El movimiento sindical y la OEA
Jueves 8 de octubre de 2009, por Adolfo Aguirre *

El pulso de la OEA ha sido, históricamente, la impronta que ha tenido en cada coyuntura los Estados Unidos. En los 90 el movimiento sindical evalúa que la ausencia de efectividad de la OEA en América del Sur durante las dictaduras militares y en los 80 durante las revoluciones en América Central proveen evidencia suficiente de la dominación en ese organismo de los Estados Unidos.



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Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA

Obviamente la OEA ha tenido ciclos de alta y baja actividad. Los de alta coincidieron con aquellos impulsados por iniciativas del país más poderoso de la región y corresponden a las iniciativas de "Alianza para el progreso", durante los años 60, y la negociación del ALCA, a partir de 1994 y hasta 2005. El período 1970-1994 está caracterizado por una pérdida de actividad del Sistema Interamericano, sea porque este no fue útil para resolver la cuestión de las irrupciones democráticas en América Latina y la guerra en América Central o porque la coyuntura económica le quitó relevancia en 1970 a los Estados Unidos como potencia fuerte financiadora del "desarrollo" en la región. Las Conferencias Interamericanas de Ministros de Trabajo y, por consiguiente el Consejo Sindical de Asesoramiento Técnico (COSATE), son un producto del primer período de actividad y, así como la OEA, vuelven a cobrar un ritmo de trabajo en el segundo ciclo de la institución. El COSATE ha sido útil para expresar la presencia sindical en los debates interamericanos en esos momentos de mayor intensidad, del mismo modo que ha perdido relevancia en momentos críticos de la historia latinoamericana en los cuales un foro hubiera sido muy necesario para el movimiento sindical y los trabajadores de sus países en general.

A partir de la 10ª Conferencia Interamericana de Ministros de Trabajos (CIMT) en Buenos Aires se crea una nueva metodología de trabajo con formación de "grupos de Trabajo" compuestos por delegados de los Ministerios de Trabajo y con la participación de COSATE, el Comité Ejecutivo Permanente de la Comisión Empresarial de Asesoramiento Técnico en Asuntos Laborales (CEATAL) y expertos. Fuera de esa rama de la institución existen otros mecanismos en los que los derechos de las trabajadoras y los trabajadores operan. De hecho, son los únicos que tienen vinculación legal con los Estados nacionales desde que se refieren a declaraciones o similares aceptadas por todos sus miembros. Son tres los instrumentos adoptados en el seno de la OEA que se han referido a diversos derechos de naturaleza laboral: a) En 1948, la Declaración Americana de Derechos y Deberes del Hombre; b) En 1969, la Convención Americana sobre los Derechos Humanos; y, en 1988, el Protocolo de San Salvador, que complementa la Convención Americana en cuanto a derechos económicos sociales y culturales.

Una de las propuestas sigue siendo proponer a la OEA mecanismos operativos para reforzar la efectividad de los espacios de diálogo social en los procesos de integración de las Américas.

El COSATE en este contexto no deja de ser un ente asesor que formula recomendaciones no vinculantes a una conferencia que tampoco tiene la capacidad de instruir u obligar ni a los ministros ni a la maquinaria administrativa de la OEA respecto a la formulación de las políticas sugeridas.

Si bien es cierto que hasta la Cumbre de 2005, el ALCA era el motor de la CIMT, el movimiento sindical debe identificar ahora cuál es el nuevo motor de su agenda laboral.

El nivel de importancia que pueden darle los centrales nacionales al ámbito del COSATE depende de una toma de decisión importante desde el punto de vista de la estrategia política sindical hacia la OEA. Hay que evaluar si el escenario actual abre la posibilidad de una actuación sindical con más resultados a favor y en defensa de las trabajadoras y los trabajadores en el marco de la CIMT, lo que sería importante, especialmente, para las centrales más débiles o pequeñas.

