La Cumbre Sindical del Mercosur y la integración
Jueves 26 de noviembre de 2009, por João Antonio Felício *

El próximo 7 de diciembre, en Montevideo, se realizará la Cumbre Sindical del Cono Sur con la presencia de 300 dirigentes de 13 centrales de la Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.



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Secretario de Relaciones Internacionales de la Central Unica de Trabajadores (CUT-Brasil).

Organizado por la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS), el evento ocurrirá en la misma fecha en que los presidentes de los países que integran el Mercosur se encontrarán en la capital ururguaya. La expectativa es que a partir del próximo encuentro se incorporen los venezolanos, cuya entrada en el bloque está siendo aprobada en estos días por el Congreso brasilero.

La agenda sindical, el fortalecimiento del proceso de integración solidario y soberano, como la afirmación de un modelo de desarrollo inclusivo que genere empleos decentes, distribución de la renta, garantice derechos y amplíe conquistas. Este proyecto, evidentemente, no tiene como consolidarse sin la presencia de un Estado inductor, sin priorizar la actuación de empresas nacionales fuertes, particularmente las pequeñas y medianas, que se sabe son las que más puestos de trabajo generan.

Para materializar estas banderas de lucha, es preciso elevar el protagonismo de clase trabajadora, ampliando las movilizaciones conjuntas y elevando la presión desde a base, al lado de los movimientos sociales, en cada uno de los países. Está claro que nuestra fuerza reside en la unión, que es ella quien potencia nuestra capacidad para remover obstáculos y seguir al frente, rompiendo la lógica de una integración que es exclusivamente aduanera, todavía muy pegada a los departamentos de comercio exterior de la transnacionales.

Sin embargo tenemos hoy en el continente gobiernos progresistas que buscan desenmarañar las artimañas dejadas por los neoliberales y privatistas, la cadencia de la integración continua muy sujeta a los humores del capital transnacional, donde las grandes empresas globales acaban imponiendo su ritmo.

El desmonte del Estado nacional en los años de Fernando Henrique Cardozo, Carlos Menem y otros entregadores, que no solo teorizaban como practicaban las relaciones carnales con los Estados Unidos, dejó más que secuelas, cavó verdaderos abismos sociales a ser superados. De esta forma, a mayor parte de los lucros adquiridos del comercio intrarregional acaba son ser apropiado por nuestros países y pueblos, más sí para las arcas de las matrices de las multinacionales. El monto registrado en las propias remesas de las ganancias oficiales de estas empresas habla por si misma, así como las cuotas de publicidad destinadas a propagandear esta irracionalidad como algo natural, a ser reproducido para siempre.

¿De qué forma mantienen este perverso control económico, se fueron en parte desplazados do poder político? Por la fuerte oposición de sectores elitistas, vinculados al sistema financiero internacional, los barones de los medios y latifundistas, que conforman invariablemente el trípode de la reacción a los procesos de cambio que sacuden a nuestra América. Súmese a esos instrumentos de regresión, como el Banco Mundial y el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), que ahora responden por parte significativa de los financiamientos del continente, siempre con el propósito de favorecer la renta de los sus "inversores". Gente que elige en última instancia lo que debe a no ser construido para facilitar la reproducción del capital-multinacional. Como camuflaje o justificación, se utilizan ahora del discurso de "regionalismo abierto", de países pretendidamente unificados, más evidente para el mundo, esto es para las economías de los países centrales. Osea sus países. Lo que equivale a decir que los proyectos de infraestructura, comercio e servicios de la región deberían seguir siendo implementados por garras ajenas, obedientes a una predadora visión externa, extraña a la realidad de nuestros pueblos, ajena a nuestras necesidades y, muchas veces, abiertamente contra ellas. En suma, inversiones que apuntan a las desintegración.

¿Tenemos condiciones de revertir este cuadro, de colocar a nuestros Estados nacionales y movilizar a nuestros Tesoros para revertir esta lógica, sumar esfuerzos para defender las pequeñas e medianas empresas nacionales de la región frente a la voracidad de las multinacionales cuyo hambre de lucro devora salarios, empleos y derechos? ¿O estaríamos condenados a mantener indefinidamente abiertas las venas de América Latina?

Si la fuerza de nuestros mercados internos es evidente, sumada es también más sorprendente. Contra la crisis de la especulación internacional la mejor respuesta es la producción nacional y reunimos todas las condiciones necesarias para que no nos dejemos aniquilar. Es hora de invertir y acelerar nuestros procesos de industrialización, de conexión de las cadenas productivas y de conformación de una dinámica interna capaz de generar un nuevo nivel de desarrollo.

En este contexto, la creación y fortalecimiento del Banco del Sur, con un capital inicial de 20 billones de dólares, así como una orientación del BNDES más volcada a la integración latinoamericana, refuerza una alternativa de financiamiento de la región sin necesidad de someternos a adoptar la traicioneras políticas liberales, como se verificó a lo largo de los años 90. Para tener una idea, el BNDES aumentó el crédito para infraestructura en la región de US$ 120 millones en 2003 a cerca de US$ 1 billón en 2008. Entre las prioridades, autopistas en Bolivia, lineas de subterráneos en Venezuela y en Chile, redes de transmisión de gas en la Argentina y en Uruguay. Vale destacar también la estratégica constitución del Fondo de Convergencia Estructural del Mercosur (FOCEM), que tiene por objetivo reducir las asimetrías regionales y necesita ser abastecido.

El año pasado, de acuerdo a la CEPAL, el PIB de América del Sur llegó a los US$ 3 trillones, y Brasil es responsable por más de US$ 1,5 trillón, el 55% del total. El PIB argentino es el segundo mejor, cerca de 20% del brasileño, con US$ 330 billones. En 2008, la Argentina tenía 40 millones de habitantes, en tanto que Brasil alcazaba los 192 millones, casi el 50% del total de América del Sur, de 390 millones. Estos números acarrean consigo, además del inmenso potencial, una gran responsabilidad con la clase trabajadora y la sociedad de estos países.

Asimismo, debemos actuar con elevada conciencia y redoblado compromiso, sumando esfuerzos con las centrales sindicales de la región en la consolidación de un proyecto común, donde los sueños de generaciones se materialicen con independencia, soberanía y complementariedad. Hagamos nuestras las palabras del artista uruguayo Joaquín Torres Garcia: "¡Nuestro Norte es el Sur!".

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