
Barrik Gold, es una de las compañías mineras más importantes de explotación a cielo abierto. Invierte millones para extraer oro y plata de la provincia de San Juan, pero es cuestionada por contaminar el aire, el agua y el suelo.
Argentina cuenta con cinco mil kilómetros de cordillera, una docena de yacimientos mineros metalíferos en explotación y 59 emprendimientos a gran escala en exploración que se multiplicaron en la última década. Según datos oficiales de la Secretaría de Minería de la Nación, en 1993 Argentina exportaba 15,8 millones de dólares, en 2003 alcanzó los 3.300 y en 2008, 12.375.
Este cambio drástico no es casual, así como tampoco lo es el hecho de que el país cuente hoy con más de 403 emprendimientos mineros, provenientes de las más importantes empresas del mundo. Con el 75 por ciento de sus recursos inexplorados y regalías de sólo el tres por ciento, Argentina se transformó en un paraíso y en el destino elegido por empresas de Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Australia, Suiza, Sudáfrica y China que huyen de sus países por los estrictos controles ambientales e impositivos.
Luego de la Ley de Inversiones Mineras sancionada en 1993 –ratificada en 2001– y por los decretos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, las compañías mineras están exentas de la obligación de liquidar en el país las divisas de sus exportaciones. No pagan retenciones, impuesto al gasoil, tasa de sellos ni tasa de estadísticas. Excelentes condiciones para que Argentina sea la vedette del sector empresarial. La minera canadiense Barrick Gold, es una de las principales exploradoras de minas a cielo abierto que desembarcó en nuestro país. Fundada en 1983, y con presencia en 16 países, cuenta con doce minas en funcionamiento y siete proyectos en exploración avanzados. En la provincia de San Juan explota dos minas: Veladero y Pascua-Lama, el primer proyecto binacional entre Chile y Argentina. Este año la empresa anunció que invertirá 11 mil millones de pesos para la extracción de oro y plata. Sin embargo, Barrick podría ganar en esta explotación al menos 30 mil millones de dólares en los 23 años de vida útil del proyecto minero más ambicioso de América: con reservas de 528 toneladas de oro (11.211 millones de dólares) y 21.400 toneladas de plata (8.991 millones de dólares).
Es la primera vez que una empresa minera se instala en la frontera entre dos países –en plena cordillera–, y es el puntapié para la radicación de una decena de proyectos a lo largo de todo el cordón de los Andes. A ello se le suma la decisión de la Presidenta Cristina Fernández de vetar la ley 26.418 de protección de los glaciares que fue aprobada por unanimidad por la Cámara de Diputados en 2007 y por amplia mayoría en Senadores en octubre de 2008. La norma impulsaba la creación de un inventario nacional de glaciares, y prohibía que en los hielos y en su entorno se realicen actividades que puedan afectar su condición natural o que impliquen su destrucción o traslado o interfieran en su avance, como por ejemplo la exploración y explotación minera o petrolífera.
Para el geólogo Jorge Rabassa, experto del laboratorio de Geología del Cuaternario del Caddic-Ushuaia e investigador del Conicet, “el veto parece estar hecho a medida de las mineras. En especial las que extraen oro de los glaciares de alta montaña como Barrick Gold. Estas explotaciones traen contaminación de las aguas por el cianuro que se usa para separar el mineral, indispensable para los agricultores en zonas donde el riego es primordial”.
Las actividades mineras de Pascua Lama y Veladero ponen en peligro el equilibrio natural y cultural de la Reserva Natural de San Guillermo, situada en lo alto de la cordillera de los Andes en la provincia de San Juan, y considerada una Reserva Mundial de Biósfera, protegida por la UNESCO.
Pascua Lama tiene un impacto directo en los glaciares que regulan el escurrimiento que forma los ríos Cura y Jáchal, el único suministro de riego y agua potable que reciben los delicados cultivos del desierto en el norte de San Juan y constituye una amenaza a la biodiversidad. Los depósitos de polvo en la superficie de los glaciares aceleran su proceso de derretimiento. La acumulación de toneladas de residuos tóxicos contamina el suelo y las napas freáticas.
