
Parte diario de la Agencia de Noticias APE. La Marcha por la Vida entró ayer a la capital de Santa Fe a puro redoblante y el sol que despertaba, entre nubes, le ponía colores a la mañana. Una multitud -sí, miles de personas- cuadras nos acompañaban a puro niño, a puro son: pura esperanza. Gaby y Lucio de Juanito Laguna, que organizaban la marcha, fueron los hacedores de ese recibimiento tan bello que nos regaló Santa Fe: esa multitud de organizaciones sociales, inundados, desocupados, cartoneros, los niños de malabares, y trabajadores de la CTA.
Francisco, un niño santafesino y damnificado por las inundaciones, abrió el acto y dijo: “muchos seguiremos siendo adultos con forma de niños”, se lamentaba.
Alberto Morlachetti, coordinador nacional del Movimiento Nacional de los Chicos del Pueblo, agradeció la calidez del recibimiento del pueblo santafesino y sostuvo que “cuando nosotros decimos que el hambre es un crimen, también le decimos al gobierno de Santa Fe que la inundación fue un crimen”. Y agregó: “cómo decirle a mi país que tenemos 22 mil millones de dólares de reserva en el Banco Nacional y no podemos alimentar a los 9 millones y medio de niños que tienen hambre en nuestra patria. O nos dan lo que queremos, que es alimento, dignidad, salud y educación para cada pibe, o el pueblo lo va a tomar. Con ternura venceremos”.
Mientras la murga “Los Príncipes del Bombo”, del barrio Yapeyú cantaban y cantando decían: “Queremos jugar al fútbol con botines de verdad, que las bombitas sean las estrellas, que nos inunde el humo del asado”.
Keka Koffman, Madre de Plaza de Mayo de Santa Fe, nos hablaba de los sueños de los hijos que ya no están, pero que viven en las ilusiones de estos chicos de construir un país para todos.
Otra vez la ruta, túnel subfluvial y la ciudad de Paraná donde caminamos veinte cuadras rodeados de escuelas, niños, padres y la presencia de Víctor De Gennaro, titular de la CTA; Víctor Mendibil, secretario general de la FJA; Juan Carlos Camaño, presidente de la FELAP, Héctor Carrica, secretario general de la Federación Nacional de Salud (FNS-CTA); Alejandro Demicheli, secretario de prensa de CTERA y Osvaldo Ríos, secretario de prensa de SUTEBA.
Diego Chichizola, educador popular del Movimiento, saludó a los pueblos de Santa Fe y Paraná y explicó los motivos de la marcha: “marchamos porque el hambre es un crimen. Marchamos porque en esta zona, por excelencia de la leche, de la soja y del trigo, no debe morirse un solo pibe de hambre. Es un crimen y es pensado. Con los pibes no se jode, en Paraná había un seguro para la infancia y lo quitaron, con los pibes no se jode, por eso es que vamos el viernes a Plaza de Mayo”.
Por Carlos del Frade. “La mitad de los delitos en la provincia son cometidos por menores. Así que por eso decidimos crear una policía de niños, niñas y jóvenes”, dijo la doctora Leyla Perazzo, actual jefa de La Santafesina S.A., o sea, la policía de la provincia de Santa Fe. La doctora Perazzo tiene una larga experiencia en tratar chicos desde la fuerza. Entre 1976 y 1978 estuvo en la llamada “policía de menores” de Rosario y recibió, en aquellos tiempos, “sesenta hijos de desaparecidos”, como confesara públicamente.
En lugar de multiplicar espacios de educación, trabajo, arte y juego, en cambio, el gobierno decidió crear una policía especial para luchar contra los niños.
En esta tierra pródiga en climas, paisajes y riquezas millonarias, hay casi 120 mil pibes menores de veinticinco años que no trabajan ni estudian. Y, sin embargo, solamente hay seiscientos detenidos de esa edad por delitos probados. Una fenomenal demostración de la resistencia y obstinación de los valores en chicos excluidos del sistema educativo y laboral. No caen en el delito como pontifican las profecías del fracaso, sino que inventan formas para gambetear ese supuesto destino.
El 65,5 por ciento de los chicos menores de catorce años que viven en la capital de la segunda provincia más rica del país, son pobres. 72 mil caritas que tienen miedo a pronunciar la palabra futuro.
En el mapa en donde abunda el trigo, la soja y la carne, faltan alimentos para los pibes.
Por C. del F. En Entre Ríos, la provincia que alguna vez germinó un proyecto de nación autónoma e integrada, con educación y trabajo para todos, el proyecto de la Confederación Argentina, ahora vive su contracara.
El 17 por ciento de los chicos de quince años son analfabetos y más de la mitad de los 300 mil jóvenes de la provincia no terminó la escuela primaria, dicen los trabajadores de la educación de la tierra de Urquiza, Pancho Ramírez y López Jordán.
Y a pesar de tantas urgencias, se acaba de publicar que cinco toneladas de alimentos destinados a personas con problemas nutricionales fueron incinerados tras comprobarse que se habían vencido en un depósito oficial.
Era mercadería con la que se confeccionan los módulos alimentarios destinados a personas con problemas nutricionales, remarcaron las crónicas periodísticas.
Estaba destinada para “niños y adolescentes de hasta 14 años, embarazadas y ancianos con diferentes grados de desnutrición”. Se perdieron 2.800 kilos de harina, 2.000 kilos de fideos, 200 paquetes de dulce de membrillo y otros 100 con cacao. "La mercadería estaba en mal estado debido a la irresponsabilidad con la que estaban estibados estos productos, a partir de lo cual se deterioraron", dijo una funcionaria.
Mientras tanto, en la provincia que hoy parece ser el lugar elegido para que papeleras internacionales exploten el medio ambiente, la cantidad de chicos menores de catorce años pobres, supera el 59 por ciento en la zona del denominado Gran Paraná.
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