
Aún tengo fresco aquel recuerdo de mi primera visita a la Tupac Amaru hace ya unos seis años largos. Quedé fascinado con esa organización surgida de los fondos más profundos de la miseria y la exclusión jujeña, que forjaron sin ponerse colorado Menem y De la Rúa y muchos gobernadores.
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* Periodista. Equipo de Comunicación de la CTA. Editor de ACTA |
Esa fascinación de la que hablo se reprodujo –y siempre en mayor escala– en todas las oportunidades en que volví a San Salvador. Nada está estático, nada se deteriora. Todo crece, evoluciona. Siempre hay más desarrollo, más crecimiento, más casas, más copas de leche, más piletas de natación, más salud, más educación, más trabajo. La última vez que estuve fue en octubre de 2008.
Llegué a la sede de la Tupac Amaru y no la reconocí, la casita de una planta en el centro de la ciudad se había transformado en una sede de cuatro pisos con una bellísima entrada vidriada, con una muestra rescatando la historia de Tupac Amaru. Transitando sus instalaciones uno ve muchas oficinas que ofrecen servicios gratuitos a la población: desde salas de atención primaria de la salud, hasta peluquería, pileta de natación cubierta, una canchita de fútbol, biblioteca. Enfrente se erige la escuela secundaria Germán Abdala. Sí, una escuela popular.
Ir al barrio Alto Comedero, el “Cantri de la Tupac”, es entrar a un mundo donde se recuperó la cultura del trabajo, de la dignidad y de la solidaridad. ¿Eso será violencia para el senador Morales, la diputada Carrió y las corporaciones mediáticas? ¿O lo cierto es que le temen a los pobres, le temen al poder de los pobres, a la capacidad para crear, para construir, para administrar, distribuir la riqueza en serio y trabajar? ¿O piensan que no tienen derecho a pedirle al Estado, a hacer obras, a armar cooperativas de trabajo, a construir viviendas, centros de salud comunitaria, escuelas, fábricas, centros recreativos, a extirpar la droga, la violencia, la miseria, la indiferencia? ¿Sabrán Morales, Carrió y compañía que el canto que enarbola la Tupac en sus marchas es “porque quiero una vida digna de corazón, yo lucho por trabajo, salud y educación”?
En el Alto Comedero aparecen antes los ojos miles de viviendas hermosas, grandes, pintadas con bellos colores y el tanque de agua coronados con las esfigies de Tupac Amaru, el Che Guevara y Evita. También se ven fuera del predio de la Tupac casas sin terminar. Si los periodistas y políticos quieren saber, esas casas, se comenzaron igual o antes que las casas de la Tupac, pero muchas nunca se terminaron, no cumplieron ni los plazos ni los objetivos. Una casa sin habitar. No hay peor pecado que eso. Parece que no, que el pecado es ser coya, pobre y construir vivienda popular para miles.
Y sigo y aparece una fábrica textil, y aparece un centro comunitario de atención médica y una fábrica de bloques y adoquines, y otra metalúrgica y aparece el Centro de Integración Comunitaria. ¿Saben, señores periodistas y políticos, que esa obra se terminó dos meses antes de los plazos previstos y fue la primera en todo el país? Y veo la pileta de natación y los quinchos y los lugares de esparcimiento. Hasta un cyber y un supermercado y un museo.
En la textil trabajan centenares de trabajadores organizados en forma cooperativa. Guardapolvos, remeras, camisas y ropa de trabajo. Para el centro de salud compraron la ambulancia de más alta complejidad.
En la fábrica de bloques y adoquines se producen a razón de 360 bloques de concreto por hora, los mismos bloques que los compañeros utilizarán luego en la construcción de las viviendas del barrio, para que más familias puedan acceder a su vivienda y, con ella, a una vida más digna.
Caminar por este barrio, conocer a quienes día a día hacen la Tupac, es empezar a creer que se puede, que ese lema tan gastado de “otro mundo distinto es posible” realmente lo es: escuelas, polideportivos, guarderías y plazas. Barrio de puertas abiertas a los sueños.
Los políticos que se creen que la política está hecha para una logia de privilegiados, blanquitos, bien hablados, educaditos, se horrorizan porque Milagro puede ser gobernadora de Jujuy, porque la Tupac se está extendiendo. ¿Cuál será el miedo a que una mujer valiente sea gobernadora y que una organización ejemplar prolifere en otros lugares? ¿O acaso los pobres, los indios, los negros, el subsuelo de la patria sublevada, como llamó Scalabrini Ortiz a quienes forjaron el 17 de octubre, no tienen derechos?
Desde acá lo digo: Ojalá que Milagro Sala no sólo sea gobernadora de Jujuy, sino también, y lo digo desde lo más profundo de mi corazón y mis convicciones, ojalá fuera mi Presidenta.
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