
Se pudo leer en los diarios de tirada nacional, en las últimas semanas, varias noticias acerca de la villa 1-11-14, más conocida como la villa del Bajo Flores. Una fue la marcha por la inseguridad: “los docentes reclaman más policía en la zona”. Otra noticia fue “el secuestro de un joven que, después de cinco horas, es abandonado en la entrada de la villa”. Y sí. Se lee, se sabe, en el barrio hay choreo, mucha droga y niños a los que la pasta base les arranca los corazones.
Pero lo que no se sabe. No se cuenta, porque –según el oficio- las buenas no son publicables, es que en ese barrio de 50 mil habitantes, también conocido adentro como “la pequeña Latinoamérica”, hay miles de personas trabajando para derribar el cerco de pobreza y prejuicios que los divide del resto.
Están los militantes del barrio y también los militantes de afuera. Están las familias locales, y también familias de otros lugares que se embarcan en el cambio. Y a su disposición se abren los micrófonos. Los de la Frecuencia Modulada 88.1, que se escucha en toda la zona sur y oeste de Capital Federal y Conurbano.
La FM Bajo Flores.
La que noche tras noche entrega la mejor cumbia, todo el reggaeton que piden los vecinos, programas sobre temáticas del barrio, las sociales, los cumpleaños, y por la mañana la información local, nacional y latinoamericana.
Luli, de 20 años, empezó hace cinco años así. Acercando mensajes para sus amigos. Como vivía a pasillos, en vez de llamar a la radio, iba y dejaba el papelito con un tema musical. Al menos algo la movía, algo más que no fuera el paco.
La mayor de cinco hermanos, mamá ama de casa, papa laburante, había caído en la falopa. Hoy, en el estudio de radio, mientras conduce su programa y suena una canción, afirma que “si salí de la droga fue por mi familia y por la radio”.
¿y qué es lo que te llevó a ese lugar?
Y… los transas. Si ves a uno en el mal camino, es por la droga. Hay cantidad de transas arruinaguachos. Yo salí, corte que trato de no pasar por donde paraba, pero estoy bien. Corte que si me cruzo con alguien, le digo ‘eh, no fumés mas’, pero algunos ya están perdidos, por esos arruinaguachos”.
Luli es fresca, divertida. Tiene tatuado en la espalda la mano de su hermanito menor. Maneja el micrófono como si tuviera años de oficio y espera ser becada en una escuela de radio para aprender mucho más. “Ahora termino el secundario, así que le dije a mi papá que más le vale que me compre un vestido de 200 pesos mínimo. Si o si”, dice entre risas compinches con Noe, su compañera en el programa Lazos, donde cada semana tocan distintos temas sobre el barrio y la sociedad.
Noe empezó en la radio a los 11 años. Su amiga más grande, Paola, la invitó a participar en uno de los talleres. “Era una nena –recuerda-. Lo primero fue preguntarle a mi mamá, me dejó, y empecé ese taller… y después muchos más. El que más me gustó fue uno de especial donde hicimos una radionovela con el tema del Alca. Terminaba: ¡Alca al carajo!”, remarca casi cantando. Es simpática e intuitiva. Participa de manera activa en una red social por Internet. Allí sube fotos, ideas, hace comentarios. Se conecta. Tiene claro que el año que viene empieza el CBC para estudiar Ciencias de la Comunicación en la UBA, pero no para irse del barrio, sino para volver recibida y ser parte del cambio. Como muchos, se la pasa sacando fotos con su celular y no quiere perderse nada. Un lugar muchas veces fotografiado es el mural de la puerta de la radio, donde Evita se dibuja dando un discurso.
Allí están las chicas de la radio. Riendo. Posando. Convencidas. La radio es parte de su vida y las ha transformado.
Mariela, que organiza los talleres de radio y el centro comunitario, todavía se acuerda cuando hace ocho años entró al barrio por un trabajo que hacía sobre cartoneros, conoció la radio y se enamoró del proyecto. “A mi no me gusta mucho el verano, el calor, y estaba en pleno enero en la terraza de la radio y me dije: ‘que fresco que está’. ¡Fresco nada! Pero me convencía y me gustaba el proyecto cada día mas”.
Micrófonos para el pueblo, dice el graffiti de una de las paredes internas. Mariela cuenta que la radio fue creada en 1996 por vecinos, militantes de base -en su mayoría peronistas- y la Iglesia: “Para nosotros el padre Rodolfo Riccardelli fue la columna vertebral de la villa y de la radio. Ahora nuestro Centro Comunitario lleva su nombre. Nosotros vemos en la Iglesia de Mujica, Angelelli y Riccardelli un camino de transformación social, un camino de amor, porque todo en este barrio es profundamente religioso”.
Eduardo Najera es uno de sus fundadores, y también el conductor del programa Noche tras Noche, que por el momento está fuera del aire, pero el barrio pide a gritos que vuelva: 150 llamados por día, toda la villa escuchando y Edu generando climas y contando historias. Un Hit.
Gustavo, por su parte, está encargado de la mañana. El equipo de producción se reúne a las 14 horas para ver con qué temas van al día siguiente. Cuentan con el informativo nacional del Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO), al que también aportan noticias, y además emiten el noticiero latinoamericanas producido por ALER.
Paola, de 24 años, es una de las productoras. Comenzó en el micrófono, pero después de cursar un Taller, decidió pasarse detrás de escena. “Empecé a los 15 haciendo un programa de poesía con una amiga, después terminó siendo un programa de chistes. La gente pasaba y nos saludaba. Era divertido. Con Eduardo aprendí a hacer radio, hasta que tuvimos que cerrar por un año”. Eso pasó en el 2000, cuando por la suba y baja de energía se quemaron los equipos y se arruinaron. La falta de luz es uno de los problemas más importantes en el barrio.
