
En México se profundiza la crisis político-social de la mano de un presidente que va contra el mandato popular. La situación es cada vez más grave y podría terminar en enfrentamientos si el gobierno no cambia su postura y reconoce la legitimidad del triunfo de López Obrador.
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* Director Periodístico de “La Voz del País”. |
México, el país latinoamericano que sobrelleva la fatalidad geográfica de ser la frontera con el imperio estadounidense, ha retrocedido en las últimas décadas en función de gobiernos cada vez más dependientes del modelo neoliberal. Es así que aquellas conquistas logradas con la sangre y el sacrificio del millón de muertos de la Revolución iniciada en 1910, cuya concepción nacional y popular se plasmó en la Constitución de 1917, primera en el mundo en consagrar los derechos sociales de los trabajadores, la reforma agraria y los principios de la educación socialista, fueron desconocidas o anuladas por los sucesivos regímenes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y ahora del oficialista Partido de Acción Nacional (PAN).
Tras el escandaloso fraude electoral que privó a Andrés López Obrador, candidato presidencial de un frente liderado por el Partido de la Revolución Democrática (PRD), de acceder a la primera magistratura conquista en el pasado mes de julio, las maniobras del actual presidente Vicente Fox -respaldado incondicionalmente por la administración de George W. Bush - han derivado en una virtual fractura política y social de la nación azteca.
Las masivas manifestaciones populares que sostuvieron la reivindicación de López Obrador como presidente legítimo de México, solo han sido respondidas con argumentaciones seudo legales, pero las evidencias de hechos fraudulentos en diversos estados del país no lograron ser revertidas por el oficialismo. Y como otra cara de la misma moneda el PRI, organización en plena decadencia pero que conserva una importante representación parlamentaria y algunas gobernaciones, manifiesta en el Estado de Oaxaca la misma metodología represiva que se observa a nivel nacional, desoyendo las protestas de la gran mayoría de sectores sociales y sindicatos que rechazan la imposición de un mandatario impuesto también mediante trampas electorales. La resultante ha sido la de un número indeterminado de muertos y heridos - entre ellos periodistas - y la abierta intervención de grupos paramilitares, del ejército federal y de la policía local.
De persistir la tozudez del ilegítimo gobierno de la nación mexicana, pretendiendo escudarse en el respaldo de las empresas transnacionales y el imperio norteamericano, se abre la perspectiva de enfrentamientos que se irán agudizando con el tiempo. Porque la tradición revolucionaria de aquel México insurgente representado por los ejércitos campesinos de Zapata, Villa y Lázaro Cárdenas, no se ha borrado en la memoria de un pueblo que más temprano que tarde ha de sumarse al avance masivo que en la última década desplazó a la mayor parte de
los regímenes neoliberales del continente. Y frente a esa tendencia de nada valdrán las acciones represivas de quienes marchan a contramano de la historia.
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