Aniversario
Caída en olvido, Conferencia Congo de reparto África cumple 125 años
Lunes 16 de noviembre de 2009

Los festejos por la caída del Muro acaban de terminar, y Berlín se prepara ya para el próximo gran aniversario: hace exactamente 125 años este domingo se reunían en la capital alemana las potencias coloniales del momento para repartirse África.

El 15 de noviembre de 1884 se inició en el Palacio del canciller del Reich Otto von Bismarck la así llamada Conferencia de Congo, uno de los capítulos más oscuros de la historia europea.

Y qué contraste: para festejar una vez más la caída del Muro de hace 20 años, a principios de la semana acudieron a Berlín visitas de Estado de todo el mundo. Para el aniversario de la Conferencia de Congo, en la que se establecieron fronteras válidas hasta hoy, no llegó ninguna visita. ¿Pero por qué? Desde el punto de vista berlinés oficial, la fecha no merece ni un solo evento.

Muchos invitados habrían podido quedarse simplemente unos días más en la capital. En la ”Cumbre de África”, como se llamó en aquel tiempo, participaron muchos de los Estados que después también jugaron un papel importante en la reunificación alemana.

Entre los 14 participantes se encontraban precisamente Francia, Gran Bretaña, Rusia y Estados Unidos. Del continente al que estaba dedicada la conferencia no hubo, sin embargo, ni un sólo representante en Berlín. Y eso que Bismarck, en su papel de anfitrión, había expresado, altanero, que también los africanos podrían convertirse en ”personas útiles”.

En el encuentro de tres meses de duración los Estados fijaron las formalidades de derecho internacional para la toma de posesión del territorio africano a futuro. Anteriormente esto no estaba para nada
reglamentado.

El documento resultante de la conferencia, el Acta del Congo, desencadenó una disputa por las esferas de influencia que en los libros de historia figura bajo el capítulo ”Scramble for Africa” (”Carrera por África”). Las consecuencias fueron las innumerables crisis políticas, conflictos y guerras con millones de muertos que se extienden hasta el día de hoy.

A pocos años de finalizar la Conferencia, África, incluyendo hasta Etiopía y Liberia, fue dividida. Muchas fronteras fueron trazadas a escuadra y cartabón arbitrariamente sobre el mapa. Los espacios vitales de los grupos étnicos africanos no jugaron papel alguno en este proceso. Se hablaba de ”tierra de nadie” o de ”manchas blancas” que había para repartir.

Así es como el Estado Libre del Congo fue reconocido como una colonia privada perteneciente al entonces rey belga Leopoldo II. El Reich alemán recibió África del Sudoeste Alemana, África Oriental Alemana, Togolandia y Camerún.

El reparto fue incluso adornado moralmente. ”Todas las potencias (...) se comprometen al mantenimiento de la población aborigen y a supervisar la mejora de su situación vital material y moral, así como a colaborar en la supresión de la esclavitud, especialmente la trata de negros”, declara el Acta del Congo. El objetivo era mostrar las ventajas de la civilización occidental a la población nativa, de modo comprensible y haciendo hincapié en su valor. Hubiera sido muy difícil expresar desde la diplomacia más hipócrita.

Resulta por lo tanto comprensible que hoy día este episodio se recuerde sólo de mala gana. A falta de eventos oficiales, el domingo una alianza de activistas de izquierda tiene planeado sentar por lo menos una ”señal contra el olvido”. El punto de encuentro es el antiguo sitio donde tuvieron lugar las sesiones en la Wilhelmstrasse, aunque desde la Segunda Guerra Mundial no quedan restos del palacio del canciller imperial. Hoy se encuentran en ese sitio edificios prefabricados de la disuelta República Democrática Alemana.

De todos modos una placa conmemorativa en el terreno recuerda la conferencia, una pieza de metal poco visible, escondida al borde de un aparcamiento. La placa se puede ver mejor cuando uno sale del subterráneo. El nombre de la estación, Mohrenstrasse -la ”calle de los negros”-, por supuesto, no alude en nada a la olvidada historia colonial alemana.

Fuente: Por Christoph Sator, Agencia DPA.

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