Cumbre Social en Bolivia
Multitudinario e histórico cierre de los pueblos latinoamericanos
Sábado 9 de diciembre de 2006, por Mariano Vazquez *

Por Mariano Vázquez, enviado especial. El estadio Félix Carriles de Cochabamba fue una fiesta. 40 mil personas dieron vida y color a un verdadero encuentro de integración entre la Cumbre Social de los Pueblos y la II Cumbre Sudamericana de Presidentes. El mandatario boliviano Evo Morales Ayma cerró el acto con un discurso duro en el que reafirmó el rumbo político de ese país y fustigó los embates desestabilizadores de los grupos oligárquicos; además se dirigieron a la multitud el jefe de Estado de Venezuela, Hugo Chávez, el electo presidente de Nicaragua Daniel Ortega, y el vicepresidente de la Argentina, Daniel Scioli.

Cuando aún faltaban cuatro horas para la llegada de los mandatarios al estadio, previsto para las 16 (17, hora argentina), el Félix Carriles estaba colmado y en los alrededores miles de personas pugnaban por ingresar. Entre las predominantes banderas de Bolivia y de los pueblos originarios (la w’ipala), se veían banderas de los países latinoamericanos y de los movimientos sociales, que generaban un abanico multicolor que se recortaba sobre las montañas que rodean a la ciudad de Cochabamba. Un centenar de dirigentes y militantes de la Central de los Trabajadores de la Argentina (CTA) dijeron presentes. Los chalecos y estandartes flamearon sin descanso durante las seis horas que duró el evento.

Desde el mediodía, grupos musicales y de danza andinos animaron este gran festival cultural, denominado Taipy Jenecherú. El baile emblemático del Carnaval de Oruro, La Diablada, que es una caracterización en la que se representa la lucha entre el bien y el mal, fue uno de los momentos más intensos y aplaudidos; participaron también los artistas Juan Enrique Jurado, Orlando Pozo, el argentino Piero; los grupos Kalamarka, Arahui, Rakaipampa; y de danzas folclóricas de las universidades San Simón y Católica, más las bandas de música del ejército, policía y la alcaldía cochabambina.

El cierre de la Cumbre Social por la Integración de los Pueblos, que comenzó el 6 de diciembre, derivó en un espacio de reencuentro y empatía entre los pueblos y algunos presidentes sudamericanos. En ese marco, la dirigente del movimiento indígena del Ecuador, Blanca Chancoso, les entregó a los presidentes las conclusiones de la Cumbre Social.

La apertura de los discursos fue a las 15.30, cuando Isaac Avalos, presidente del Confederación Sindical Única de Trabajadores Campesinos de Bolivia (CSUTCB). Luego, Chancoso, se dirigió a los mandatarios y a los movimientos sociales en quechua y en español. Dijo que “hoy nuevos tiempos soplan para que los pueblos que desde hace 514 años tenemos negada la palabra”; contó que en el encuentro “nos hemos reunido 4.400 delegados internacionales, de todos los países de América y delegaciones europeas y por eso hoy les entregamos a los presidentes las conclusiones de la Cumbre Social”.

Y pegue Evo, pegue

El cierre del encuentro cultural fue del presidente Morales, quien criticó con dureza a los sectores opositores de la derecha y la oligarquía que pretendieron desestabilizar la Cumbre presidencial y la social: “Hay familias que no quieren perder sus privilegios y por ello se juntaron para propiciar con el pretexto de los 2/3 el fracaso de la Cumbre Social y la Sudamericana de Naciones, pero derrotamos a ese enemigo”, denunció y agregó que fue “gracias a los movimientos sociales, no sólo de Bolivia sino de todos los países que llegaron a Cochabamba los que garantizaron el éxito” de ambos encuentros continentales.

También saludó al pueblo boliviano y a los movimientos sociales de ese país que “están organizados para defender a esta revolución democrática y cultural”.

Morales, se mostró orgulloso de que una de las resoluciones de la Cumbre Sudamericana de presidentes haya sido que “Cochabamba sea la sede del Parlamento Sudamericano y esto se lo quiero agradecer al compañero Lula (Luiz Inacio Da Silva, presidente del Brasil) quien hizo esta gran propuesta y a los presidentes que lo aprobaron por unanimidad”; por eso, pidió el mandatario de Bolivia “que el prefecto, las autoridades departamentales y municipales consigan 10 hectáreas de terreno para la construcción de la infraestructura” de la mencionada sede.

