
Desde ATE y CTA Rosario*. Nosotros tampoco nos acordamos del olvido, como Armando, como un armando-nos de esperanza de hormiga después del paso del pie asesino. Hay listas de nombres que dicen mucho (como las de diciembre). No había que comer en el hormiguero en aquellos días, muchas salieron a caminar por las calles a encontrarse en las esquinas. A compartir la palabra que se fue haciendo grito colectivo. Porque el pan estaba ausente y ausente estaba la democracia y la justicia. Hay listas que hablan de esto y de más también. Pero las listas no alcanzan para explicarnos algunas cosas. Por ejemplo, que otra, otra, y otra vez en la historia, las hormigas mayores, (hormigas papás, hormigas mamás) despidieron los cuerpos de las hormigas menores.
Los padres no deberían estar en el velorio de sus hijos. En todos los asesinatos de diciembre ésto fue así, padres enterrando a sus hijos, y esto dice algo más que la lista de aquel 19 y 20. ¿qué hace ese 15 en una lista con datos de hormigas muertas? ¿De dónde salió ese numero, esa edad que la dibujamos cada vez que pasan las cosas lindas de la vida? Walter tenía 15, Marcelo tenía 15, Ricardo 16 ¿dónde está el titular del gran medio dando cuenta que en aquel diciembre hubo quienes salieron a matar niños?
David Moreno asesinado en Córdoba tenía... (me da no se que ponerlo, pienso si es justo compartirlo, si realmente estamos dispuestos a escuchar la verdad como pueblo), y decido medio asustado que vale la pena intentarlo: David Moreno, asesinado en Córdoba, tenía 13 años.
Hay cosas que pasan y se convierten en símbolos que dicen más que los documentos y los noticieros. Dalis, la mamá de Chaio, que es como le decían a Pocho, y le siguen diciendo puertas adentro de la casa en Los Seibos, allá en Concepción del Uruguay, se levantó un día y se puso a construir unos canteros, rectos y torcidos los canteros, unos para acá y otros para allá, daba vueltas y vueltas construyendo esos canteros que se cruzan, "andá y comprame ésto", lino rojo era el pedido, y según me contaron fue Laura, una de las hijas, la encargada de conseguirlo, lino rojo para los canteros que se cruzan, cosas de madre hormiga que se levanta temprano para poner a funcionar el tambo. Canteros rectos y grandes que se ven desde el avión y desde Rosario.
Dalis escribe la tierra, surcos que son huellas, surcos torcidos pero rectos que si uno levanta la cabeza dicen VIVE. Me contaron que el lino rojo floreció nomás y que le preguntaron si no le faltaba algo, el nombre, porque los canteros eran sólo 4 letras, VIVE, no hace falta dijo...se lee. Como la garganta de Pocho y el plomo que hizo más rojamentesangre su voz, más linorojo su grito, como ese plomo que le abrió esa gigantesca garganta que hablaba por todos sin palabras, escribiendo la tierra con su bicicleta, como eso que tantas veces hablamos, cosas que dicen más que las listas: como esos canteros y esa garganta hay nombres y hay apellidos, eso lo sabemos todos, como hay números y hay edades, hay apellidos como Paniagua, apellidos que marcan a fuego a quien lo porta, ¿quién no?, alguna vez, bromeó con los apellidos y con Paniagua.
En Entre Ríos, Eloisa Paniagua no llegó a conocer estas historias graciosas y a veces crueles de los apellidos, tenía 13 años cuando llegó diciembre y murió abrazada a un paquete de fideos. Eloisa no entendió, ni nadie debe hacerlo, que en su apellido había una sentencia escrita muy arriba en los lujosos despachos oficiales y en ella estaba escrito que tenía prohibidos los fideos. Tenía 13 años y murió abrazada a un paquete de fideos, Paniagua era su apellido. Los padres no deberían estar en el velorio de sus hijos.
