Jornadas de Capacitación
Poder pensar en un sujeto político
Martes 29 de septiembre de 2009, por Juliana Ramirez *

Este fue uno de los ejes que sobre los que se avanzó en el marco del Módulo II: Educación y Discapacidad. A través de un recorrido histórico Néstor Carasa, secretario de Educación Especial de SUTEBA, puso en discusión discursos que aún hoy invaden nuestro sistema educativo.

La experiencia de un compañero con discapacidad en su paso por la escuela y la participación de la escuela Nº 516 de la Matanza, sumaron su aporte en la dirección de poder definir políticas para la efectiva integración.

La Jornada tuvo lugar el pasado viernes en la sede de la CTA nacional, con una fuerte participación de los gremios docentes. En la apertura Carlos Ferreres, secretario de discapacidad de la CTA nacional destacó “creo que éste tema es especialmente importante porque hay muchos niños y jóvenes con discapacidad que hoy no pueden acceder a la escuela, con lo cual se está violando un derecho y también se juega a la hora de pretender un puesto de trabajo”.

En este sentido, Néstor Carasa, quien también integra la Comisión de Educación Especial de CTERA y es responsable del área de Educación de la Secretaria de Discapacidad de la CTA nacional, abrió su exposición dejando en claro que “los problemas de la educación no sólo pueden ser abordados por los trabajadores de la educación o reducidos a las escuelas, sino por el conjunto de la sociedad, donde también es importante recuperar la palabra de la persona con discapacidad. Poder pensar la educación con él, y no desde afuera, suponiendo lo que es mejor para él, lo transforma en un sujeto político”.

En este marco, Carasa puso en cuestión las políticas educativas, recordando que la educación especial en la provincia de Buenos Aires está cumpliendo 60 años de existencia. “Fue cuando por primera vez el Estado decidió hacerse cargo de la atención de los pibes con discapacidad. La escuela apareció como un lugar para incluir a todos aquellos que eran excluidos, sentando sentidos muy fuertes que llegan hasta el presente, como son la homogenización y la normalización. Sólo hacia la década de los `80 se produce un cambio importante, que es pasar de la organización graduada a la ciclada, dando cuenta de que existen diferencias en los tiempos de aprendizaje de cada sujeto”.

La educación en los ´90

En un contexto de políticas de ajuste y privatización, la sanción de la Ley Federal de Educación borró todo intento de mejoría y la educación especial quedó relegada a un capítulo llamado Regímenes especiales. Del magro presupuesto, la mayor parte fue trasladado al EGB. Entonces no hubo cargos ni escuelas, mientras que la matrícula aumentaba.

“El gobierno que mayor cantidad de excluidos generaba era el que nos venía a hablar de inclusión” dijo Carasa, señalando la intencionalidad política que conllevan ciertos términos, porque el objetivo era incluir sin considerar los recursos ni las condiciones para poder llevar adelante las prácticas educativas”. En este punto explicó que integración es un término más amplio en tanto que considera el contexto: recursos, apoyos y materiales que cada sujeto precisa para su aprendizaje.

También marcó la falsa representación que aún tiñe las políticas actuales, que es la idea de igualdad planteada como una meta, en un futuro incierto. “Nada mejor para desentenderse de las desigualdades presentes que poner la igualdad en un lugar que nunca se alcanza. Igualdad en términos educativos significa que cada sujeto, hoy, pueda acceder a la educación según sus posibilidades, sus necesidades y sus deseos”. Y recalcó “respetar las diferencias no es ser tolerantes, es propiciar el derecho que los sujetos tienen a su educación”.

La formación laboral y el derecho como contenido

Sobre este eje, Carasa planteó un sistema educativo que tiene la obligación de formar en tanto que está en relación directa con la el grado de integración que pueda tener el sujeto en la sociedad.

“Deberíamos poder ver que lo que hoy hacemos tiene conexión con el futuro y el porvenir de esa persona. Para ello, hay que tener en cuenta el contexto social y económico, la formación de los docentes y las condiciones en que se desarrollan los talleres de formación, que deberían parecerse más a un ámbito real de trabajo que a una escuela”.

En este sentido, apuntó a sumar como contenido los derechos laborales en tanto que significa la posibilidad futura de que ese sujeto ejerza la defensa de sus derechos como trabajador y pueda pensarse como parte de una organización más amplia.

La escuela como depósito

Jorge Celestino, tiene 46 años y su discapacidad es parálisis cerebral. Esto nos empezó contando en el video que reflejó su recorrido por la escuela diferencial, como era llamada a fines de los ´70. “El paso no fue muy bueno, ni me fue muy útil porque no era un lugar de contención sino más bien un lugar de depósito.

Los docentes no se ponían en la postura de ver qué era lo que el discapacitado podía dar. Sólo veían la discapacidad, no el potencial…que lo tenemos pero hay que buscarlo. Éramos un expediente, un número y yo sentía que podía dar más pero que no me daban la oportunidad”.

De esta manera, a los 16 años, Celestino, concluyó el paso por la escuela. Fue derivado a un taller laboral protegido donde se aprendía a hacer tubos fluorescentes pero sólo duró un año ya que desde La Matanza a Caseros había una barrera muy difícil de sortear. “Después no fui a ningún otro lugar, estuve en mi casa sin hacer nada hasta que un día dije voy a hacer algo porque yo todo esto no lo planifiqué. Entonces hablé con una vecina que preparaba alumnos, quién me dió una mano grandísima porque no se fijó en la en lo de afuera, vió lo que tengo adentro”.

Y empezó de cero porque la primaria común no reconocía la diferencial. Rindió de primer a cuarto grado en tres meses, y los tres años restantes los terminó en un año en un colegio común de noche. En el `83 pasó a la secundaria y la cursó como alumno regular los cinco 5 años. “Entonces acá me pregunto qué es más importante resaltar lo físico o evaluar lo de adentro?”

La 516

Ubicada en el kilómetro 28, a la altura de la ruta 3 del distrito La Matanza, ésta escuela especial da cuenta cómo pueden ocuparse ciertas grietas aún dentro de la rigidez de la estructura escolar. Sobre esta experiencia nos hablaron los compañeros y compañeras que la integran. Sebastián Urquiza, su director, abrió el debate “el sistema educativo produce una regulación, tanto por acción como por omisión. Regula cuando prescribe lo que se puede hacer y lo que no, pero también cuando no dice nada sobre cosas en las que debería decir algo”.

Y agregó: “pensamos la escuela como una red de relaciones sociales, donde la vida y la escuela se mezclan, donde hay posibilidades de horizontalizar y tomar decisiones en forma colectiva”.

Algunos hachos que reflejan estas ideas fueron expuestos por el resto del equipo. Por empezar la escuela no es sólo para alumnos matriculados, sino que está abierta a todos. Tal es el caso de Nahuel, un pibe del barrio, que como tantos otros, había sido expulsado de la primaria, y estuvo allí para contarnos que hoy integra la Murga de la escuela y que también trabaja en el comedor.

Su lugar también lo tiene un grupo de padres que transformaron un aula en una panadería, y las experiencias que buscan traspasar fronteras desde la realización de huertas en las casas del barrio, el taller de cocina y de política, la interrelación con el centro de salud y la iglesia, hasta el hincapié en el juego.

Allí no hay actos escolares ni espectadores. Las familias forman parte. Tampoco suspensiones, sino acuerdos que intentan establecerse sobre la base de la valoración del espacio. Todos acordaron en que hay desafíos y tensiones permanentes pero que también todas las escuelas deciden hacia donde van.


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Comunicación Departamento de Discapacidad de la CTA.

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