Pobreza y exclusión
La Pampa ya no tiene el ombú
Martes 16 de noviembre de 2004, por Secretaría de Comunicación y Difusión *

Por Juanjo Beascochea, Prensa CTA La Pampa. Con apenas 300 mil habitantes, nuestra provincia tiene más de 100 mil personas que no completan la canasta básica alimentaria, 75 mil tienen problemas de empleo, 130 mil viven bajo la línea de pobreza, otros 20 mil trabajan en el Estado y unos 18.500 sobreviven con las migajas de los diversos planes de empleo que tienen varios nombres (Jefas y jefes de Hogar, Trabajar, Entre Nosotros, PEL) pero con el mismo destino de exclusión.

“La Pampa atraviesa por uno de los peores momentos económicos y sociales de su historia con niveles de desocupación, subempleo, pobreza, marginación y deserción escolar impensados para una provincia pequeña como esta”, arrancaba declarando la CTA La Pampa en el documento previo al 6º Congreso Nacional desarrollado en Mar del Plata en diciembre de 2002.

Hoy, a casi dos años, lejos de cambiar, la situación de crisis se ha consolidado merced a las insistente aplicación de políticas de ajuste constante a lo que se le suma la falta de un proyecto de desarrollo económico que terminó convirtiendo al empleo público como la única alternativa para conseguir y generar trabajo.

Además, los diferentes gobiernos se encargaron de tender una red asistencialista extorsiva como única alternativa para que los sectores desprotegidos aspiren a cubrir parte de sus necesidades básicas, condenándolos a una dependencia inhumana de un estado que no quiso ni quiere generar las respuestas necesarias para proyectar un futuro de inclusión de todos los pampeanos.

Rezando a la madre natura

De neto corte agroganadera, la economía de la provincia depende de los antojos climáticos para contar con mayor o menor holgura a la hora de generar condiciones básicas para lograr que sus habitantes, aunque sea, sobrevivan con algo de dignidad. Lejos quedaron, en algún recóndito lugar de la memoria popular, los años en que los parques industriales de Santa Rosa y General Pico (las dos mayores ciudades de la provincia) ocupaban un espacio tan importante como el de el estado en la generación de empleo y riquezas.

Mientras el proceso de cierres de fábricas se consolidaba en el país y la provincia, que aportó mucho para acelerar el cierre de esas ventanas, los sucesivos gobiernos justicialistas - menemistas fueron construyendo su red de poder a base de prebendas y dádivas, atrapado en esa red a los desplazados, pero también a los sectores acomodado, que al quedarse sin un fuerte sector privado de la economía, también pasaron a ser rehenes de los caudillos de turno (Rubén Marín, Néstor Ahuad, Carlos Verna).

Petróleo a la vista

A raíz de la pueblada de 25 de Mayo, en la que la CTA fue pieza clave, el actual gobierno empezó a prestarle atención al “oro negro”, el gran olvidado entre los recursos naturales que, al igual que a nivel nacional, se lo llevaron y llevan cada día los capitales externos beneficiados por las privatizaciones de la década del ’90.

Con más de 400 pozos de petróleo en las adyacencias de esa localidad sureña de la provincia, los pampeanos vinieron soportando una constante discriminación que les impedía aprovechar los beneficios económicos del petróleo, al ver negadas las posibilidades de trabajo por cuestiones de residencia.

Por más de un mes el conflicto tuvo en vilo al gobierno provincial y obligó al intendente y los concejales de 25 de Mayo a apoyar el masivo reclamo de la población de la localidad, en reclamo de oportunidades de trabajo y generación de ingresos para las arcas públicas.

Luego de los cortes de ruta, con la CTA como abanderada, se consiguió derribar la traba del domicilio para trabajar en los pozos, que las empresas compraran la energía eléctrica a la cooperativa del lugar y que el gobierno de Verna empiece a contar con pagos mensuales en concepto de ingresos brutos por la explotación de tan preciado recurso.

A grito pelado

Tras 13 años de estancamiento salarial, los estatales le arrancaron dos aumentos a las actuales autoridades (donde jugaron un papel fundamental las nuevas autoridades de ATE), uno de los cuales pasó al sueldo básico, rompiendo la tradicional entrega de sumas fijas en negro como estímulo para calmar el malestar del sector.

Antes de los 112 pesos de diciembre de 2003, los 160 pesos de junio de este año y el 15 por ciento al salario básico de octubre, más del 80 por ciento de los trabajadores y trabajadoras estatales se encontraban bajo la línea de pobreza y la mitad de ellos bajo la línea de indigencia.

Desacostumbrados a reclamarle al señor feudal de turno por la connivencia de las dirigencias sindicales tradicionales, los trabajadores entendieron que con la lucha y la movilización por reclamos justos es posible torcerle el brazo hasta al ex jefe de la caja de la nación, Carlos Verna, que fuera el presidente de la Comisión de Hacienda y Presupuesto del sospechado senado coimero durante gran parte del menemismo, el gobierno de la Alianza y la gestión devaluadora de Duhalde.

Hoy la CTA La Pampa se encuentra comprometida con la lucha por la necesaria recomposición salarial por encima de la línea de pobreza, articulando con el Frente de Gremios Estatales (del que no sólo participan gremios afiliados a esta central), reclamando por el desprocesamiento de los compañeros estatales que fueron víctimas de una falsa denuncia del gobierno provincial y generando los espacios de inclusión de sectores desplazados como las compañeras trabajadoras sexuales y los desocupados y desocupadas de la provincia.

Se impone el tiempo de la lucha para cambiar el proyecto que el poder político tiene para esta provincia, porque evidentemente, no tiene nada que ver con el bienestar de los que habitan La Pampa.


*

Secretaría de Comunicación y Difusión

recibir ACTA en tu correo electrónico

Piedras 1065 - Ciudad de Buenos Aires - República Argentina

(5411) 4307-6932 - prensa@cta.org.ar - www.cta.org.ar


sitio desarrollado en SPIP y alojado en www.redcta.org.ar