Partícipes, organizados y sensibles a la realidad
Jueves 21 de diciembre de 2006

El FRENAPO fue para mí una experiencia maravillosa porque pudimos, entre todos, crear una conciencia nacional sobre la problemática social y buscar una vía de solución posible.


La propuesta hizo que realmente nos sintiéramos convocados, partícipes, organizados y sensibles a la realidad del país. Por eso pudimos llegar a los tres millones de votos.

En particular, creo que la participación de las iglesias en la convocatoria se dio porque lo que estaba en juego, el objetivo de la consulta, era la búsqueda de la dignidad en respuestas concretas. La pobreza extrema fue el motivo fulminante, había que salir de eso para volver a levantarse y salir a flote.

Creo que todos nos enganchamos con esto de luchar para que no haya ningún pobre en la Argentina con el único interés de crecer como personas con dignidad y tener un país distinto, con un proyecto donde todos tenemos cabida y donde la inclusión sea algo posible.

Por eso sabía que iba a tener éxito. No sé si esperaba esos números, pero sabía que era un éxito porque donde hablábamos teníamos apoyo. Quizá algunos se preguntaban si iba a ser posible, pero no cuestionaban el proyecto sino la posibilidad de concretarlo.

Finalmente, la realidad política, después del 19 y 20 de diciembre y de las muertes, nos dispersó a todos. Por eso ahora tenemos que empezar a sumar con la pluralidad. Construir un movimiento de participación, en el pluralismo y la diversidad, con los principios del FRENAPO.

Yo creo que la participación es como un medicamento que hay que tomar. Porque sirve para la organización, el compromiso y el cambio de mentalidad. Si algo convence como objetivo y se tiene sensibilidad social, apasiona el compromiso. Si el compromiso es apasionado, uno se juega por los objetivos.

Por eso, para mí el FRENAPO nació de una mentalidad que se hizo primero compromiso, pasión, evangelización, y más tarde estructura. Hoy, a cinco años de la experiencia, creo que el FRENAPO sigue vigente como conciencia. Es un valor evangélico en la vida social.

Y estuve en el FRENAPO porque estoy convencida que todos tenemos que hacer un poco, que la torta tiene que estar bien repartida. Que el trabajo por la dignidad tiene una secuencia. Y aquel que lo descubrió como objetivo, en un movimiento, en un partido, o en un rol determinado, no puede abandonar eso. Porque se trata de un valor social que significa el bien común para todos.

Por eso no podemos permitirnos el lujo de decir que esto fue sólo en un momento. La lucha contra la pobreza sigue estando presente en la conciencia de aquel que cree que el bien general está por sobre el bien particular. Y no solamente lo creo, sino que trabajo mucho y trato de dignificar esta idea.

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