Por ello, innumerables denuncias por contaminación son presentadas por organizaciones sociales, comunidades campesinas y entidades ambientalistas. Pascua-Lama, utiliza 17 camiones con cianuro y 200 de explosivos al mes. “Las consecuencias son claras: destrucción de los glaciares, contaminación de las aguas, grave alteración del equilibrio hídrico cordillerano, daños sociales y económicos a mediano y largo plazo, enfermedades, pasivo ambiental incalculable debido a la destrucción de ecosistemas que tardaron millones de años en gestarse y por supuesto, aumento del calentamiento global”, señala Alejandro Noriega, de la ONG Interprovincial Conciencia Solidaria.
Los resultados sobre las poblaciones cercanas a los emprendimientos mineros a cielo abierto son gravísimos. La localidad de Jáchal está ubicada a unos 200 kilómetros de Veladero. Cuando la multinacional canadiense montó el proyecto sobre el margen del río Las Taguas, la vida del pueblo cambió. En el proceso de extracción de oro a cielo abierto se utiliza cianuro y unos 110 litros de agua por segundo, según la empresa.
Allí nadie puede tomar el agua, todos saben que está contaminada y que cada vez son más los casos de cáncer. Las Madres Jachaleras, entidad pionera en oponerse a la minería en la provincia, aporta estudios: el agua pasó de tener 69 miligramos de arsénico por litro a tener 120 miligramos. Muy por encima de los niveles permitidos. La extracción a cielo abierto comprende la utilización de cianuro y arsénico para separar el oro y la plata, que penetran en la tierra y contaminan millones de litros de agua que luego son consumidos por las comunidades cercanas. “Enormes cantidades de polvo en suspensión permanecen en la atmósfera y aceleran la producción natural de sulfuros, que en contacto con el aire y el agua producen drenajes ácidos, con su contaminación a cuestas”, afirma el fiscal Jorge Enrique Berman quien inició una demanda ante la ONU denunciando a la empresa Barrick Gold por numerosas muertes y enfermedades. Y agrega: “La denuncia está alentada por María José Zalazar que padece cáncer y por los muchos niños con asma, irritaciones pulmonares y cáncer que comenzaron a verse en Jáchal”.
Asociaciones de ambientalistas vienen denunciando no sólo a la canadiense Barrick Gold, sino a numerosos emprendimientos mineros que coparon nuestro país. Afirman que se derrochan millones de litros de agua y se contamina el medioambiente de manera irreversible, lo que trae aparejado enfermedades y hasta muerte. A esas denuncias se suman los reclamos por los bajos salarios y las malas condiciones en las que se encuentran los trabajadores mineros.
Miles de kilómetros quedan aún por explorar. Miles de familias aún no encuentran respuestas. Mientras tanto la actividad minera arrasa con la naturaleza y todo ser vivo que encuentra a su paso.
José Leiva es el principal referente sindical del yacimiento de Veladero. Junto a otros compañeros creaba un nuevo gremio cuando fue despedido por la multinacional minera que explota en San Juan. Su despido fue llevado a la Justicia como otro caso de discriminación sindical, con el objetivo de que la compañía canadiense lo reinstale en su puesto. Al cierre de esta edición, la Justicia ordenó a Barrick Gold que reincorpore al trabajador en similares condiciones a las que tenía cuando fue cesanteado.
Leiva, tiene 49 años y trabaja hace cinco en la mina ubicada a más de cuatro mil metros sobre la cordillera. Para los mineros, uno de los principales problemas es que en la zona “hay sílice, un compuesto comparable al vidrio que con las explosiones y el tránsito queda flotando en el aire. Al ser respirado, el sílice entra en los pulmones y los daña irreversiblemente”.
Fuente: Paola Streintenberger, Revista En Marcha de la Asociación Judicial Bonaerense (AJB-CTA)
Asociación Judicial Bonaerense
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