
El FRENAPO fue una iniciativa política muy alta, porque mientras la Argentina se debatía en permanentes políticas de ajuste nosotros planteamos una propuesta para terminar con la pobreza.
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![]() * Integrante de la conducción de la CTA y diputado nacional. |
No estaba instalado el tema distributivo y la universalidad.
Y lo hicimos con un instrumento que pudiera estar al alcance de todos y demostrar que la asignación para los pibes, el Seguro de Empleo y Formación y la asignación para los jubilados sin cobertura, tenían posibilidad de realizarse. O sea, ser parte de la estrategia política y, sobre todo, que eso nos devuelva organización popular.
Creo que lo que más nos dio esta construcción fue esa fuerza que la militancia pudo defender en el barrio, las escuelas, los hospitales y los propios trabajadores estatales. Una propuesta política que intervenía en el debate desde la visión del pueblo, porque las ideas dominantes en ése momento tenían que ver con el ajuste, el achicamiento del gasto público, la caída salarial, la restricción del consumo, y avanzar en recortes presupuestario de áreas como la salud, la educación y al sistema previsional, sumado a la represión como forma de ilegitimar las cuestiones sociales.
Creo que frente a eso el FRENAPO fue un acierto muy importante y que tuvimos la sabiduría de visibilizar esa propuesta, ya no para que esté en el imaginario de la sociedad, sino en oposición concreta a las otras lógicas que se imponían. Además, la construcción de esa unidad popular tuvo una alta aceptación por su carácter no partidario, por su mirada no sectorial, sino que fue una cosa amplia que nos permitió interrelacionarnos con sectores económicos, pequeños empresarios, los sectores del campo y con sectores políticos progresistas. Ahí estuvieron no sólo los líderes más importantes de esa etapa política del momento, sino que intervinieron también algunos gobiernos provinciales y municipales, como el de la provincia de Santa Cruz.
Creo que fue una experiencia de ofensiva de la Central. Fue una ofensiva de unidad popular muy alta, de instrumentos muy precisos, que pudimos mostrar y que también nos sirvió para organizar más fuerzas.
Nosotros en la CTA tenemos una mirada plebiscitaria del debate de ideas y de la construcción política. De hecho en nuestra Central se eligen los representantes por el voto directo, o sea que el tema de las elecciones y la democracia son valores muy instalados en el conjunto de la militancia de la Central.
Creo que es un piso, un hito fundante de nuestra construcción. Y que también hubo un avance de la democracia porque nosotros llegamos en un punto alto de recuperación de la iniciativa política y de ver en la democracia y la participación popular un objetivo para dar legitimidad a las propuestas.
Para mí, el FRENAPO se instaló en un escenario de confrontación política, porque nosotros dijimos distribución de la riqueza, mientras otros decían “ajuste o dolarización de la economía o devaluación de la moneda”.
Y es importante decir también que quien garantizó la elección fue la CTA, que está presente en 500 de las 700 ciudades que concentran el 80% de la población de nuestro país. Y además, no sólo tiene una organización territorial, sino que su práctica sindical y militante le permite tener un paisano en cada pueblo. Y esto es un valor enorme a cualquier propuesta que intente nacionalizarse y discutir el proyecto nacional.
Creo que la elección del FRENAPO coronó todo un proceso de acumulación y construcción popular. Todos fuimos efectores de una misma política. Creo que elegimos una iniciativa, priorizamos los recursos de prensa, económicos, de organización y, sobre todo, el recurso humano, que es lo que más tiene la CTA, lo que mejor se ha consolidado.
Nosotros hicimos lo que pudimos hasta la elección, hasta esa noche que festejamos más de 3 millones de votos y que demostramos una iniciativa fuerte del campo popular. Que nuestro esfuerzo militante y nuestra representación dio hasta ahí. Nosotros ya no intervenimos después, porque quisimos hacerlo de manera institucional, o sea, decirle a los que eran representantes partidarios que estaban ahí, que tenían representación en el Congreso, que fueran los diputados los que tomaran el gobierno, que convocaran a los sectores populares y al movimiento sindical, y que hagamos una unidad con ese piso de 3 millones de votos.
En definitiva, ofrecer una salida institucional que combine el avanzar en la democratización pero resolver el tema de la distribución de la riqueza.
