: mejorar las condiciones de vida, seguir produciendo para el autoconsumo, evitar el desarraigo rural y preservar el monte y el ambiente.

La provincia de Chaco, una de las más pobres y castigadas de Argentina, pero a su vez rica en experiencias de organización comunitaria, sufre el ataque imparable del avance de la soja –sumado a la amenaza del tártago, cultivo promocionado por el gobierno provincial del cual se extrae el aceite de ricino, en detrimento de producciones alimentarias y de la tradicional actividad algodonera.

La compra de tierras por parte de los “pooles” de siembra o de los “grandes señores sojeros” obliga a los pequeños productores a vender sus parcelas, lo que provoca la constante migración hacia los suburbios de ciudades como Resistencia, Rosario o Buenos Aires, siempre en condición de pobreza. A su vez, poco a poco se pierde la “cultura” del campo, esa que no tiene nombre pero que se expresa en la vida cotidiana, en las fiestas populares, en las reuniones familiares.

Pero los campesinos no se quedan quietos. Hay movimientos. APM estuvo en la sede de la Cooperativa de Trabajo y Formación de la Unión de Campesinos Poriajhú, en Presidencia Roque Sáenz Peña una ciudad rodeada de porotos en de soja en el centro de la provincia, y conversó con algunos de sus dirigentes, los que en realidad no son tales porque la propia organización no reconoce líderes sino de integrantes.

Raúl ”Toto” Galván dijo: “el camino es la organización, sabemos que nada se puede conseguir sin lucha”, a título de introducción a la siguiente entrevista, en la que también participaron Antonio Azcona y Paulina “Paula” Acuña.

¿Cómo se formó la Cooperativa Poriajhú y qué problemas enfrentó?

El origen de nuestra Cooperativa –dice Toto Galván- esta vinculado al nacimiento mismo de la Unión de Campesinos Poriajhú. Siempre consideramos la posibilidad que teníamos los campesinos de poder juntarnos, de poder juntar nuestra fuerza de trabajo, porque veníamos de una situación cada vez peor, donde avanzaba la política de los agronegocios, la concentración de la tierra, y los campesinos éramos cada vez más pobres. Entonces tuvimos que optar por irnos a la ciudad o empezar a ver de qué manera cooperativizarnos nuestra actividad. Después de muchos años de trabajo, de concientización, lo logramos, porque no es fácil. El movimiento campesino, por más pobre que sea es un movimiento muy conservador, en el sentido del individualismo y la propiedad, aunque sean pequeñas parcelas. Logramos organizarnos hace ya siete años; los primeros dos años en otro lugar y luego donde estamos ahora, donde hemos construido esto con mucho esfuerzo y pese a los problemas que tiene nuestro pueblo. Sin embargo, pudimos superar los y garantizamos por lo menos los principios de Soberanía Alimentaria para el grupo que conforma la Cooperativa.

¿Cuál es la situación respecto del acceso y el uso del agua?

Es un problema muy grave que tenemos todos los chaqueños. Prácticamente se nos secan las napas y tenemos que medir el agua para los animales. Además muchas aguas no son aptas para el consumo y hemos tomado conciencia de los problemas de salud que eso puede acarrear, fundamentalmente para los niños. Al campesinado le cuesta aceptar esa situación porque, aunque vive aquí y muchos no se enferman, le cuesta aceptar el aporte de profesionales y científicos. Entonces la tarea para concientizar sobre la cuestión. Y es el Estado es el que tiene garantizar la salud y el agua para la población porque se trata de un derecho inalienable; en cambio, tenemos un Estado ausente, tanto a nivel provincial nacional. No vivimos tan lejos de los ríos; es inaceptable que estemos rodeados de cauces caudalosos y que a 170 kilómetros de ellos la gente muera de sed.

La Universidad Nacional de La Plata, a través de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria y del Taller de Aguas de la Facultad de Ciencias Exactas, realizó una investigación sobre las condiciones del líquido que consumen cientos de familias campesinas de las colonias La Montenegrina y Pampa Napenay, parajes aledaños a la ciudad cabecera Roque Sáenz Peña.

Los resultados de los análisis de agua realizados en febrero de este año, arrojaron que el 100 por ciento de las muestras tomadas tiene algún grado de contaminación. Desde “escherichia coli” hasta arsénico, pasando por cantidades intolerables de nitritos y nitratos. El agua no es apta para consumo humano. No es potable. Sin embargo, se bebe porque no hay otra. Y a la que traen desde la ciudad la cobran, y tampoco es potable.

El agua tampoco es buena para el consumo de vacas y cabras. Los animales mueren por la sequía, y, cuando sobreviven producen leche de calidad insuficiente para la alimentación de los niños.

Al respecto Paula dijo: “el problema no se da sólo aquí; creo que es una cuestión a nivel nacional y de América Latina. Buscándole la vuelta se puede solucionar, si se quiere, y la forma de hacerlo es estar organizados. Porque nosotros siempre nos reímos cuando los compañeros dicen que no hay agua; y nosotros le decimos ‘pero si caminamos arriba de ella, cómo no vamos a tenerla’. Por eso repetimos, sí que se puede encontrar una solución, pero nos falta la tecnología adecuada, para hacer perforaciones por ejemplo. Si contásemos con ella, que esta en otras manos, no estaríamos sufriendo esta situación”.

“Con nuestra organización tenemos que exigir al Estado, al municipio por ejemplo, que nos provea de agua de red o de tanques y depósitos. En su defecto, que nos suministre los materiales necesarios para construir esos reservorios, y contar así con los recursos de vida suficientes”, añadió Antonio Azcona.

¿Qué otros problemas hay en la zona?

La sequía- sentenció Toto Galván-, fenómeno relacionado con el modelo productivo que se instaló en nuestro país: de desmonte, de secar los humedales de la provincia de Chaco con obras para ensanchar la frontera sojera. Nosotros teníamos miles de hectáreas de tierra que en su momento eran cañadas, bañados y había agua todo el año, había un ecosistema, y hoy está seco, hoy se está sembrando soja en esos lugares. Y eso hace que las lluvias disminuyan; en los próximos años precipitará entre un 20 y un 30 por ciento menos respecto de otras temporadas.

¿Cuál es el rol de la mujer en esta lucha?

En toda lucha las mujeres cumplimos el papel más importante – dijo Paula -. Dentro del campesinado es donde más se ve la cultura machista pero en definitiva somos nosotras las que cultivamos, somos nosotras los que creamos, somos nosotras somos las que parimos y somos nosotras las que educamos.

Poriajhú, una experiencia para el campo con campesinos, por el agua y la Soberanía Alimentaria. Un desafío.

Fuente: www.prensamercosur.com.ar

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