
Como nadie, como nunca, como siempre, nos duele Haití. Sus calles hoy llenas de escombros, de muertos, de terror, en esta ocasión "por culpa de un terremoto", o mejor dicho por culpa de las causas -no climatológicas- que provocaron cientos de años de iniquidad e indolencia imperial en un país arrasado por la voracidad de los sucesivos invasores.
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* Periodista; Director de Resumen Latinoamericano, las noticias de America Latina y el Tercer Mundo |
Nos duele el Haití de hoy, golpeado por un sismo de 7 grados, pero que no es distinto al que durante años fue maltratado, violentado, masacrado, torturado, humillado, por otras tantas catástrofes provocadas por gobernantes déspotas, militares asesinos, civiles cómplices, ejércitos de ocupación extranjera, como el que ahora está alli, de la mano de la ONU y que incluye, para vergüenza de la Patria Grande de Bolivar y Pettion, a tropas latinoamericanas.
Nos duele este Haiti con olor a muerte, las que provocó este resquebrajamiento de la tierra, pero también esas otras, tan cotidianas, como las del compañero Jn. ANIL LOUIS-JUSTE, intelectual asesinado ayer mismo al salir de su querida Universidad, donde tantas veces había peleado por la dignidad haitiana.
Jn. ANIL LOUIS-JUSTE es el autor de un trabajo "Haití y su lucha por la vida" que integra el libro "Haití: La ocupación militar y la tercerización del Imperialismo", recientemente presentado en Montevideo, Uruguay, y editado por la Universidad Popular Joaquín Lencina.
En esa ocasión, me tocó compartir el panel de expositores en mi condición de director de "Resumen Latinomaericano", junto al dirigente del Comité Democrático Haitano, Henry Boisrolin, el Embajador de Ecuador en Uruguay, Edmundo Vera Manzo, el historiador Gonzalo Abella, la dirigente uruguaya de la Plenaria Memoria y Justicia, Irma Leites y el dirigente politico Helios Sarthou. Todos destacamos la importancia del libro escrito, entre otros, por el intelectual haitiano ahora asesinado.
Ahora vendrán las condolencias, las ayudas (las mejores y más efectivas son las que siempre han dado Cuba y Venezuela, solidaridad pueblo a pueblo y no caridad de ocasión), y los lamentos por todo lo que no hicimos por ese país que en estos años de Bicentenario deberíamos reverenciar por ser el primero en liberarse, lanzando el primer grito antiesclavista del continente.
Sí, Haití nos duele en las entrañas, en la piel, en las palabras. Pero no es suficiente.
No vale recordar a ese hermoso pueblo, empobrecido por los mismos que hoy desde Washington, París o la ONU, derramarán lágrimas de cocodrilo, si no le ayudamos revolucionariamente a expulsar a sus ocupantes, a sacudirse de una vez y para siempre a quienes tanto mal le han causado.
No le echemos la culpa a los sismos, sino a quienes provocan estos y todos los males de una tierra ultrajada a golpe de trasnacionales y crueldad capitalista.
Lo demás, es pura hipocresía, como tan bien lo explica ese otro rebelde planetario llamado Evo Morales.
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