Por su parte, el presidente venezolano Hugo Chávez, reiteró su incondicional apoyo a Morales y a Bolivia. Recordó los golpes contra su gobierno en el 2001 y dijo al respecto que “Venezuela no se va a quedar cruzada de brazos si esto pasa aquí”. Y dirigiéndose a los militares bolivianos les manifestó “como soldado bolivariano” que sepan que las armas nunca se alzan contra el pueblo: “es al pueblo al que debe defender”, bramó.

“Bolivia, como dijo Bolívar, es un mar desenfrenado de patria, es un mar desenfrenado de libertad, y por eso merece mejor suerte”, consideró Chávez.

Un pueblo y su líder

“Eeeeevo, Eeeeeevo”, así vivan a su presidente las mujeres y hombres de esta patria. Las palabras de sus discursos fueron varias veces interrumpidas por las ovaciones de la multitud y por los sonidos de las quenas y otros instrumentos de viento. Lo llaman por su nombre, también le dicen “hermano”. Es uno de ellos.

Erwin es taxista, tiene cuatro hijos (“tres varoncitos y una mujercita”), y vino a escuchar “al hermano Evo” volvió hace un año de Barcelona a donde fue a probar suerte. “No me fue muy bien y ahora hay esperanza”, dice. “Ya hay cambios, mi hijita recibió el Bono Pinto, es la primera vez que pasa algo así, antes nunca nos habían dado nada”. Este bono se implementó luego de los primeros beneficios que ingresaron a las arcas del Estado luego de la nacionalización de los hidrocarburos y buscan garantizar la escolaridad de los niños.

“Evo también comenzó haciendo las cosas bien, él dijo que los funcionarios cobraban demasiado y se bajó el sueldo a más de la mitad, cobra unos 12.000 bolivianos (unos 4.000 pesos), pero ahora los que antes no les importaba Bolivia dicen que Evo es dictador”, refexiona Erwin.

En la tribuna que está a la izquierda del escenario, hay un grupo de 20 mineros, llevan sus cascos y trajes, todos mascan hoja de coca, al igual que un pueblo que lo hace desde tiempos inmemoriales. Llegaron desde Mizque, una ciudad del departamento de Cochabamba. Tardaron ocho horas y vienen a escuchar a su presidente. Hablan poco, sólo uno de ellos se anima a decir unas pocos palabras “con Evo es distinto, pensamos que vamos a salir, que vamos a estar mejor, lo acompañamos y lo apoyamos”.

Patricio es integrante del grupo de danza Tinkus San Simón, están eufóricos corriendo por el césped del Félix Carriles, que hace una semana vivió una fiesta también cuando el equipo de la ciudad, el Wilsterman se consagró después de cinco años campeón del torneo local, juegan con los cascos al fútbol luego de haber hecho su número.

Dice que está contento “de ver tanta gente de todo el mundo que nos vienen a apoyar, es buena esta hermandad, esta comunicación”; sobre la situación en el país Patricio comenta que “Evo está tratando de hacer las cosas como Bolivia quiere”.

Neila tiene 25 años y es una convencida de que Bolivia “por fin encontró su rumbo” a pesar de que “la derecha se haga ahora la que piensa en el país, a ellos nunca les importó ni la pobreza ni el hambre, sólo quieren su plata, ahora se dicen bolivianos, son falsos”.

Ayer también hubo fiesta

En el colegio Instituto Americano se vivió ayer la última jornada de la Cumbre Social. Las instalaciones se vieron desbordadas. Unas 4.000 personas participaron de esta última jornada que culminó con la asamblea para definir los puntos que se le iban a presentar a los mandatarios, con la visita sorpresiva del electo presidente del Ecuador, Rafael Correa, y en el escenario del coliseo con los tambores de la saya afro boliviana de los Yungas de La Paz.

Las delegaciones reafirmaron su compromiso por una verdadera integración de los pueblos, la lucha contra el modelo neoliberal y las políticas intervencionistas de los Estados Unidos. También hubo llamados a defender al gobierno de Morales ante los embates de la oligarquía.

“Para vivir bien sin neoliberalismo”, fue el título con el que presentaron las conclusiones. Luego se leyeron las síntesis de las trece mesas de trabajo. Un país sin tratados de la muerte, como se llamó a los tratados de libre comercio que los Estados Unidos intentan imponer en la región para dividir a los pueblos, que los pueblos indígenas y originarios decidan el curso de su desarrollo, que los pueblos decidan sobre sus recursos estratégicos, son algunas de las propuesta.

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