Yanina tenía 18 y salió a buscar a su hijita de dos años que jugaba en la vereda, pero no se asusten que Yanina salvó a su hija, eso sí la mamá de Yanina enterró a su hija de 18 años, que quería seguir viviendo. Y como cada vez que una madre ve morir a su hija, ni el abrazo de todas las hormigas juntas puede con ese dolor de mamáhormiga. La mamá de Yanina anda hormigueando en un centro comunitario, colaborando con sus manos, homenajeando con su trabajo a Yanina cada vez que le vienen las fuerzas para salir de su casa. Y eso es todos los días. La hija de Yanina la sigue esperando.
Rubén quería muchas cosas, tenía 21, pero por sobre todas las cosas quería ver cómo su hija apagaba dos velitas. Sabemos todos como se pone el hormiguero cuando se cumplen dos años de vida. A Rubén lo mataron allá en la ruta y tuvo que faltar al cumpleaños de su hija que tanto esperaba.
A veces el corazón golpea, a veces se para, a veces se cansa. A Graciela Machado le estalló el corazón de tantas ráfagas, tanto gas, tanta corrida y palos, tanto humo y cayó cerquita de dónde cayó Graciela Acosta. A las dos, que se fueron juntas, una de bala y otra de infarto, ahí en Villa Gobernador Gálvez, a las dos la siguen esperando en la casa sus hijos.
Los padres no deberían estar en el entierro de sus hijos, de eso sabe también la madre de Juan, y lo sabemos todos, y también lo sabe Catalina, su hermana, que cuando pide castigo pide por su madre, que sabe que los padres no deberían estar en el velorio de los hijos. Juan, corazón de oro, escribió Catalina para homenajear la vida de su hermano.
Nosotros tampoco nos acordamos del olvido, como Armando, como un armando-nos de esperanza de hormiga, después del paso del pie asesino. Hay listas de nombres que dicen mucho .Como las de diciembre. Pero también hablan los números 13, 15, 18, 16. No sólo mataron hijos, mataron niños. ¿qué más hace falta decir?
Un poeta del carajo, premio Nobel y todo eso, bien chileno el chabón, intentó comparar la muerte de niños con algo. Él hablaba y sufría por la sangre de niños que había sido derramada en Madrid. Se ve que como todos los poetas quería reforzar esta imagen tan terrible con algo, con lo que sea, compromiso profesional que le dicen. Pero lo único que pudo escribir es que “la sangre de niños corre como sangre de niños”.
El 19 de diciembre del año pasado hubo una marcha de hormigas para reclamar justicia y seguir construyendo un hormiguero nuevo, frente a los Tribunales provinciales. Pasó que a la lista de los nombres y edades se le sumaron las fotos de cada uno, tela blanca y pinceles del Mono y pintura prestada y las hormigas necesarias, y por esas cosas que cuando pasan, pasan. Aparecieron las manos y los brazos de los familiares para abrazarlos a todos juntos, y caminar todos juntos por estas calles sin justicia. La lista de esta mañana se volvió bandera con nombres, con las imágenes de la vida de cada uno. Algunos medio seriotes y otros cagándose de risa, como buenas hormigas, mostrándonos en las fotos que cada uno a su manera la estaban peleando. Hubo mucha charla desde Tribunales hasta la Jefatura, mucha charla entre madres que saben que ningún padre debería estar en el entierro de su hijo, mucha charla de la vida de cada uno y mucha fuerza para que no vuelva a suceder otra vez.
Como a las seis de la tarde, en la Plaza 25 de Mayo, empezaron a llegar hormigas de todos los colores y credos, festival de caras, caruchas, caretas, banderas, bombos, todos llegaron para marchar y seguir charlando de la vida y del pan que falta y del trabajo que no aparece y de cómo hacer para que la cosa cambie. Hasta Plaza San Martín se fue marchando y cantándole a la vida digna que nos merecemos, sin asesinos de niños conviviendo con niños. Y seguro que por más que se desconcentraron y se fueron, la cosa sigue en toda la ciudad hasta que la democracia no sea sólo una palabra. A lo mejor esta vez podemos empezar a construirlo.
* Homenaje de los integrantes de la ATE y la CTA Rosario a Pocho Lepratti y a todos los asesinados el 19 y 20 de diciembre de 2001.
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