
Dos noticias coincidieron por estos días en los medios de comunicación. Se registraron de tal forma que parecieran no vincularse una con otra, aun cuando sea absurdo, ya que ambos títulos llevan una misma palabra, “arándano”.
Este fruto color azul es desconocido para la mayoría de los entrerrianos porque casi toda la producción se exporta. Este fruto fue tema de los diarios, la radio y la TV ante la convocatoria de la II Fiesta Provincial del Arándano.
Hemos sabido que entre el 8 y el 12 de diciembre, en La Criolla, bien cerca de Concordia, se celebrará el desarrollo formidable que ha tenido este cultivo en los últimos años. Sabemos también, por autoridades provinciales, de la importancia económica de esta producción. Se afirma que “500 hectáreas generan un ingreso anual de diez millones de dólares”, según lo resalta un funcionario en el acto de lanzamiento de la fiesta, acto exclusivamente a cargo de funcionarios. Acto oficial, digámoslo así.
Sabemos que en la primera edición hubo, en La Criolla, 25 mil espectadores convocados por los espectáculos musicales. Y que las expectativas crecen para esta vez ya que el cierre estará a cargo, nada más y nada menos, que de Los Palmeras. Sabemos entonces que la fiesta está garantizada, que habrá baile, trasnoche, cena, sorteos y que para las tres jornadas, destinadas a homenajear al fruto azul, habrá que abonar 25 pesos.
La otra noticia, que se titula también con la palabra “arándano”, dice: “Trabajadores en negro en la cosecha del arándano”. Y también tiene como protagonista a un funcionario que hace saber, oficialmente, que se detectaron 27 personas trabajando en negro para una empresa rosarina. La firma denunciada, luego de la inspección, resolvió 12 despidos.
El representante del Estado provincial dice estar seguro, además, de la existencia de más empleados sin registrar lo que no pudo ser detectado al momento de la inspección. Tan obvia es la afirmación que el entrevistado relata azorado que de los papeles de la firma rosarina surge que afronta la cosecha con sólo un empleado.
En diálogo con una radio concordiense, el funcionario que se llama José Giles se ofusca: “Uno se rebela contra estos señores porque solamente vienen a levantar riquezas”.
Y para eso, la cosecha tiene que funcionar. Y para que mejor funcione, para que la fiesta del arándano sea verdaderamente una fiesta, se apuesta a las manos delicadas de las mujeres por las características particulares de este pequeño fruto azul. Mujeres que en la cosecha del año pasado reclamaron, antes de ser despedidas, la jornada laboral de ocho horas.
Mujeres que relataban que en 13 o 14 horas diarias juntaban alrededor de 26 pesos, pesos que se traducen en los cuatro baldes que lograron llenar, baldes que cotizan mucho más cuando se exportan.
Se viene la Fiesta del Arándano. Será entre el 8 y el 10 de diciembre según lo informan representantes del Estado provincial. Los funcionarios no olvidan mencionar que el Estado nacional capacitó para su tarea a trabajadores de Concordia.
Se viene la segunda edición de la Fiesta del Arándano, justo cuando Giles detecta que hay una empresa rosarina que registra un solo empleado, pero que hay 27 personas en negro y que otros tantos salen corriendo por el campo para que el Estado no descubra su condición de explotación.
Se viene la fiesta del arándano según se anunció en la Casa Gris. Pero Giles no estaba en la conferencia de prensa. Giles “se rebela porque vienen solamente a levantar riquezas” y una mujer “hace” cuatro baldes, junta 26 pesos para la entrada. Espera no llegar tan cansada y llegar a tiempo, bañada, perfumada, para el recital de Los Palmeras.
Corresponsalía Entre Ríos
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