Se consideraría una victoria real del movimiento sindical que se logre la implementación de las declaraciones de la CIMT en los respectivos países, lo que además, ayudaría a hacer que el COSATE sea más conocido y atractivo para las centrales nacionales.

Más allá de la CIMT y de la Asamblea general, muchos han apuntado como un desafío importante la ampliación de la actuación del COSATE hacia otros ámbitos de la OEA

El COSATE es un espacio político que tejen una fuerza pequeña si se la compara con lo que representa, que actualmente es subutilizado y que podría ser "reformado" en varios de sus espetos, posiblemente incorporando elementos de las experiencias del TUAC (la Comisión Sindical Consultiva, por sus siglas en inglés) y Global Unions (las Federaciones Internacionales de Trabajadores, por sus siglas en inglés).

Otros ámbitos de la OEA para los cuales se debe buscar crear o aumentar la participación laboral son el Sistema Interamericano de Derechos Humanos (aprovechando la recientemente creada red de Derechos Humanos de la CSA) donde se deberían presentar los casos de violación laboral y defensa de la libertad sindical; el tema Migratorio; las políticas de Trabajo Decente; la discusión de la Carta Social en la Asamblea General ; el departamento de Desarrollo Social y Empleo de la OEA; entre otros temas que deberían ser abordados y difundidos por el COSATE en todos sus ámbitos de acción, incluso articulando la intervención de la CIMT y en la OIT. El COSATE debe generar una agenda positiva adentro de la OEA y no esperar que venga una nueva ola de liberalización comercial para actuar con más fuerza en ese espacio.

La coordinación entre la OEA y la OIT sobre trabajo decente debe llevarse hacia políticas continentales de Trabajo Decente en un esfuerzo coordinado. Sin embargo eso no se ha logrado, en parte porque no paree haber mucha relación entre la OEA y la OIT, sobre todo en lo que concierne a la CIMT.

Un aspecto señalado con frecuencia es que la CSA debe acercarse al COSATE y desarrollar estrategias políticas en conjunto. Una cuestión central en este debate es si vale la pena una inversión tan grande en el COSATE si su ámbito de actuación sigue restringido a la CIMT, e incluso existe el debato sobre si vale la pena la apuesta de una acción sindical en la OEA, mientras que el organismo esta deslegitimado y tampoco tiene mucho poder para imponer sus decisiones al nivel nacional.

En este contexto, el peor de los escenarios es que haya una continuación burocrática de la maquinaria, o sea, que la previsión de la apertura de un nuevo ciclo de actividad no se consolide que las decisiones de la OEA sigan quedando en gran medida políticamente inocuas. Los otros escenarios posibles son básicamente dos: que el inicio de la "era Obama" y el escenario de la economía global post-crisis con un nuevo énfasis en el rol del Estado y la geopolítica económica más diversificada, así como un contexto político también diferente, vuelvan a poner a la OEA (a una "nueva OEA") en escena, o, por el contrario, que este órgano termine de perder su relevancia para los países de la región producto de la apuesta de Obama por otros escenarios, o bien por el fracaso de la OEA en cumplir un papel novedoso tanto en la resolución de la crisis en Honduras como en su rol ante la crisis económica. Si fuera así, inevitablemente el COSATE perdería su importancia y el sindicalismo de las Américas debería buscar incidir en los nuevos espacios que sean generados.

Abrir un horizonte de expectativas con los procesos de ALBA y UNASUR como alternativas para la coordinación regional. También la propuesta de Correa en el Foro Social Mundial de Belem, de crear la OELA (Organización de Estados Latinoamericanos).

Más allá de este ámbito, lo que el sindicalismo de la región debería tener claro es su propia jerarquización de la agenda política y social y, en alianza con los movimientos sociales y populares poder ir hacia los ámbitos de participación. De no ser así, las organizaciones sindicales regionales terminamos discutiendo la agenda de la OEA, la agenda del MERCOSUR, la agenda de la OIT, diluyendo así su propio objetivo político.

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