Retomar la iniciativa
Viernes 22 de diciembre de 2006, por Claudio Lozano *

Entre el 99 y el 2000 la Central definió que el tema de la desocupación y la pobreza eran prioritarios para el conjunto de la clase trabajadora.



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Diputado Nacional e integrante de la conducción de la CTA.

En ese proceso, en 2001, logramos sintetizar la idea en una consigna. “Ningún hogar pobre en la Argentina”.Y logramos darle forma a una propuesta que la sociedad se apropió produciendo uno de los hechos políticos más importantes con la participación de más de tres millones de personas.

Nuestra preocupación principal era cómo encontrar un mecanismo de convocatoria en donde pudiéramos hacer que el pueblo se hiciera cargo de la propuesta. Por eso fuimos a discutir con la gente. La marcha de las siete columnas se llevó adelante en un contexto de año electoral, en donde no íbamos a proponer un candidato sino que se comprometieran con la propuesta y que armáramos urnas y mesas para que la propuesta fuera votada, más allá de quien ganara las elecciones.

Una propuesta imbatible

La consulta popular era una herramienta que nos permitía involucrar a la gente, para que intervenga, participe. Nosotros trabajamos con idea rectora de que la construcción de una experiencia política supone poner en debate qué tipo de sociedad hay que construir. Y por ello era importante debatir con el conjunto una propuesta.

Lo que queríamos era darle forma a la idea de plebiscitar una propuesta. Entonces definimos que teníamos que gestar condiciones desde nuestras organizaciones para garantizarla.

Nunca hicimos tanta formación, tanta docencia, tanta discusión como en ese marco. La campaña del FRENAPO fue brutal en términos de vínculo con la sociedad. Pudimos instalar una consigna y esa consigna tuvo carácter masivo. Era una propuesta imbatible, nadie podía discutirla. La presentamos al gobierno, la demostramos, pusimos los números, el financiamiento. En realidad, no nos privamos de nada en términos de construcción política.

En la marcha de las siete columnas fuimos a trabajar una consigna de carácter masivo y mecanismos de construcción que invirtieran la práctica habitual. En lugar de que vinieran a escucharnos fuimos nosotros a buscar a la sociedad para contarles cuál era la idea que impulsábamos. A mí me tocó trabajar todo el NOA. La experiencia de discutir en esas zonas donde los niveles de clientelismo, de feudalismo, de dependencia respecto a los gobiernos, poder debatir autonomía fue impresionante. Lugares en los que no se mueve nada, marchar por las calles planteando esto fue muy fuerte.

El FRENAPO fue pensar una propuesta no en abstracto, sino que lo hicimos inscriptos en lo que era el desarrollo que planteaba una organización popular y que había instalado la cuestión de la desocupación como su núcleo central buscando resolver la crisis en la que estaba involucrada la Argentina.

Con la experiencia de organizar la consulta de garantizar las mesas, el debate en la calle habíamos roto el molde de las experiencias anteriores. No esperábamos 3 millones. Con un millón de militantes estábamos contentísimos.

La consulta fue un éxito porque además del trabajo que nosotros hicimos, que fue mucho, se dio en un contexto de fractura de los intereses dominantes. En donde el poder no estaba homogéneo, en donde había diferencias respecto de cómo reorganizar la Argentina y en donde la aparición de nuestra propuesta hizo que sectores que formaban parte del establishment dominante vieran con interés que la propuesta caminara. Todo eso jugó como fisuras al interior del sistema político abriéndole una puerta de legalidad que de otro modo no hubiera tenido.

El estallido de la crisis y nuestros límites

El FRENAPO fue la última experiencia popular organizada de la década de los 90. El 19 y 20 fue la sumatoria de múltiples factores políticos, sociales y culturales pero no hubo una estrategia de las organizaciones populares para voltear al gobierno de De la Rúa.

Nos tomó a todos de sorpresa. Una crisis brutal que nosotros no habíamos buscado y donde la capacidad de poder intervenir para canalizar el cuestionamiento era muy complejo.

El FRENAPO exhibe entonces el límite de la experiencia de la construcción política desde los sectores populares durante los 90. Nosotros decimos que lo que se materializa en 2001 es la capacidad de la sociedad de cuestionar y la manifestación expresa de la ausencia de una fuerza política en capacidad de intervenir.

En el mismo momento en donde hacemos público el resultado de la consulta tomamos la tarea de transformar esos votos que recibimos en un mandato para instalarlo a nivel de las instituciones. Era un proceso que iba a llevar tiempo y la crisis nos demanda una respuesta en 48 horas. Ese proceso de trabajo que hubiera implicado poner en debate con todo el FRENAPO hacer explícita una construcción política común, desde el mandato de la elección buscando mecanismos democráticos, todo eso fue interferido, obturado por el proceso de crisis que se dio.
Ahí no tuvimos capacidad de respuesta. Pudimos cubrir a los compañeros, poner en marcha estrategias jurídicas. Pero no pudimos transformar ese cuadro social de movilización y cuestionamiento en una estrategia de avance. No teníamos ni la experiencia política construida, ni las definiciones tomadas, ni las organizaciones en capacidad de hacer eso. Una sensación de impotencia se apoderó de nosotros. En 48 horas, tanto por la represión como por la inmediata convocatoria a elecciones, el tablero político se nos replanteó de una manera absoluta y nos dejó sin capacidad de intervenir.

Sin embargo a principios de 2002 volvimos a tomar la iniciativa. Con la consigna de “piquete y cacerola, la lucha es una sola”, se volvió a gestar un proceso de confluencia que vuelve a poner en cuestión la experiencia del duhaldismo que termina con los asesinatos de Kosteki y Santillán y con la convocatoria a elecciones.

Es hora de discutir el poder

Luego de cinco años y frente a los diferentes reacomodamientos que hemos visto, es necesario explicitar cuál es la estrategia de poder que promovemos en Argentina los sectores populares, esta es la pregunta que está en la base del límite del FRENAPO. En tanto no se pueda explicitar con claridad va a ser difícil producir un salto en términos de reconstrucción de la iniciativa política de la experiencia popular. Eso que no estaba discutido al interior del frente, sigue pendiente en el debate.

Durante estos años se colocó en el centro del debate el alineamiento entre oficialistas y opositores. Esto le ha quitado capacidad a las organizaciones populares de recuperar iniciativa política, embretados en esa discusión. Hemos perdido la oportunidad de debatir con la sociedad que es lo que teníamos que construir para profundizar este rumbo. Si la argentina abrió un tiempo político nuevo donde la sociedad clausuró la experiencia neoliberal y abrió condiciones para discutir una argentina diferente, la dicotomía no nos permitió discutir en profundidad.

Yo creo que hay oportunidad porque la sociedad sigue pensando los cambios. Y porque los sectores económicos dominantes tienen condiciones de debilidad política como nunca tuvo. Es necesario definir el tema de ir a fondo y discutir cómo se explicita una nueva experiencia política en Argentina. Ese debate hay que abrirlo con toda la fuerza y con toda la profundidad de la que dispongamos.

Tendríamos que recuperar el mandato y ponerle proa a esta discusión. Poco a poco se abren condiciones. Se abre el debate al interior de las organizaciones populares y entonces podemos comenzar a discutir de vuelta. Se van abriendo espacios a partir de los límites.

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