Esclavitud en Capital Federal
Las peripecias de una inmigrante
Martes 16 de agosto de 2005, por Secretaría de Comunicación y Difusión *

Por Gisela Busaniche. “Reducción a Servidumbre” es la carátula de uno de los expedientes del Juzgado de Instrucción Nº 2 de la Capital Federal. Entre sus fojas está inscripta la historia de Nelly Machaca, de 35 años, una boliviana que llegó a la Argentina en abril de este año en busca de esas oportunidades negadas a la tercera parte de la población mundial, que vive debajo de la línea de pobreza. Un trabajo, comida todos los días y dignidad era lo que buscaba Nelly, pero encontró el encierro, la oscuridad y el maltrato.

Unos compatriotas le ofrecieron trabajo en la Argentina. Se aseguraron que Nelly no tuviera ningún conocido y la embarcaron en un viaje hacia Buenos Aires. Ella estaba entusiasmada. Su destino cambiaría. Trabajaría en una próspera empresa textil con otros compatriotas y podría enviarle dinero a sus familiares que quedaban en Bolivia.

Pero su deseo duró lo que un sueño. Nelly se encontró con otra realidad cuando arribó. Su prometido hospedaje resultó ser el suelo, muchas veces mojado por las goteras que invadían el rancho. Sus compañeros, temerosos, no hablaban. No había radio, no había salidas para ir al kiosco, no había teléfono, ni se podía hablar mucho. ¿Acaso eran esclavos?

Cuando la enfermedad es el remedio

Una grave otitis, debido al frío que sufría cada noche, derivó en la internación de Nelly en el Hospital Santojani. Asustada, se animó a contarle las peripecias que había vivido a una enfermera que integra la organización “Desde Abajo”. Una vez que se rompió el silencio, llegó la libertad.

La organización la ayudó a denunciar el hecho. Amenazada y con miedo, Nelly relató el hacinamiento y el estado de servidumbre que había padecido. Su declaración está asentada en la Comisaría 42, del barrio de Mataderos. Allí denunció a José Ponce, su mujer Rosalía y su hermano por asociación ilícita y reducción a servidumbre.

“Escrache, escrache”, exclamaron los integrantes del Comedor La Unión hace la Fuerza cuando se enteraron en asamblea del asunto. Había que recuperar las pertenencias Nelly que estaban en un galpón donde funcionaba el taller textil.

Larrazabal 1920 era la dirección. Parecía que el escrache y el posterior allanamiento por parte de la policía traería un poco de justicia para los trabajadores bolivianos. Sin embargo, la dueña de la textil estuvo privada de su libertad durante tres días y salió libre. El taller fue desmontado en una noche y no se sabe dónde están los otros 40 trabajadores que realizaban sus tareas en condiciones infrahumanas. Nelly, ante la exposición y por temor a que le hicieran algo a su familia que vive en Bolivia, una mañana desapareció del barrio.

Nadie sabe dónde está. Nadie sabe dónde están los traficantes de personas, ni las direcciones de otros 50 talleres en las mismas condiciones que, según se dice, existen en la Capital Federal. Le cabe la responsabilidad al Juzgado de investigar. Y a la organización boliviana de la Villa 15 la de seguir denunciando la explotación de sus compatriotas...esclavizados por buscar trabajo.


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