El american way of life
Lunes 2 de octubre de 2006, por Guillermo Posada *

La guerra hace subir las acciones en la bolsa. No es el caso de los criaderos de palomas blancas, pero sí de las industrias armamentistas.



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Periodista

En ese cielo nocturno, Lockheed aparece como la estrella norteamericana más brillante, con décadas de crecimiento que la llevaron a lograr presencia en los cinco continentes. Y Córdoba no ha sido la excepción.

La ex Fábrica Militar de Aviones (FMA) conjuga varios tópicos que expresan tanto la dinámica laboral como la vida industrial de Córdoba. Privatizada en los ‘90, la irrupción de la corporación Lockheed Martin en las instalaciones de avenida Fuerza Aérea significo un cambio radical para sus trabajadores y un termómetro con el cual medir cómo es trabajar para una de las industrias más importantes de la tierra del Tío Sam.

La guerra hace subir las acciones en la bolsa. No es el caso de los criaderos de palomas blancas, pero sí de las industrias armamentistas. En ese cielo nocturno, Lockheed Martin aparece como la estrella norteamericana más brillante, con décadas de crecimiento que la llevaron a lograr presencia en los cinco continentes. Y Córdoba no ha sido la excepción: en 1995, la otrora orgullosa FMA se convirtió en una filial de la corporación internacional.

Si la privatización de la fábrica significó el moño del certificado de defunción del proyecto misilístico Cóndor, el cambio de manos también instituyó una nueva lógica en el manejo de las relaciones laborales entre la empresa y sus trabajadores, con el desidioso aporte del Ministerio de Trabajo de la Nación.

"Desde el principio, se inició una política de manipulación de los trabajadores. Nosotros, que veníamos de la tradición industrialista nacional que había guiado a la fábrica desde su fundación, nos tuvimos que acostumbrar a festejar el Día de Acción de Gracias (principal fiesta norteamericana) y llevar a nuestras familias. No era una obligación, pero era mejor visto el empleado que sí concurría con su mujer y sus hijos.

En aquellos años de auge del menemismo y de pérdida de seguridad laboral, casi nadie se animaba a desatender los pedidos de la empresa", cuenta Saúl Heredia, secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Lockheed (Sitla-CTA)

La "macdonalización" de la vida laboral conllevó el estancamiento de los salarios, que recientemente han mejorado tras años de una ardua lucha de los trabajadores, y la desaparición del convenio colectivo de trabajo que antes regulaba la actividad.

"Cada fiesta -continúa Heredia- era un espectáculo donde nuestros hijos veían al presidente de la Lockheed entregarles en mano las latas de gaseosas mientras las esposas recibían un pin, cosa que no habían visto en su vida. Contrataban a famosos como Marcelo Milanesio para que firme remeras y juegue con los chicos. Todo parecía muy bonito, pero simultáneamente se inducía una presión de las familias a los trabajadores para que no generen conflictos y acepten nuevas condiciones laborales".

Lo que antes podía mostrarse como el orgullo de pertenecer a la industria más paradigmática del cordón industrial cordobés, se transformó en la pérdida de todo el valor simbólico y práctico que implicaba integrar la nómina de personal de la fábrica.

"Antes uno se presentaba al Banco Nación con el recibo de sueldo y era muy fácil conseguir un crédito para comprar un terreno o ampliar la casa. Pero todo eso se perdió cuando la Lockheed se hizo cargo y pasamos a ser un número más. Incluso antes teníamos un hospital interno para tratar a los empleados que pudieran sufrir un accidente, pero lo cerraron para adaptarse a las normas de las ART. También perdimos el sentido de unidad y solidaridad entre los que trabajamos ahí. La empresa sugirió al personal jerárquico que se merecía una obra social mejor que la del resto. Antes nos atendíamos todos en el mismo lugar, y después los jerárquicos fueron inducidos a afiliarse a otra obra social más cara, para no mezclarse con los ‘negros’. Ellos tenían que pagar la diferencia, pero si no podían la empresa lo hacía. Fue una de las formas que usaron para romper la unidad", recuerda Heredia.

Isla laboral

La paradoja de los trabajadores festejando una fiesta nacional estadounidense se conjugó con la falta de respeto absoluto por la legislación argentina que regula la actividad de las asociaciones sindicales. La Lockheed prohibió toda posibilidad de que los trabajadores realicen asambleas, elecciones de delegados y cualquier otra actividad sindical que no formara parte de la normativa interna de la empresa.

"En la Argentina existe desde la década del ‘40 un modelo institucionalizado que regula la actividad sindical. Este da garantías de que los derechos que establece el articulo 14 bis de la Constitución Nacional, independientemente de dónde se desarrollen, se respeten. Sin embargo, la Lockheed prohibió toda actividad sindical interna, y por ende incumplió la legislación nacional, aduciendo que es un área crítica de producción para la defensa y que cualquier actividad podía ser dar pie a un sabotaje interno y poner en crisis la seguridad interna", explica Eugenio Biafore, abogado laboralista.

De hecho, la filial local de Lockheed Martin Corporation se transformó en un caso único en Córdoba, donde el derecho de asociación gremial se vio cercenado por la patronal. "No conozco otro caso igual donde se haya llegado a ese extremo", señala Biafore.

El Gobierno nacional aceptó de hecho entonces, al no resolver la inequidad de la situación, que la fábrica se convirtiera en un espacio aislado, donde las reglas las imponía la propia empresa, al margen de lo que el contrato social establece. "El cambio del ámbito estatal al privado produjo la discontinuidad de toda la regulación laboral que tenía la fábrica y dejó a los trabajadores a merced de la empresa", analiza el abogado.

Símbolos y misiles

Durante décadas, la FMA constituyó, junto al Cordobazo y la Reforma Universitaria, uno de los símbolos de la identidad cordobesa. Quien ha vivido o ha pasado algún tiempo en la ciudad, referencia a la FMA como un emblema de lo que era Córdoba, cuando el cordón industrial generaba trabajo y prosperidad. "Nosotros empezamos a desarrollar la industria de Córdoba. La mayoría de los primeros torneros y matriceros, que después trabajaron en los talleres, salieron de la Fábrica. Y éramos permanentemente requeridos por nuestra fama de bien formados", cuenta Heredia.

Quizás lo simbólico explique muchos de los acontecimientos que signaron la vida de Córdoba y el país. Porque esa fortaleza cultural ha llevado a Lockhheed Martin Corporation a celebrar sus fiestas y trasladar el "estilo americano" a la fábrica. Por eso es significativo que la industria señera de la ciudad haya caído en manos norteamericanas justo cuando nuestro país renunciaba a la actividad industrial y las fábricas y talleres de Córdoba cerraban ante la imposibilidad de seguir produciendo.

Mientras los misiles que produce Lockheed Martin siembran el horror en Medio Oriente, en Córdoba pocos agradecen el Día de Acción de Gracias, por más que venga con latas de coca-cola y un pin que sentencie que las barras y las estrellas están presentes en el Área Material Córdoba.

*Artículo publicado en Prensared, Agencia de Noticias del Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba (Cispren-CTA).

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