
Por Arturo M. Lozza. Pretendieron borrar nuestra identidad, proclamaron el fin de la historia, pero la clase obrera continúa tejiéndola y a través de los talleres de la CTA recupera la memoria para las jóvenes generaciones. Los encuentros ya comenzaron en distintos puntos del conurbano bonaerense y en la Capital Federal.
En este octubre, el Taller de Historia del Movimiento Obrero, que nació a principio de año en la CTA por iniciativa de Víctor De Gennaro, que coordinó sus actividades, y un grupo de militantes, jóvenes e historiadores de la Central, ha cobrado impulsos multiplicados por la propia iniciativa de los participantes del mismo que propusieron reeditar ese Taller en cuatro regiones de la CTA: Capital Federal, La Plata, Zona Norte y Sur. De esta manera, los cientos de estudiantes han comenzado, o lo harán en el curso de este mes, a penetrar en el pasado, a bucear en las raíces del movimiento obrero y a descubrir los cimientos de la identidad.
Lo harán a través de seis etapas de la historia de los trabajadores: desde 1850 a 1922, incluyendo las primeros grandes gritos de rebeldía, de autoconciencia y autoorganización, hasta la creación de la CTA en los años 90 y los nuevos tiempos, pasando por los años de lucha y reorganización de los trabajadores en las décadas del 30 y el 40, las luchas de los anarquistas, socialistas y comunistas, la construcción de poder desde los propios trabajadores, la participación sindical en el gobierno de Juan Perón, el período de resistencia peronista y popular a partir del golpe de Estado de 1955, la creación de la CGT de los Argentinos, las nuevas grandes rebeliones bajo las dictaduras militares -Cordobazo, Rosariazo, etc.-, luego la resistencia a los genocidas desde 1976, la crisis a nivel mundial, el auge del neoliberalismo y los nuevos momentos en los cuales surge la CTA.
“No es simplemente un curso de historia -nos explica Fabio Basteiro, secretario general de la CTA Capital Federal-, sino que lo fundamental para nosotros es la discusión política necesaria para entender de donde venimos, entender que la historia no empieza cuando uno llega, que no es la primera vez que suceden determinadas cosas sino que, si buceamos en nuestra propia identidad, vamos a encontrar sorpresivamente que muchas de las cosas que discutimos hoy en otro contexto histórico, tuvieron las mismas intencionalidades décadas atrás”. Y agrega: “¿Qué intención tiene este curso? Organizar a la clase trabajadora y disputar por una sociedad nueva. Comprobamos que el concepto revolucionario de nuestra clase está sustentado en la historia, se proyecta al presente con los nuevos protagonistas, y todo eso coagula en la instrumentación de políticas desde la clase trabajadora hacia el futuro”.
Para Basteiro, los talleres de historia contribuyen a crear la síntesis a partir de las diferentes visiones y procedencias de los trabajadores que participan de una u otra manera. “Nosotros creemos -dice- que es necesario generar todos los ámbitos necesarios de discusión entre los trabajadores, ámbitos horizontales, abiertos, sin aplicar recetas, sin creer que la bajada de línea será automáticamente aceptada por los compañeros, sino que hay que hacer un proceso de discusión muy amplio, conocer las historias, las procedencias de cada uno, y de ahí es de donde surgen las síntesis que necesitamos los trabajadores para conformar una nueva experiencia organizativa”.
“En nuestros talleres -agrega el titular de la CTA porteña- van surgiendo discusiones muy interesantes, donde la dinámica la imprimen los propios participantes. No es un curso que alguien da y que los demás reciben, sino que es un taller de autoorganización y de autoformación donde los propios compañeros investigan, discuten y conforman grupos que se reúnen durante la semana, debaten, y hacen fuertes planteos en relación a la óptica de cada uno. No todos los compañeros que dan las charlas piensan lo mismo, y esto da mucha riqueza. Muchas veces nos hacen creer que es imposible discutir con otro de diferente corriente, pero nosotros decimos que, como trabajadores, la identidad supera a las divisiones que se impulsan desde el poder y desde la cultura de la fragmentación”.
Cada Taller tiene riquísimos aportes. En el que se inició en CTA Capital, los participantes tuvieron oportunidad de dialogar con veteranos de la FORA y los movimientos huelguísticos de los años 30, y estarán presentes más adelante protagonistas de la resistencia peronista y otros. Es que los trabajadores -nos señalaron integrantes del Taller- tenemos que tener la capacidad de escribir nuestra propia historia, que no será ni mejor ni peor que las otras, pero que será la nuestra.
