
“Industria”, “Séptimo Arte”, “Instrumento de la memoria colectiva”, “Fábrica de sueños”, paraíso de belleza o escondrijo del espanto, útil al poder pero también a la rebelión. Resulta difícil encasillar a ese monstruo de mil cabezas que es el cine. De cada film, aún de los más resonantes, se recuerda a los actores principales y tal vez al director. Casi nadie tienen presente que detrás de escena miles de trabajadores son también parte de la película. Ellos son los protagonistas de esta nota: camarógrafos, sonidistas, maquilladores, cada una de las profesiones que componen al Sindicato de la Industria Cinematografica Argentina (SICA-CTA).
Esos trabajadores de diversos oficios terrestres son los que aparecen en letra pequeña al final de las películas acompañados por el tema central de la banda de sonido. Conviven detrás de cámara con astros y estrellas –algunos de efímera fama- que integran el rutilante mundo del espectáculo. Ellos, los laburantes de SICA, siguiendo el ejemplo del inolvidable “Tato” Miller, luchan y se organizan dentro de la CTA en pos de salarios y trabajo dignos. Esta crónica habla de eso y unas cuantas cosas más. Pasen y vean. ¡Luz, cámara, acción!
Los diarios de la época cuentan que algunos de los desprevenidos espectadores que se habían acercado hasta el Teatro Odeón de la ciudad de Buenos Aires, no vacilaron en arrojarse de sus butacas en un ataque de pánico cuando la locomotora enfiló hacía la platea. El cine llegó a la Argentina en 1826 poco después de su lanzamiento en París. "Mi invento no es para venderlo. Puede ser explotado durante algún tiempo como curiosidad; aparte de eso, no tiene ningún futuro comercial", había dicho Auguste Lumiére sin siquiera presagiar los albores de la industria donde contar una historia es sinónimo de arte, también de poder. “Algún día el cine americano triunfará y entonces América dominara el mundo”, exageró el escritor Sinclair Lewis.
Aquella primera exhibición, “La llegada del tren”, fue organizada por el periodista Eustaquio Pellicer, fundador de Caras y Caretas y su amigo Francisco Pastor. Ya en 1984 había llegado a la Argentina el primer kinescopio inventado por Tomás Alva Edison. Fue exhibido en el comercio “Casa Lapage” de la calle Bolívar propiedad del barón francés Emilio Lapage.
El aristócrata de San Telmo, junto al austriaco Max Gluksman y el francés Eugenio Py son parte de los espectadores de aquella primera función en el Teatro Odeón. Deciden tomar contacto con los hermanos Lumiére pero las gestiones fracasan. Según Alfredo Marino en “Historia del Cine Argentino”, no se desaniman y logran importar un “Cronofotógrafo Elgé” de Gaumont-Demeny de 1897 y “Cinematógrafo Phate” distribuido por la Compañía francesa General de Phate Feres.
Eugenio Py va ganando experiencia. Es el primer director del cine nacional con el corto “La bandera argentina” que cosiste en una bandera flameando en Plaza de Mayo. Le siguen “Viaje a Buenos Aires” en 1900 y un año después “La revista de la escuadra argentina”. El primer largometraje, también realizado por Py y Gluksman es “Amalia”, basado en la novela de José Marmol.
La primera sala cinematográfica se instala en una casa de familia de Maipú al cuatrocientos. En 1931 se filma “Muñequitas porteñas” dirigida por José Ferreira que será el primer filme sonoro por el sistema Vithapone de sincronización sonora. Hacia 1933 llega el sistema movietone que permite guardar la banda sonora en el mismo soporte que la imagen. Ese mismo año nacen los primeros estudios cinematográficos del país.
Días de vino y cine mudo
Un corredor de vino de origen italiano, Angel Mentaste, había sumado una amplía clientela repartida en las provincias de Buenos Aires y Santa Fe. Un amigo que vendía películas mudas le pide que lleve algunos títulos con el vino. Mentasti termina montado una distribuidora. Luis Loglia Barth le propone realizar un largometraje sonoro en el que por primera vez en el país la película estuviera acompañada de discos. La realización se estreno bajo el título “Tango” y con ella nace, el 25 de abril de 1933, Argentina Sono
Film. La receta para el éxito de “Tango” fue simple, se reunió a las figuras más conocidas de la radio y el teatro.
