
El pueblo mbya guaraní -que acaba de incorporarse como organización social a la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA)- sigue perdiendo terreno en la lucha por el reconocimiento de sus derechos, de sus tierras, de su raza. Desde hace unas semanas, los habitantes de la aldea Yriapú, en Puerto Iguazú, ven casi con lágrimas en sus ojos cómo avanza la imponente obra de un hotel de cinco estrellas en las 600 hectáreas que se expanden cerca de la frontera.
La población guaraní vio hace un año y medio cómo sus derechos quedaban nuevamente bajo la sombra de proyectos mucho más importantes a la hora de concentrarlos en ganancias. Es que en la crónica de los derechos negados al pueblo guaraní, en el 2005 finalmente el gobernador Carlos Rovira no convocó a referéndum en las últimas elecciones y echó por tierra las esperanzas de que el pueblo guaraní forme parte de la Constitución de Misiones.
Tras ese nuevo paso en falso, durante lo que va de este año la muerte pareció asociarse de manera inconsulta con el pueblo guaraní. Se fueron sumando, casi como efecto dominó, unas 20 muertes por enfermedades tratables en menos de dos meses.
La desnutrición, el cambio de alimentación, de rutina y cultural fueron fermentándose de manera tal que la comunidad guaraní tiene en la actualidad una tasa de mortalidad del 16 por mil al año.
En el acceso a la aldea Yriapú, un cartel invita a los turistas a conocer el paseo por la selva. Ese cartel no está lejos del que anuncia la construcción del gran hotel en el área de las 600 hectáreas y compite a la vez con el que colocó el Gobierno para anunciar la construcción de una escuela para los guaraníes, esos mismos que están viendo amenazada su principal fuente de subsistencia: la selva, la tierra.
El Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos, en un documento firmado inclusive por el padre obispo Joaquín Piña y dirigido a la opinión pública, recuerda que la Asamblea General de las Naciones Unidas, adoptó la resolución 260 A (III), el 9 de septiembre de 1948, en la que por primera vez, a nivel internacional, se reconoció la existencia de un neologismo que calificaba a uno de los crímenes internacionales más graves contra la humanidad, pues, con ella, se aprobó la Convención para la Prevención y Sanción del Delito de Genocidio.
En el artículo segundo de esa figura internacional, se establece que se entiende por genocidio cualquiera de los actos perpetrados con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso.
El mismo documento público, asegura también que “las muertes de niños mbya por causas evitables nunca debieron ocurrir y es por esta razón que las complicidades cobran un sentido de perversidad que no merecen el silencio de nadie. Más aún, cuando los gobernantes celebran en banquetes de lujo miserables contratos con hoteles cinco estrellas, en tierras donde aquellos niños mbya se mueren por desnutrición”.
Para el Movimiento Ecuménico, “priorizar inversiones millonarias frente al hambre y la miseria conlleva en sí el genocidio, no solo con la sospecha de complicidades, sino también en la responsabilidad del sometimiento de los mbya guaraní.
Fuente: Diario El Territorio de Posadas, Misiones
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