Las enseñanzas de un conflicto
Jueves 31 de agosto de 2006, por Daniel Jorajuría *

Lo que dejó la lucha de los trabajadores del Club del Vino. Reflexiones.



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Secretario General de la Nueva Organización Sindical Gastronómica (NOS-CTA) y secretario de Acción Social de la CTA Nacional.

Los trabajadores gastronómicos del Club del Vino, junto a los artistas y vecinos del barrio, nos reunimos en una misma lucha por defender este espacio de la cultura. Por eso su dueño debió hacerse cargo de los salarios adeudados y las indemnizaciones, y no perdemos las esperanzas de que sus puertas vuelvan a abrirse.

Exigimos a los dueños de este Club porteño el pago de los aumentos salariales de acuerdo al Convenio Colectivo de Trabajo vigente que rige nuestra actividad. Pero su respuesta fue otra: intempestivamente cerraron las instalaciones aduciendo causales de fuerza mayor y pretendiendo pagar el 50% de las indemnizaciones a los trabajadores.

Los trabajadores gastronómicos vemos a diario como se cierran establecimientos, dejándonos en la calle y sin cobrar un mango. Pero en el Club del Vino demostramos que si los dirigentes y las organizaciones no claudican y los trabajadores se unen, los dueños fantasmas radicados en el extranjero tienen que dar la cara y hacerse cargo.

En ese sentido, la Nueva Organización Sindical Gastronómica (NOS-CTA) logró que, después de veinte días de acciones directas frente al establecimiento, el dueño del Club, radicado en Londres, viajara a Buenos Aires y firmara un acta ante el Ministerio de Trabajo comprometiéndose a abonar las indemnizaciones correspondientes.

Técnicamente, hicimos todo. Jurídicamente, le cerramos todos los caminos y demostramos que ante un cierre, o una fuga, el dueño tuvo que hacerse responsable de la deuda con los trabajadores. Gremialmente, no le permitimos que se burlaran de nuestros afiliados cuando falsificaron una situación de crisis para pagar sólo el 50% de las indemnizaciones.

De esta manera, ya hemos cobrado el sueldo adeudado, los salarios caídos y luego, con la homologación del acuerdo, cobraremos las diferencias salariales desde noviembre del año pasado y el total de las indemnizaciones al 150%, de acuerdo a la Ley de Emergencia Económica.

Este logro fue posible también porque contamos con el apoyo permanente de los compañeros de la CTA Capital Federal, de la ATE porteña y del Departamento Legal de la Central, quienes estuvieron con nosotros para mantener las acciones y arribar a esta solución.

Por supuesto que ésta no era nuestra pretensión de máxima. Queríamos la continuidad de nuestra fuente de trabajo, pero aceptamos el pago de lo adeudado por la situación económica extrema que vivían los trabajadores, los cuales llevaban dos meses sin cobrar y hacían colectas para poder viajar, sostener sus familias y hasta frenar desalojos inminentes.

Por todo esto, resulta conveniente expresar algunas reflexiones:

1. Luchar por nuestros derechos no impide seguir trabajando. Prueba de ello es que en plena acción gremial un empresario vio por televisión nuestra lucha y ofreció trabajo a casi todo el personal.

2. Ganando, también se pierde. Porque se cobran las indemnizaciones completas, pero se pierde una fuente de trabajo y un espacio de la Cultura Nacional y Popular. Una de las características del Club del Vino, desde sus orígenes, ha sido y es el compartir. El capital, al contrario no comparte, compra todo, no tiene amigos, acumula con toda impunidad violando la legislación de los países y los derechos de los trabajadores.

3. No siempre las inversiones extranjeras generan empleo. En éste caso, un empresario italiano compró un lugar prestigioso sólo para explotar la marca de venta de vinos y destruyó un lugar tradicional en Buenos Aires. Es una nueva forma de acumular capital: vender vinos por Internet, sin sede alguna, sin trabajadores y sin conflicto.

4. ¿Cuál es el rol de las instituciones del Estado en el control de las inversiones extranjeras? ¿No deberían, acaso, proteger a nuestros ciudadanos, a los trabajadores, nuestra industria y nuestra cultura?¿No quedó demostrado en la década pasada que cuanto más libertad se les dio a estas inversiones, no sólo no generaron nuevos puestos de trabajo sino que generaron más explotación y desocupación?

No obstante, los trabajadores no perdemos la esperanza de reabrir las puertas del Club. Ya ha pasado en otras oportunidades. Volveremos junto a los vecinos de Palermo, a los trabajadores de la cultura, y las autoridades de la Ciudad, a luchar para recuperar ese espacio de la cultura, la gastronomía, la música y el turismo.

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