Los fundadores de la “Luminton”, la otra compañía legendaria son tres médicos; César Guerrico, Enrique Susini y Luis Carranza. En la década del veinte habían realizado las primeras trasmisiones radiofónicas y eran dueños de una importante empresa de comunicaciones; “Via Radiar”. Presionados por una empresa norteamericana debieron vender su compañía. Interesados en el cine sonoro viajaron a Hollywood donde adquirieron equipos. En Munro instalaron estudios construidos a escala de acuerdo al modelo norteamericano. Su primera película fue “Los Tres Berretines” protagonizada por Luis Sandrini. Estas y otras empresas, como “Estudios San Miguel” de Miguel Machinandiarena, que explotaba el Casino de Mar del Plata, lograron producir 20 filmes anuales.
En cada una de estas compañías se va agrupando un importante número de técnicos. El profesor Abel Posadas recuerda que “el denominador común de los productos “Luminton”, un desfile de tahúres, mujeres engañadas, cantantes, rubias caprichosas, hombres de trabajo y supermujeres perduran por el ritmo y la factura técnica. La fotografía de Gerardo Húttula en “Fuera de la Ley”, la música de Rodolfo Sciamella en “Isabelita” o las eternas escenografías art-decó del arquitecto Ricardo Conord, además del armado final del producto mediante el montaje, son elementos imprescidibles”.
También la “Sono” –recuerda Posadas- poseía técnicos de envergadura, aún en los entretenimientos insulsos como Antonio Merayo, Aníbal González Paz, Alberto Etchebehere o John Alton en la fotografía, Raúl Soldi o Gori Muñoz en la escenografía y la música, por ejemplo de Juan Ehlert –para mencionar sólo a uno- lograban vestir un producto para presentarlo al público con cierta discreción”.
El esplendor, los yanquis y después
Con la llegada del sistema movietone y a medida que sonido e imagen se integraban, el cine se convierte en un producto de consumo popular. La matiné de los sábados y domingos son la salida obligada de la pequeña burguesía. En los años treinta ya hay más de 200 salas ubicadas en el centro y los cien barrios porteños. Sólo Almagro tiene ocho cines. En los alrededores de San Juan y Boedo se apretujan “El Bristol”, “Cuyo”, “Cine Teatro Boedo”, “Follier Boedo” y “Moderno”, más conocido como “La Piojera” por el ambiente que lo frecuentaba. El más lujoso era el Gran San Juan, hoy convertido en un templo evangelista.
Hacia 1939 se realizan medio centenar de películas por año. El cine argentino conquista el continente. En 1942, el 34 por ciento de la producción exhibida en América Latina era Argentina. Un año antes la “Sono Film” y la “Lumiton” habían instalado oficinas en México.
A los ingleses el cine no los había interesado pero con el imperialismo norteamericano la cosa es distinta. Su industria no quería competencia. La Internacional Telephone le había pagado a quienes fundarían luego la Luminton para que no prosiguieran con sus experimentos radiales a través de su compañía “Via Radiar”. Posadas recuerda que ante “el cierre de los mercados europeos, el Departamento de Estado norteamericano creo la CIAA (Office of the Coordinator of Inter-.American Affaire). El resultado fue una gira de buena voluntad emprendida por Walt Disney, y la producción de dos filmes: “Saludos amigos” y “Tres Caballeros”. En 1942 y cuando Argentina consistía en un serio peligro para las ganancias norteamericanas en materia de cine, la CIAA decidió aprovechar la neutralidad del país en la Segunda Guerra Mundial, para impedir la exportación de película virgen a la Argentina. Asimismo decidió que era conveniente proveer a México de asistencia técnica, equipos y material debido a que en las áreas urbanas los productos mexicanos no eran vistos y no podían competir con los de Hollywood, tal como ocurría con las manufacturas argentinas”.
Los trabajadores y el general
Lo primero que llama la atención al entrar en la sede del Sindicato de la Industria Cinematográfica Argentina (SICA-CTA) es una antigua placa mediante la que se recuerda la donación del edificio al gremio por el gobierno peronista, también hay un reconocimiento a Eva Perón. “Los más viejos nos contaban que fueron a verlo a Juan Domingo Perón cuando estaba en la Secretaría de Trabajo para pedirle una serie de ventajas impositivas para beneficiar la producción local de películas. El general les contestó: -“Muchachos de eso se tienen que encargar los empresarios. Ustedes lo que deben hacer es un gremio fuerte”.