Nosotros habíamos hecho el máximo esfuerzo que nos dio con la elección y mostrar que había otra salida diferente. Pero después, la discusión ya estaba en otro lado, con otros representantes y otros poderes reales. Y se impusieron ellos. Pero creo que el FRENAPO siguió potenciando la movilización y la organización popular y seguimos en la resistencia. Tampoco hubo una conducción colectiva conciente y organizada, que planificara esa unidad y que la proyectara nacionalmente hacia otras salidas. Pero no nos dio, no teníamos ese poder y nadie tampoco nos reconocía la conducción de ese proceso. Por eso creo que el FRENAPO fue un salto de conciencia y unidad popular que sigue vigente.
Dimos un salto en cuanto a conciencia porque todo el mundo empezó a reconocer que la desocupación era funcional al modelo y que había en marcha un modelo de muerte, saqueo y vaciamiento de las empresas y que la mayoría de la dirigencia política, sindical, intelectual, económica y comunicacional era cómplice de todo ese armado.
Y por abajo, en la resistencia y la construcción de fuerza y unidad, se fue dando un lugar lo nuevo. Lo nuevo era el FRENAPO. Fue un proceso de acumulación, de crecimiento, unidad, conciencia y protagonismo del pueblo, donde nosotros éramos una partecita.
A cinco años, creo que la experiencia no se puede repetir de la misma manera. Pero sí que tenemos un mandato. Creo que se ha nacionalizado el aporte y hemos tomado la consigna de “ningún trabajador por debajo de la línea de pobreza”. Ningún hogar pobre en la Argentina es una ofensiva, nos da un norte y nos permite explicar cómo y para qué y en qué perspectiva lo vamos a hacer. Hoy le dio discurso, práctica y consenso a la población.
Plantear hoy la distribución de la riqueza nacional en este país supone ubicar de nuevo no sólo el discurso sino un análisis profundo de los actores económicos, políticos, sindicales, de gobierno, culturales, de los medios de comunicación, que intervienen cotidianamente en la construcción de la fuerza, la conciencia del pueblo, la resistencia y la ofensiva. Por eso no sólo está el mandato, sino que venimos ganando reivindicaciones concretas.
Creo que hay que avanzar en profundizar que el eje es la creación de trabajo como la salida a mejor distribución que le da la dignidad al grueso de la población. Creo que cada puesto de trabajo que creamos es el punto de esa resistencia, aún con sueldo mal pago y precario.
Y hoy, este Estado no es el mismo. Este Estado no es corrupto ni garantiza los negocios de los grupos. Trata de mejorar la calidad de la población e interviene en áreas fundamentales. Creo que hay que rediscutir, redefinir, profundizar ese rol del Estado. Y creo que, así como hay un mandato de terminar con la desocupación, de ir a políticas de distribución, hoy estamos en mejores condiciones, a mi juicio, para avanzar en un programa que acelere ese proceso, porque no sólo tenemos legitimidad, sino también más legalidad. No sólo en Argentina, sino en América Latina.
Porque si no, no nos estaríamos acordando del FRENAPO. No nos estaríamos acordando de esa cosa tan linda, y de la que nadie habla ni reivindica.
Ahora tenemos que discutir cuál es la experiencia de unidad popular desde la ofensiva, con el mismo mandato de distribución, democracia y soberanía. Por eso hacemos la CTA y defendemos el nuevo modelo sindical en el país y la necesidad que los trabajadores tengan políticas distributivas, de salario, asignaciones universales, el tema previsional, y de la salud. Que discutamos el modelo de país y sociedad.
Y debemos analizar hasta qué punto el campo popular ha acumulado poder para avanzar en este proceso de transformación. No tengo dudas que hoy estamos en mejores condiciones, que el FRENAPO es un punto de referencia ineludible, pero que no alcanza.
Y lo central es construir una política, desde la CTA y los otros actores, de alianzas que ponga enfrente de ese proceso al gobierno de Estados Unidos, al sistema capitalista, a políticas guerreristas, a la derecha económica y política, y también sindical y de iglesia. Con una decisión clara: hay que convocar al pueblo.
Los que queremos construir la nueva sociedad necesitamos volver a reflotar, no sólo la idea o el programa, sino esa construcción de políticas de fuerzas que vayan impulsándolo en todo el territorio nacional.
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