Jujuy: Territorio
Tati Almeyda, una Madre en la Tupac
Lunes 5 de octubre de 2009, por Prensa Tupac Amaru *

“Emoción, desconcierto, encanto. Encontrarse con esa multitud de jóvenes, de muchachas, ese entusiasmo, no sé. A mi me habían hablando de la Tupac, me habían contado, incluso mi hija Fabiana era de las que más entusiasmo mostraba". La que habla es Tati Almedia, de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora.

Sigue Almeyda: "Pero una cosa es cuando te hablan de algo y otra verlo. Y ver a la Organización Barrial Tupac Amaru en su tierra, verlos en acción y sobre todo ver lo que hicieron, el barrio el Alto Comedero, las viviendas, la Escuela Germán Abdala, los dispensarios, los médicos que trabajan en la organización, la fábrica textil, es algo que te pega en medio del pecho. Una no creía que existía algo así en nuestro país”.

Tati es Madre de Plaza de Mayo -Línea Fundadora-, y participó en el III Encuentro Regional de Discapacidad que se realizó en San Salvador de Jujuy entre el 10 y 11 de septiembre y donde la organización tupaquera estuvo abocada a poner toda su energía en este evento. Y por supuesto, entre los invitados especiales, estaba Tati.

La mujer que una vez se encontró buscando a su hijo desaparecido. La misma que alguna vez confesó: Tengo tres hijos: Jorge, Alejandro y Fabiana. El segundo es el que está detenido-desaparecido. Ale tenía veinte años; estaba cursando primer año de Medicina y trabajaba en Telam. Su pecado, junto a los 30.000, fue asumir el compromiso político y social de querer cambiar el mundo.

Yo- dijo aquella vez- provengo de una familia de militares y radicales, muy antiperonista. Y era muy ignorante de la política, nada sabía de lo que estaba pasando. Cuando lo desaparecen a Alejandro me hablan de la Liga... "¿Qué liga?" digo. Era la Liga Argentina de los Derechos del Hombre. ...Y yo que me acerco a mis conocidos militares... Bueno, viene el golpe y yo pensé que ahí sí me iba a enterar de lo que le había pasado a mi hijo. Pero aunque conocía socialmente a varios, como a Galtieri y esposa, no me reciben. Y ahí empiezo a bajar la cortina a mis viejas amistades…”

Una Madre, Tati. Y luego los años de lucha, de estar solas en la Plaza. De aquella ignorancia política, a ser el símbolo de la resistencia a la dictadura militar. Y ahora, en Jujuy, en un espacio que deja su trabajo en el encuentro de discapacidad y en el Alto Comedero, sigue hablando de emoción, alegría “y de que esto, este sueño de barrios obreros hechos por los mismos obreros, escuelas hechas por ellos, esa preocupación por un niño con hambre, por dar futuro. Bueno. Yo me digo, esto era lo que soñaban nuestros hijos”.

Y agrega:

Yo ya la había conocido a Milagro. La había conocido hace dos años antes en un aniversario del Apagón del Ingenio Ledesma. Y uno esperaba encontrar se con una mujer imponente, grande físicamente y ver así, como es Milagro, toda esta energía sorprende, sorprende que esa mujer haya conseguido poner en marcha este movimiento, y luchar contra la desigualdad, darle de comer a miles de chicos, organizar la forma de hacer barrios. Bueno. Todo eso es fantástico. Y ante esa emoción uno se dice, Milagro es como un Milagro. No exagero. Lo que pasa es que el trabajo bien hecho te rinde. Uno admira eso.

Y no sólo ella. Si hay algo importante es que se ha sabido rodear de gente capaz, de gente joven que vienen muchos de sectores pobrísimos algunos, marginales y que han sido sacados de la calle y capacitado. Por otro lado el rol de la mujer. Ver que una mujer maneja la construcción de un barrio o la fábrica textil. Creo que ahí es donde un dirigente demuestra su capacidad, de quienes se rodea. (Tati ríe…) Y se ve que Milagro los tiene cortito, mano dura si se quiere, pero está bien, nada se consigue sin disciplina, sin un orden y por supuesto, las banderas que enarbolan, el derecho a la salud, al estudio, al trabajo. Y toda esa juventud de la Tupac. Ha sido una sorpresa. Ya te lo dije. Sorpresa y de las buenas que te da la vida.

Es Tati Almeyda.

Entonces escucho de las madres y averiguo. Y una tarde, creo que del ’79, me voy con mi yerno Guillermo a la Plaza de Mayo, tres de la tarde, tres y cuarto, tres y veinte y no había nadie. Le digo: "¿y dónde están?" De repente aparecen con un sacerdote adelante que era De Nevares. "¡Qué magnifico!" Yo lloraba y lloraba agarrada del saco de mi yerno. Entonces venía la policía y las madres decían "¡Caminen, caminen!, no le lleven el apunte." Venían a provocar. Le pregunté a una madre dónde estaba la casa de las madres y me dijo "en Uruguay". Allí nos fuimos con mi hija a la calle Uruguay, entramos y además de madres veo una pared llena de fotos. "¡Ay Dios mío, qué espanto!" Se me acercó María Adela Carpi Antocoletz y me dijo "Aquí no preguntamos quién sos sino quién te falta."

Después, cada jueves en la Plaza. Ser Madre y ser parte ya parte de un mito.

Y ahora desde la Plaza del Alto Comedero, participando en el III Encuentro Regional de Discapacidad, nos dice: y con toda esta obra, que ahora en la Tupac hayan apuntado a la discapacidad, y hacer un centro como el Cemir, que es un modelo y ejemplo para toda la sociedad, eso también sorprende. Nosotras, las Madres hemos pasado, hemos transitado una vida desde que nos llevaron a nuestros hijos. Entonces aquí se ve la siembra, la semilla.

Y Milagro Sala es eso, es como ver una hija, un hijo, y ver que la lucha por el derecho a la vida digna sigue en pie. Tiene ese valor ¿no? Es como que mi hijo está vivo, que todos los hijos desaparecidos, están entre nosotros, aquí, en esta Plaza. Y eso, el amor por lo humano, que es el derecho a la vida.


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Equipo de Comunicación de la Organización Barrial Tupac Amaru-CTA

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