“Ahí fue cuando empecé a ir más seguido a la radio y para el 2002 ya era parte, pero justo se rompieron de nuevo los equipos. Estuvimos parados otro año. Y teníamos dos opciones: trabajábamos para lograr los recursos, para volver a poner la radio al aire, y fortalecer la organización, o nos quedábamos haciendo nada”, asegura Paola.
Eligieron lo primero. Se replantearon objetivos, estrategias y sabían que iban a volver al aire. Volvieron, y con más fuerza. Comenzaron a dar la última pelea junto a otras 200 radios comunitarias para lograr un proyecto que suplantara a la antigua ley de Radiodifusión y les diera lugar a las radios en manos de cooperativas, universidades y fundaciones. Radios sin fines de lucro. Después de tantos foros, debates y reuniones, lo consiguieron.
Esa noche, cuando se aprobó la ley de Medios de Comunicación Audiovisual estaban todos en Congreso. Saltando. Bailando. Y con un nuevo desafío: demostrar que no son sólo radios “pobres”, que saben lo que hacen, que instalan otra agenda y comunican con calidad.
La radio no sólo modifica la vida de quienes participan en este proyecto comunitario y popular, sino también de quienes la rodean: “Mi mamá por ejemplo –prosigue Paola-, cambió a partir de la radio. Un día quiso terminar el secundario y hoy está estudiando el CBC de trabajo social. Tiene 50 años y sigue estudiando. Y yo…yo crecí un montón, hoy no soy la Paola que era a los 17 años, hoy te hablo, te miro a los ojos, y no me siento incomoda, no me pongo colorada. Antes ni hablaba y si me preguntaban algo me ponía nerviosa”.
Sus papás nacieron en Bolivia, vinieron hace 20 años buscando una mejor vida y lo consiguieron. Él es albañil, y su mamá Lucy estudia para saber qué responder ante cualquier pregunta de sus niños. Hoy, sus 4 hijos participan en la radio y estudian.
“Y otra cosa –arremete Paola efusivamente-: también rescatamos nuestra cultura. A partir de la radio, renació el tema de la identidad, que en casa estaba bastante olvidado. Yo aprendí sobre Bolivia, en el Bajo Flores. Hoy reconozco mi identidad porque para saber hacia donde vamos, tenemos que saber de donde venimos”.
Carlos no escucha. Está sumergido en la elección de un tema del grupo de cumbia La Liga, con los auriculares puestos. Es el operador del programa que está al aire. Tiene 20 años y hace dos participa de la radio. Antes estaba en la esquina, ahora pasa, toma una birra y sigue de largo. “Mi proyecto es la radio. Yo no estudio, ni nada, pero al menos ahora hago algo”, asiente y se ríe de si mismo y su ataque de sinceridad. Atrás Noe y Luli también festejan esas palabras y preparan la noche del sábado.
El sol cae sobre las casas de la villa. Esas que crecen para arriba, de ventanas chiquitas y antenas colgadas. Llega la noche y los chicos que meriendan todos los días en la radio, todavía están dando vueltas afuera. Juegan en la vereda de la 88.1, frecuencia modulada, porque no es sólo un lugar que comunica, es un lugar de transformación social, aunque no salga en la tapa de las diarios masivos. Vos ahora lo sabés: sintoniza FM Bajo Flores, micrófonos para el pueblo.
En septiembre de 1947, en Colombia, el sacerdote José Joaquín Salcedo inicia una experiencia educativa llamada Radio Sutatenza con el objetivo de alfabetizar a la comunidad campesina.
Los programas educativos se transmitían todos los días a las 5.50, antes de que los campesinos salieran al campo.
En 1950, en Bolivia, se registra uno de los primeros antecedentes de radios comunitarias en los distritos de Cataví y Siglo XX. Los trabajadores instalan y financian radios en los campamentos mineros con el objetivo de informar a la comunidad. En 1970, el número de radios se multiplica pero los golpes militares las desmantelan cuando las ven como una amenaza. Algunas, en la clandestinidad, sobreviven.
En 1983 en Montreal, Canadá, se crea la Asociación Mundial de Radios Comunitarias: AMARC. Conformada por más de 115 países de todos los continentes, se funda con el objetivo de apoyar y contribuir al desarrollo de la radiodifusión comunitaria en todo el mundo, para democratizar los medios de comunicación.
A mediados de los 80 surgen las radios comunitarias en Argentina, a pesar de la ley de Radiodifusión sancionada en la dictadura, que les niega la licencia habilitante por no responder a objetivos comerciales. La necesidad de renovar el espectro radiofónico y expresar otras voces irrumpe en el aire y llegan a ser más de tres mil en todo el país. Nace el Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO).
En abril de 2002 durante el intento de golpe de Estado en Venezuela, las radios comunitarias cumplen un rol fundamental al denunciar el accionar militar en relación a la desinformación que ejercen los medios privados nacionales. El pueblo venezolano exige a viva voz por todos los medios alternativos de información, el regreso del presidente constitucional Hugo Chávez y alerta a las comunidades sobre la rebelión militar.
En Guatemala la mayoría de las radios comunitarias son de las comunidades indígenas mayas y como no existe ninguna legislación que las ampare, sufren la persecución del Estado que responde a los intereses económicos de los grandes grupos mediáticos.
El 10 de Octubre de 2009 se aprueba en Argentina el proyecto de ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en la Cámara de Senadores luego de una lucha que llevó décadas.
Uno de sus principales puntos contempla un 33 por ciento para las frecuencias de radio y televisión sin fines de lucro. De esta forma, se modifica favorablemente la situación de las radios comunitarias luego de una historia sesgada por la censura.
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