Acerca del proyecto de ley para el traslado de la Cárcel de Devoto
Viernes 25 de septiembre de 2009, por Ariel Cejas Meliare *

El sentimiento de la mayoría de las personas encarceladas es el de ser rechazados, el de padecer el desprecio colectivo, la estigmatización y la imposibilidad de asentarse en el mundo del trabajo y de proyectarse hacia el futuro una vez que recuperan su libertad.



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Director General de Protección de Derechos Humanos de la Procuración Penitenciaria Nacional.

En el diario Crítica del 18 de septiembre pasado, leí una nota en la que se informaba que el legislador macrista Cristian Ritondo había presentado un proyecto en la legislatura porteña mediante el cual se proponía el traslado de la Cárcel de Devoto a la Provincia de Buenos Aires.

Me pregunto: ¿Hasta cuándo los vecinos de la ciudad de Buenos Aires, como le gusta decir al jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, van a querer seguir viviendo como una casta superior?

Me permito recordarles, como vecino de la ciudad que soy, que somos iguales a los demás argentinos que viven en otras jurisdicciones.

Los presos que tenemos son los que supimos generar con nuestras propias exclusiones y desigualdades.

No podemos negar que la política penitenciaria siempre ha sido coherente, tanto que en el año 1927 cuando se creo la Cárcel de Devoto, como en el 2000 con la creación del Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz se buscó la política del destierro.

El actual barrio de Villa devoto, en esa época, era “las afueras” de la ciudad, y en el descampado lindante con un basurero edificaron el Complejo Penitenciario Federal II de Marcos Paz con la misma receta.

A los “vecinos” no nos gustan los gritos, no queremos ver las miserias y mucho menos las torturas.

Como decía el filósfo Michael Foucault los muros de la cárcel no son para seguridad, sino para que no veamos lo que ocurre en su interior.

Las cárceles en nuestro país se encuentran habitadas por los individuos más marginados del sistema, personas a quienes no se reconoce ciudadanía, que ignoran sus derechos, a quienes se priva de los mecanismos para hacerlos valer.

El sentimiento de la mayoría de las personas encarceladas es el de ser rechazados, el de padecer el desprecio colectivo, la estigmatización y la imposibilidad de asentarse en el mundo del trabajo y de proyectarse hacia el futuro una vez que recuperan su libertad.

Sería oportuno recordar a lo “vecinos” que los detenidos en la Cárcel de Villa devoto son ciudadanos de la ciudad de Buenos Aires que deberán reinsertarse en la Ciudad de Buenos Aires.

Deberíamos comprender que es necesario hacerse cargo del destino de la cárcel que es el nuestro como sociedad y deberíamos pensar, reflexionar y debatir respecto de la posibilidad de construir una sociedad con más oportunidades para más ciudadanos, con políticas de inclusión que nos permitan vivir en paz, sin necesidad de desterrar a nadie.

Estimados vecinos, ya mandamos nuestros residuos a la provincia de Buenos Aires, demás ésta aclarar que los presos no son lo mismo.

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