Sergio Zóttola, secretario general de SICA reflexiona: “Los tiempos han cambiado. En esa época desde el Ministerio de Trabajo se beneficiaba la creación de gremios como herramienta eficaz para la defensa de los derechos de los trabajadores. Hoy se amontonan, los pedidos de inscripción gremial sin que haya respuesta de parte de las autoridades”.
Los comienzos de la actividad gremial de la Industria Cinematográfica Argentina remontan a septiembre de 1944, cuando un grupo de trabajadores de los principales estudio creó la Asociación Gremial de la Industria Cinematográfica (AGICA). Cuatro años más tarde nació SICA que agrupa a los técnicos y profesionales de Cine y Video de la Argentina. Son todos aquellos que están detrás de cámara: entre otros, técnicos en fotografía, sonido, iluminación, maquillaje, vestuario, electricidad, producción y ayudante de cámara.
Norberto Rapado, secretario de Acción Social del sindicato, recuerda que por esos tiempos, “sin gremio que te defienda las jornadas eran interminables aún para los que estaban mensualizados. El setenta por ciento de los compañeros eran temporarios y obviamente esto beneficiaba cualquier exceso por parte de las productoras.”.
Vinieron otros tiempos y otros generales. Con la dictadura al gremio se le hizo difícil sobrevivir, la mayoría de los afiliados estaban en listas negras, casi no se filmó en la Argentina. Apenas se hacían 6 o 7 películas por año. La otra etapa negra para los trabajadores del cine, fueron los noventa, “la flexibilización laboral borró todos los derechos. La gente aceptaba jornadas de once horas ya que había que mantener a la familia. Aún hoy estamos tratando de borrar parte del retroceso que significaron esos años, peleando porque se cumpla el Convenio Colectivo, la jornada de ocho horas y media”.
La industria, sólo un mito
Los dirigentes de SICA advierten la que crisis internacional reciente pegó duro en la industria del cine no sólo porque se redujeron las producciones extranjeras sino por la limitación de los ingresos en materia de publicidad. Sostienen que de 45 a 50 producciones que se venían realizando se pasó a no más de 15. En cuanto, a las realizaciones cooperativas se redujeron de 30 a 15.
Para SICA es casi una obsesión generar nuevas fuentes de trabajo. Sólo este año 500 nuevos técnicos se sumaron a la actividad, que es cada vez menor en materia de demanda laboral.
Zóttola piensa que hay mucho de mito en eso de hablar de la “industria del cine”. Recuerda las buenas épocas “del año 40 al 50, entre los 70 y 75 y el período que va del 84 a 86”. Enseguida advierte que no puede haber industria sin una decida participación del Estado, aún en la planificación de los mercados que se quieren ganar.
En este sentido señala que se están haciendo gestiones para que como otro tipo de producción el cine pueda ser beneficiado con una exención del IVA. “He hablado por ejemplo con directivos de la Fox y ellos están en capacidad de realizar por lo menos ocho películas al año en la Argentina si se dan esa condiciones. En materia de inversión y ocupación, estas producciones equivalen a treinta de las nuestras. Lo que dejamos de percibir en materia impositiva lo multiplicamos a través de lo que queda en el mercado interno, ya que por ejemplo todo el circuito hotelero y turístico también se beneficia. La reactivación sería enorme y estaríamos en condiciones de competir con Canadá, Australia y Sudáfrica”.
El dirigente resalta la capacidad de los técnicos argentinos, y da ejemplos como el de Roland Joffé, director de “La Misión” quien está rondando en nuestro país con 250 técnicos argentinos.
¿Cooperativas o fraude laboral?
La conducción de SICA señala que gran parte de la producción nacional se hace a través de cooperativas. Aclaran que “en realidad son seudo cooperativas que ocultan un grave fraude laboral. Contratan gente a la que no reconocen derecho alguno. Alojan al personal en hoteles de cuarta, le dan cualquier cosa de comer, no pagan a la obra social… Si esto continúa nos van a dejar sin nuestra obra social de la que hoy estamos orgullosos”.
Los dirigentes añaden: “Nosotros seguimos atendiendo a los compañeros, aún cuando están desocupados mediante el pago de una cuota que es casi simbólica. Vengo de Mendoza –afirma uno de ellos- donde denunciamos a una de estas cooperativas. Tenían a la gente en un galpón, allí rodaban, comían y dormían. Estas producciones no ponen un peso, se valen de los créditos del Estado. Para tener ganancia, inflan los costos. Inscriben las cooperativas y le dan de baja cuando termina la película”.
