
La información es oficial, la brindó el INDEC: en los primeros nueve meses del año las filiales locales de empresas extranjeras enviaron utilidades al exterior por 4.121 millones de dólares, esto es, 1.256 millones de dólares más que los remesados a sus casas matrices en todo el 2005.
Son cifras altísimas y todo un índice de cómo crecen las ganancias del poder económico concentrado, en su inmensa mayoría extranjero.
Muestran, a la vez, que el crecimiento del PBI en alrededor del 9 por ciento por cuarto año consecutivo, solo llega en cuentagotas al grueso de la población porque casi todo queda en el rubro “utilidades” de las empresas que dominan segmentos fundamentales de la economía. Eso por un lado, y por el otro agranda también las arcas del Banco Central a través del crecimiento de las exportaciones.
Porque en realidad las mayores ganancias del poder concentrado se da con las exportaciones ya que existe un mercado interno mayoritariamente empobrecido y que brinda al inversor extranjero mano de obra barata. Por eso Argentina exporta el 65 por ciento de lo que produce, especialmente alimentos, mientras tiene una masa millonaria de pobres, marginados y desnutridos consecuencia de una trágica desigualdad distributiva.
Es verdad que el crecimiento significativo de las exportaciones permite al Estado recaudaciones récords por retenciones. Pero eso no se está derramando en el pago de la “deuda interna” que se tiene con el pueblo. Por el contrario, una parte importante de lo ingresado al Banco Central ha sido también remesado al exterior: en estos nueve meses en los cuales las multinacionales instaladas en Argentina enviaron a sus casas matrices más de 4.000 millones de dólares, el Banco Central destinaba al FMI, Banco Mundial, BID y otros organismos de crédito por pagos de una ilegítima deuda externa la friolera de 11.590 millones de dólares. A estos millones habría que sumarles muchos más por los pagos de subsidios estatales a grandes empresas o por exenciones impositivas que obtienen las inversiones de las multinacionales.
La soja es el cultivo que domina el segmento de las exportaciones. Pero como lo señaló la Federación Agraria Argentina, viene bien recordar quiénes son los que se están quedando con el grueso de la renta de la exportación de este cultivo. De hecho, el 50 por ciento del volumen total de exportaciones es facturado por las 20 compañías líderes del país, de las cuales nueve son firmas agroindustriales y casi todas foráneas. En ese ranking aparecen los nombres de varios gigantes multinacionales que venden buena parte de la producción agropecuaria nacional fronteras afuera, como Cargill, Bunge, AGD, Dreyfus, Molinos, Vicentín, Nidera, ADM y Toepfer.
Al mismo tiempo, es cada vez mayor la presencia de grupos financieros en la producción agropecuaria a través de los fideicomisos, un negocio que también está encabezado por un segmento poderoso de firmas que lideran por sobre el resto y distorsionan las expectativas del mercado. Se conoce -dice la FAA- que existen más de cuarenta fideicomisos registrados en la AFIP. Entre ellos figuran el de “Los Grobo” (que han arrasado miles de hectáreas de bosque para el monocultivo de soja), el de “Nidera” (norteamericana) o el del grupo terrateniente “Cazenave y Asociados”, que concentran más de 30 mil hectáreas cada uno en la zona núcleo.
Digamos, a manera de síntesis, que las extraordinarias utilidades que se giran al exterior indican varias cosas, por ejemplo, que son las consecuencias de la persistencia de las concepciones neoliberales por lo que se mantiene la feroz desigualdad en la distribución de las riquezas; que esas utilidades son producto del arrasamiento de bosques, del deterioro del medio ambiente y de la explotación de nuestros recursos naturales; que son el resultado de una política por la cual no se recupera para la Nación el manejo de los segmentos claves de la economía; que las multinacionales amasan fortunas mientras millones de trabajadores -que son los verdaderos productores de la riqueza- cobran miserias en negro y que los salarios en blanco no crecen al ritmo del aumento del PBI.
Esas utilidades remesadas significan entonces para las multinacionales la culminación exitosa de otro año de saqueo, y para el pueblo, otro año de injusticia social.
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