
Todo comenzó el lunes. Una nutrida manifestación de la Organización Barrial Tupac Amaru, que realizaba una marcha hacia el Ministerio de Bienestar Social y que al ser vallados las calles por la policía fueron hacia la casa de gobierno, donde fueron reprimidos por la policía provincial.
Más de mil personas tuvieron que soportar una brutal represión con balas de goma, gases y palos por parte de los gendarmes.
Eso cambió la historia, la corrió de lugar.
La represión fue la única respuesta que encontró el gobierno de Schiaretti ante el reclamo de los postergados: palos, gases, balas de goma. Un idioma demasiado claro y brutal. Única respuesta ante la cuarta la movilización que realizaban sectores sociales marginales del barrio Villa El Libertador. “El motivo sigue siendo la indiferencia de los funcionarios de Córdoba ante el reclamo de expropiación de 20 hectáreas de Barrio Comercial" –dijo en ese momento Agustina Murcia, compañera y referente Tupac de Córdoba. Ya se suman 50 días desde que hicimos la toma de tierras, en donde las familias ya organizadas, con sueños y decisión, votaron en asamblea dejar de vivir mal, para comenzar a luchar por trabajo y vivienda digna.
“Ya metimos varias marchas. Y nosotros vamos con una propuesta concreta, hacer un barrio de viviendas. Y tenemos las ganas y tenemos apoyo como para que esto cristalice. Sería trabajo para cientos de compañeras y compañeros. Y estos señores se dan el lujo de ni siquiera atendernos. Hasta el propietario de las tierras esta dispuesto a ser expropiado para que sus vecinos puedan tener un futuro mejor".
“Más allá de las balas de goma, palazos o los gases, estamos acá frente a la casa de gobierno. Hace años que nadie llegaba hasta aquí. Ninguna protesta. Pero nosotros estamos decididos a que nos escuchen. Lo que pedimos es que acaben con esta brutalidad, que lo que pedimos es dialogo, no represión”. Estas palabras las dice Sergio Costigliolo, referente de la Tupac Amaru- CTA en la provincia de Córdoba.
Desde Jujuy, mientras viajaba hacia Córdoba, Milagro Sala, la dirigente del Movimiento Barrial Tupac Amaru, dijo: “son nuestros hermanos y sabíamos que los podían reprimir. Estamos ante la ceguera de un gobierno que niega una salida laboral a cientos de familias y no solo laboral, de vida digna. ¿Y eso es una respuesta? Es represión. Han tratado a los compañeros como a delincuentes, no se han fijado que había familias, que había niños. Esta brutalidad es inadmisible. La repudiamos como repudiamos a quienes niegan el derecho a la vivienda, el derecho de los empujados a la pobreza. Vamos a dar lucha. Esa tierra por la que pelean los compañeros cordobeses es por el derecho natural hacia la vivienda, la educación y, repito, una vida digna”
Palabras de Milagro Sala.
Martes
Ya la conducción de la Tupac estuvo al frente de las negociaciones con el Gobierno. Milagro Sala, "Pilo", "Coco" Garfanini, Manuel Alzina y los referentes locales, entre ellos, el cumpañero Sergio Costigliolo. Y fue Costigliolo quién explicó que “finalmente nos recibieron y prometieron que el gobernador Schiaretti tomaría una resolución sobre el problema para hoy (por el miércoles). Aclararon que ellos estaban en contra de la toma de tierras.
“Soluciones habitacionales, no negocios”.
Y se hizo el encuentro entre la conducción de la Tupac y con el ministro Juan Carlos Massei y la respuesta, con cierto malabares de palabras fue concreta: no. No a la expropiación no a la compra de esas 20 hectáreas por parte del gobierno provincial. No a la toma de tierra.
Si sos pobre, andá a llorar a la iglesia.
Ante respuesta tan no, sin ningún tipo de concesión, hubo un regreso a Villa El Libertador, donde como estrado, Milagro y la conducción utilizaron una montaña de escombros y basura para dirigir la asamblea. Se puede decir, un espacio simbólico de la tierra que reclaman los compañeros. “Nosotros estamos con ustedes compañeros, compañeras- dijo Milagro. Vamos a ver que se resuelve entre todos. Sabemos que esto se gana con lucha, que nadie nos va a regalar nada. Nuestra organización tiene su experiencia en ese sentido.
Abajo, cientos de mujeres, hombres -y muchos niños- fueron los protagonistas de la asamblea popular. No hubo dudas ni demasiadas posturas en cuanto a seguir la lucha. Eso estuvo claro desde el principio. El asunto es como avanzar, cuales son los caminos.
Milagro volvió a repetir algo que es esencia de la Tupac: “Estamos en alerta en todo el país. Cuando reprimen a un compañero de la Tupac, y no solamente de la Tupac o de la CTA, cuando reprimen a un hermano aborigen, cuando reprimen a una trabajadora, nosotros vamos a estar a su lado. Cuando le pegan a uno de nosotros nos están pegando a todos. Y nuestra propuesta será la propuesta que salga de esta asamblea. Así nos manejamos”.
Bueno.
La tarde se fue agachando detrás del horizonte y todavía la asamblea dale que dale. Se decidió seguir la lucha. Se decidió convocar a organizaciones hermanas que también están pasando por una situación similar, que se les niega el derecho a la tierra, a la vivienda y por otro lado “estamos ante un gobierno que no hace nada o hace esto que nos hizo, reprime”- declaró una compañera de Villa El Libertador.
Fue para muchos, por primera vez, comprender el derecho a participar. A ser parte. A comprender que para avanzar, hay que estar juntos y empujar hacia el objetivo.
No fue una fiesta. Lo que queda como futuro es darle, no bajar los brazos. O como dijo Milagro Sala: "Compañeros, esto hay que verlo como una ganada, no perdida. Hemos comenzado a movernos en un sentido y vamos a seguir. ¿O alguien está dispuesto a abandonar la lucha? Entonces vamos a poner fábricas, vamos a hacernos viviendas dignas, vamos a levantar escuelas. De eso no tenemos dudas. La próxima semana, como lo ha decidido la asamblea, estaremos en la calle, estaremos en todos los barrios, buscando alianzas, buscando unidad. Tenemos que ser muchos. Y vamos a ser muchos. No tengo dudas”.
Ya era noche. Aire de suburbio y penumbras. Los cientos de compañeros fueron rumbeando hacia sus hogares. Una semana movida para todos. Y algo nuevo, aquello de estar pariendo futuros. Y muchas veces, duele, pero el sueño sigue siendo nuestro. Y de ahí no nos bajamos.
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