El orgullo del gremio es la capacitación. En el Centro de Formación Profesional que ocupa el edificio donde funcionaran en los años veinte los talleres del diario Crítica se forman más de un millar de alumnos. Hay entre ellos, estudiantes de Latinoamérica y Europa.
La programación de los talleres incluye asignaciones laborales como: segundo ayudante de cámara, foquista, camarógrafo, dirección de fotografía, sonidista, guión, asistente de dirección, editor, maquillador, jefe de producción, reflectorista, utilero, guión, editor, dibujo técnico, fotofija, peinador y vestuario.
Preocupados por el retroceso de la organización gremial que trajo aparejado el neoliberalismo, en SICA están elaborando un manual del delegado gremial. También dan charlas ya que “no sólo se trata de entregarles a los compañeros los elementos necesarios para su formación profesional, hay que darles las herramientas para que puedan defender nuestra profesión, y eso es, la organización”.
SICA está tratando de consolidar su entramado nacional “tenemos afiliados en todas las provincias pero inexplicablemente el Ministerio de Trabajo demora nuestra personería nacional. “ También se preparan para el lanzamiento de la Federación Internacional de Cine.
Zótola explica que el acuerdo que inicialmente pensaba abarcar al Mercosur, ahora se extenderá a Venezuela y México. En la práctica, la idea es extender el convenio que tenemos aquí a cada uno de los países a través de que lo reconozcan los respectivos Institutos de Cine. “En San Pablo, Brasil está en vigencia un convenio que es copia del nuestro, ya que se lo llevó en el equipaje un compañero que se fue al exilio con la dictadura”. Explican que en muchas naciones del continente como Uruguay o Paraguay, la vigencia de este tipo de legislación significará un gran avance para el respeto por los derechos de los trabajadores de la industria del cine.
Como si su presencia hubiera estado sobrevolando toda la charla, surge al final el recuerdo de Roberto “Tato” Miller ex secretario general de la entidad, miembro fundador de la Central de Trabajadores de la Argentina y quien se hizo cargo a principios del 2000 de la dirección del Instituto de Cine y Artes Visuales.
Zóttola recuerda que ”en la mesa alrededor de la que estamos sentados se fue tejiendo la Ley de Cine que permite por ejemplo que el 10 por ciento de las entradas más un porcentaje de la publicidad vayan a financiar a la industria. Que vela por la protección de las organizaciones de los trabajadores, aunque a veces no se haga cumplir o se viole a través de cooperativas truchas, ya que para acceder a un crédito estatal antes hay que presentar un libre deuda no sólo en materia de aportes jubilatorios sino con las instituciones gremiales respectivas”.
Sindicato pequeño frente a una industria enorme. Los compañeros de SICA saben que “poca gente piensa alguna vez en la vida los miles de trabajadores que están detrás de una película, a lo sumo reconoce al director y los actores principales. Por eso, siguiendo las enseñanzas de “Tato” Miller estamos tratando de darle otro protagonismo al gremio para que pueda percibirse que los trabajadores somos partes de esta historia y detrás de cada película están las demandas no satisfechas, los derechos pisoteados, la lucha por nuestra dignidad como trabajadores del cine”. Palabras sinceras y comprometidas con la identidad de clase.
Reclamos salariales y laborales, capacitación profesional, cobertura médico-asistencial para los afiliados, participación política en la Central: una práctica integral que enriquece este presente del gremio. Así están las cosas en ese universo que bulle detrás de cámara. Es público y notorio que en SICA se está viviendo un nuevo tiempo. La reciente intervención de Hernán Bardi, su secretario adjunto, reclamando en vivo y en directo al ministro de Trabajo de la Nación, Carlos Tomada, el otorgamiento de la personería gremial a la CTA y a las más de dos mil quinientas organizaciones simplemente inscriptas en una ceremonia que se había organizado con el INCAA, es un botón de muestra de esta nueva realidad. Fin.
recibir ACTA en tu correo electrónico
Piedras 1065 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina
(5411) 4307-6932 - prensa@cta.org.ar - www.cta.org.ar
sitio desarrollado en SPIP y alojado en www.redcta.org.ar