Conmovedora evocación de las tres madres
Martes 12 de julio de 2005, por Secretaría de Comunicación y Difusión *

Especial ANC-UTPBA. Leyeron un documento de los familiares en la conferencia de prensa

“El hallazgo e identificación de sus restos, resultado del valioso e importante trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), fue posible gracias a la denodada e inclaudicable lucha de los organismos de derechos humanos -sostenida desde hace casi 30 años- por la Verdad, por la Justicia, contra la Impunidad”, sostuvo Ana María Careaga al leer un documento realizado por los familiares de las tres madres detenidas-desaparecidas.

El documento, firmado por Ester, Mabel y Ana María Careaga; Ana y Luis Salvador Bianco, y Cecilia y Pedro Eduardo De Vincenti, explica la tarea de Esther Ballestrino de Carega, Maria Ponce de Bianco y Azucena Villaflor de De Vincenti a la hora de fundar la organización Madres de Plaza de Mayo y repasa los acontecimientos sucedidos desde su desaparición, ocurrida en diciembre de 1977, hasta su identificación, entre abril y mayo de este año.

“Estas madres -ejemplo de ética y de lucha colectiva- fueron, junto a otras mujeres en iguales circunstancias, quienes impulsaron y crearon el movimiento de las Madres de Plaza de Mayo”, afirma el documento leído durante la conferencia de prensa realizada en el auditorio de la Unión de Trabajadores de Prensa de Buenos Aires (UTPBA).

Careaga, también expresó que “el operativo -en el que fueron secuestradas estas mujeres- fue resultado de la infiltración del entonces teniente de fragata Alfredo Astiz en el grupo de familiares, quien se había presentado como hermano de un detenido-desaparecido con el seudónimo de Gustavo Niño. La desaparición de Esther, Mary y Azucena no fue fortuita. Quisieron acabar con la organización Madres. Pero no fue así, ese germen de resistencia habría de ser imparable”.

“Durante 28 años -continúa el documento- los familiares hemos sostenido nuestro reclamo de Verdad y Justicia. Hoy -insistimos- como resultado de esa lucha, podemos conocer y hacer conocer parte de esta verdad. Por innumerables testimonios de los sobrevivientes de la ESMA, pudimos saber que nuestras madres estuvieron allí, que fueron torturadas y posteriormente trasladadas. Alrededor del 20 de diciembre de 1977 comenzaron a aparecer cuerpos en la costa del Océano Atlántico, entre Santa Teresita y Mar del Tuyú, que fueron presurosamente enterrados como NN en el cementerio de General Lavalle, Provincia de Buenos Aires”.

“A partir de la tarea de los antropólogos, que permitió el hallazgo y posterior identificación de los restos de Esther, María y Azucena, hoy se comprueba el circuito del terror. Sus restos, que presentan múltiples fracturas provocadas por el impacto de una caída desde gran altura, certifican que fueron arrojadas vivas al mar, poniendo al descubierto la dimensión real del horror”, dice otro de los párrafos en el cual se detalla la criminalidad y la impunidad del accionar de los militares.

“Esta verdad era conocida por el Departamento de Estado Norteamericano, como consta en documentos clasificados, en los cuales el entonces Embajador de los Estados Unidos en la Argentina, Raúl Castro, revela que la embajada norteamericana había obtenido información confidencial de una fuente protegida del gobierno argentino, acerca del hallazgo de siete cuerpos en la costa Atlántica, entre los cuales se encontrarían las madres secuestradas por fuerzas de seguridad entre el 8 y 10 de diciembre de 1977. Este informe tiene fecha de marzo de 1978”, denuncia el mismo documento.

En referencia a la situación actual, el texto dice: “Hoy, con la declaración de inconstitucionalidad de las Leyes de Punto Final y Obediencia de Vida -producto, una vez más, de la lucha de las organizaciones- se abre una nueva etapa para que se haga justicia, para que quienes cometieron estos crímenes paguen por lo que hicieron. Esa justicia -que aún se le adeuda al conjunto de la sociedad- fue reiteradamente postergada, no sólo mediante las mencionadas leyes, sino también a través del indulto, aún vigente. Continuaremos con las acciones legales ya iniciadas y ampliaremos esta demanda también contra todos los que conocían estos hechos y no lo denunciaron”.

El escrito también exige “que se busque y se entregue a los familiares la información que todavía está en poder de las Fuerzas Armadas sobre cada uno de los detenidos -desaparecidos”.

“Nuestras madres, incansables luchadoras que dieron sus vida por sus hijos, no pudieron vencer a la muerte pero eran tan obstinadas que pudieron vencer al olvido. Y volvieron. Volvieron con el mar, como si hubieran querido dar cuenta, una vez más, de esa tenacidad que las caracterizó en vida. La presencia de sus restos da testimonio de que no se puede desaparecer lo evidente. Volvieron con ese amor incondicional que sólo las madres tienen por sus hijos, para seguir luchando por ellos, por nosotros”, agrega.

Por último, el texto afirma: “En memoria de Esther Ballestrino de Carega, Maria Ponce de Bianco y Azucena Villaflor de De Vincenti; en memoria de todos los demás detenidos-desaparecidos del grupo de la iglesia santa Cruz: Angela Auad, Remo Berardo, Raquel Bulit, Horacio Elbert, Julio Fondovilla, Gabriel Horane, Patricia Oviedo y las religiosas francesas Alice Domon y Leonie Duquet; y en memoria de los 30 mil detenidos-desaparecidos, exigimos Verdad y Justicia. Cárcel común a todos los genocidas. No vamos a olvidar, no vamos a perdonar. Juicio y castigo a todos los culpables” (ANC-UTPBA).


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