Juan José Cantiello, secretario general de la CTA bonaerense y coordinador del Taller en la zona sur, entiende que el objetivo fundamental que tienen estos encuentro es contribuir a construir el “nosotros”, la identidad como clase obrera ocupada y desocupada. “En la medida que nos sentimos parte de la clase trabajadora -nos advierte-, queremos conocer nuestra propia historia, que tantas veces fue ocultada, silenciada. Y a medida que se descorre el telón, nos sentimos más fuertes, comprendemos que somos parte y continuadores de aquellos que pusieron los cimientos”.
El sentido de esta experiencia -opina Eduardo Balán, coordinador de Zona Norte- es provocar un acercamiento de los trabajadores a las fuentes, los datos, los procesos de construcción del movimiento obrero en cada etapa de la historia. “Tiene un doble beneficio -nos explica-, por un lado se recuperan experiencias e información y, por el otro, es notable como la recuperación de la historia enriquece y fortalece el debate sobre la construcción de nuestra Central. Porque ver la historia del movimiento obrero -agrega- es ver como en la clase trabajadora fueron tomando forma las distintas lógicas en la construcción de poder desde los propios laburantes, y buscar en la historia afirma un debate de actualidad que es la relación entre la organización sindical, y la estructura de los partidos políticos, de la democracia institucional y el movimiento social en general”.
Omar Núñez, titular de la CTA de La Plata, nos habla del entusiasmo que ha despertado el Taller. Su realización -nos dice- es un acierto, será la actividad más importante de la inauguración de nuestra nueva sede, y en lo fundamental está dirigido a que los jóvenes sorteen ese pozo, ese vacío, entre las generaciones anteriores a los 70 y los de la etapa actual. “Yo, que tengo mis pirulos -nos expresa Omar-, me siento muy contento de que se formen nuevos cuadros que vayan tomando la posta. Porque las cosas no empiezan cuando uno llega sino que tenemos un patrimonio de lucha de más de cien años. Eso reconforta y fortalece para tirar hacia delante. Recuperar la memoria es un dato fundamental para poder resolver la construcción de una sociedad distinta, un país nuevo, soberano, con justicia”.
Con la irrupción del neoliberalismo y su cultura represiva y consumista, se pretendió terminar con la historia, borrar de la memoria colectiva la lucha de la clase obrera. Los talleres de la CTA la están recuperando. “La primera reacción de los jóvenes al recuperar a aquellos mártires, luchadores y constructores del movimiento obrero, -señala Omar Núñez- es de asombro, es como descubrir cosas desconocidas, no se imaginaban tantas luchas, tantos compañeros caídos. Es decir, acceden a la historia y eso les da fortaleza al darse cuenta que son parte de una tradición de combate y de solidaridad en cada etapa, en el Cordobazo, la resistencia peronista, los anarquistas, socialistas, comunistas, y ahora ellos, que se ven en el papel de continuadores de aquellos antecesores y que vuelven a reivindicar su pertenencia a una clase”.
Fabio Basteiro también nos habla de las reacciones de los jóvenes al recuperar lo que se nos quiso borrar. “Esa reacción -sostiene- ha sido la sorpresa más grande. En las primeras charlas hay mucho silencio, observación, porque lo que están protagonizando es un proceso, a medida que pasan las charlas, vamos comprobando que los compañeros tienen mucho adentro, más de lo que se cree. Y no es sólo el genocidio del ‘76 es el que pretendió borrarnos de la memoria la identidad de clase. Hubo también una continuidad en los gobiernos constitucionales a través de la cultura dominante, de los medios masivos de difusión y de sectores intelectuales que están rendidos al poder de turno. La intención fue y es generar una falsa identidad, una falsa memoria. Recuperar la historia real, la nuestra, como lo estamos haciendo en los talleres, es trazar nuestra proyección como clase trabajadora hacia el futuro”.
La historia del movimiento obrero sigue su curso y en los últimos años tuvo un signo que aporta experiencias: la incorporación de los desocupados como protagonistas junto a los trabajadores ocupados. En tal sentido -opina Cantiello-, la CTA ha dado un paso trascendente al incorporar al desempleado a la organización de la clase trabajadora. “El despojo de la riqueza y de la dignidad del trabajo que sufrimos -destaca- lo contrarrestamos con la lucha y la capacidad de resistir a los que quieren excluirnos de la sociedad. El esclavo en las sociedades feudales tenía más posibilidades de sobrevivir que los desocupados de hoy, los esclavos luchaban por su libertad, pero el esclavista debía alimentarlo porque necesitaba tenerlo vivo. En cambio, ahora, al desocupado se lo excluye y el sistema se desentiende de su suerte, y peor aún, se lo deja morir o se lo mata. Y frente a la muerte, el movimiento de desocupados responde, y responde construyendo vida. Esa es una contribución de estas generaciones a la historia que se escribirá”.
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